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 Fall-Winter Noviembre 2013
  Contemporary art & theory journal

Capitalismo Gore: El viento deviene en sangre.
Daniela Gil

Eduardo Galeano ya dijo alguna vez que el mundo está patas pa’ arriba y acertó en semejante afirmación.

En el caso del presente análisis,  partiremos de subvertir la premisa Marxista sobre la modernidad:



 “Todo lo sólido se desvanece en el aire”
=
“Todo lo sólido se edifica sobre sangre”


Esta reflexión parte de los conceptos abordados por la doctora en filosofía, teoría y crítica feminista Sayak Valencia, en su libro Capitalismo Gore. En dicho análisis, se aborda el fenómeno de la violencia contemporánea desde una perspectiva económica, política e ideológica que encuentra su origen en las múltiples mutaciones  que  expresa el sistema neoliberal, mismo que en la actualidad ya no puede disociarse de una realidad globalizada y perfilada hacia la crisis en todos sus niveles;  esta condición deviene en la integración de prácticas desprovistas de toda consideración ética que surgen ya sea por necesidad de ser partícipes del sistema o bien por la despiadada aseguración de su perpetuidad en manos de las clases dominantes.

En nuestra época la promesa positivista del liberalismo económico ha devenido en un voraz fenómeno que ya no se circunscribe únicamente a la noción de mercado que imperaba en su definición, si no que se extiende a todos los niveles de nuestra relación con la realidad, ya sea como consumidores o productores, sistemas locales o globales, masas o sujetos. Ya no existe una diferenciación entre ser humano y mercancía, aunque esta condición estaba perfilada desde el surgimiento del mercantilismo, hoy su expresión se revela en un cuerpo multiforme, descarado, monstruoso; una voracidad sin precedentes que se apropia de todos los componentes de la realidad, material o inmaterial, objetiva o subjetiva: No hay manera de escapar, hoy nuestra realidad es Gore.

La violencia en una enorme gama de manifestaciones ha tomado un protagonismo fundamental en el capitalismo contemporáneo. El texto de Sayak Valencia encara el origen de este fenómeno en sus síntomas históricos y aborda su expresión en diversos sistemas, legales e ilegales, que participan del Capitalismo Gore a través de una nueva significación de la violencia como herramienta comercializable que participa de forma integrada e incluso legítima en la lógica neoliberal, maximizando la generación de riqueza al más bajo de los costos. Los mercados del crimen organizado hoy se presentan como medios de activación económica abiertos a toda clase social y generan una alternativa para las masas vulneradas por la naturaleza excluyente del capitalismo contemporáneo. 


Endraigos: El origen del Gore.

Según Chomsky, la crisis fundamental hoy día,  es la del déficit democrático, esa brecha que existe entre los intereses de las grandes mayorías y las políticas gubernamentales. Para él, la raíz común de las crisis de hoy es el giro hacia el neoliberalismo que se da en los años setenta. Eso marcó el fin del crecimiento sostenido de la era de posguerra: La edad de oro del capitalismo, con su estado benefactor y sus incrementos en niveles de ingreso y derechos.  Ahora, con la crisis actual que afecta a los ricos, se adopta la misma estrategia de siempre: la población paga los costos y asume el riesgo, mientras las ganancias son privatizadas.

La época postfordista generó una significación distópica del trabajo y los medios de producción frente a la creciente precarización laboral, poniendo al descubierto la dimensión descontrolada y contradictoria de este sistema a través de polarizaciones económicas, identidades hiperconsumistas y sobre todo, una fragmentación del capitalismo entre primer y tercer mundo, ubicando en el primer mundo a una masa cada ves mas reducida que goza por completo del consumo y en contraparte, un tercer mundo deseante, excluido e instrumentalizado que deviene en una otredad insignificante y en consecuencia interpreta el capitalismo a través de sus propios medios. Es aquí donde Sayak Valencia ubica el surgimiento del capitalismo Gore y los sujetos endraigos, entendidos como subjetividades radicales que reconfiguran su papel dentro del capitalismo a través de acciones distópicas como el crimen organizado en una búsqueda por exorcizar la imagen victimaria que su condición les confiere.  De esta manera, el endraigo combina en un cuerpo la lógica de la carencia, el exceso, la frustración y la heroificación; su cotidiano yuxtapone una proliferación de mercancías inaccesibles a él con un creciente número de necesidades y la falta de recursos básicos. Asi que su estrategia de integración al consumo parte de una pulsión de odio y frustración que le introduce a un mercado alternativo fundado en la violencia como un medio rentable de producción, al costo mínimo, que representa una salida ante las exigencias de un entorno socio económico hostil.

