Eduardo
Galeano ya dijo alguna vez que el mundo está patas pa’ arriba y acertó
en semejante afirmación.
En el caso del presente análisis,
partiremos de subvertir la premisa Marxista sobre la modernidad:
“Todo lo sólido se desvanece en el aire”
=
“Todo lo sólido se edifica sobre sangre”
Esta reflexión parte de los conceptos abordados por la doctora en
filosofía, teoría y crítica feminista Sayak