Los orígenes de estos sujetos y el capitalismo gore,  también se ubican en el desplazamiento de la gobernabilidad que la globalización trajo consigo a partir de la caída del comunismo: La desregularización del mercado laboral y la desterritorialización. La globalización y el neoliberalismo generaron una política interestatal mundial que marcó el paso de los estados-nación a los mercados-nación, resultando en el estallido del estado como entidad política y mutando del nacionalismo a un discurso consumista global en donde la identidad se define a través del Status Quo impreso en bienes materiales e inmateriales. En tercer mundo esta condición deviene en un estado alterno, hiperconsumista y violento.

Dimensiones instrumentales del cuerpo en el Capitalismo Gore:

El necroempoderamiento constituye un concepto muy importante en este análisis y se gesta en una nueva interpretación del cuerpo en el sistema capitalista, desde su instrumentalización política a través de la economía de guerra hasta dimensiones supuestamente ilegítimas pero completamente asimiladas por el sistema, como la narcopolítica y el mercado negro, que implementan las necro-prácticas como fuente de enriquecimiento y posicionamiento político, un ejemplo es el tráfico de órganos, otro es la semiótica de la violencia,  que usa el cuerpo como forma de comunicación, empoderamiento y demarcación territorial entre las distintas esferas del crimen organizado y resulta doblemente rentable gracias a la espectacularización de la violencia que es para los medios informativos una gran oferta de consumo y al mismo tiempo otorga al crimen organizado publicidad y legitimación gratuitas que ellos mismos estimulan a través del exhibicionismo público de la muerte. Me parece quizás coherente agregar a esta categoría mediática el necro-uso legal que se obtiene del cuerpo a través de ideologías que orillan al sujeto a realizar actos suicidas en defensa de principios políticos o religiosos que finalmente funcionan en la lógica del necroempoderamiento, como es el caso de los kamikaze, el terrorista o la explotación de las víctimas en conflictos armados y atentados; estos sujetos son instrumentalizados primero desde condicionamientos ideológicos que devienen en herramientas mediáticas de producción simbólica, manipulando ideologías a partir de intereses políticos que también se capitalizan a través de la figura del mártir.

En el Capitalismo Gore el cuerpo es mercancía y se aprovecha vivo o muerto; junto a las necro-prácticas se encuentra una amplia gama de expresiones donde el cuerpo constituye una estrategia de acumulación y abarca terrenos que oscilan entre la ilegalidad y la tolerancia, como es el caso de la prostitución, el cruce ilegal de fronteras ó el tráfico de drogas, que tiene un marco “ilegal” que funciona simbióticamente con los gobiernos. El tráfico de sustancias ilegales prolifera a nivel nacional e internacional y sostiene un importante porcentaje del PIB de México y el mundo entero. A esta imprescindible participación se le suma su marco legal, representado por la industria farmacéutica que convierte algo tan básico como la salud en uno de los negocios mas rentables y despiadados del mundo, dado su carácter privado e inaccesible para los estratos sociales mas bajos. Con respecto a esta categoría, Sayak Valencia cita a Beatriz Preciado para integrar a la lógica Gore el concepto Farmacopornografía, alusivo al cambio somático que el capitalismo genera en el sujeto a través de un desplazamiento que nos aleja del humanismo para colocarnos en un hedonismo neoliberal; un ejemplo sería el deseo generado por el consumo de idealizaciones corporales en los medios de comunicación (esteroides, productos para adelgazar). De esta forma, el capitalismo Gore concibe al cuerpo como mercancía no solo desde su necro-práctica, sino como un dispositivo deseante que necesita estimulación constante (consumo de drogas) o que está perpetuamente enfermo (medicamentos). El funcionamiento lógico que la farmacopornografía genera en el sujeto nos lleva a otro concepto importante para el capitalismo Gore: El biomercado. Este concepto alude a una reconfiguración de los planteamientos fundamentales del sujeto, integrando las lógicas de consumo a las necesidades corporales.

Según Sayak valencia, los sujetos endriagos son también una cristalización de las exigencias de la masculinidad hegemónica, resultando en un problema geopolítico de género, raza y clase social. El Capitalismo Gore como resultado de la globalización nos muestra las distopías del sistema económico, en contra parte, el transfeminismo nos muestra sujetos que basan su condición existencial en la reinvención de sus construcciones identitarias, a través de la crítica y las desinscripciones a las construcciones binarias del género se pueden crear disidencias que permitan transformar la distopía Gore de manera micropolítica. Sayak Valencia propone la creación de una cartografía filosófico-transfeminista para reflexionar y enunciar el fenómeno del Capitalismo Gore, para entender la voracidad de este sistema y sus subjetividades. En consecuencia señala que es necesario trazar resistencias no distópicas a partir de sujetos que no se identifiquen con la violencia, ni como víctimas ni como ejecutores de ella.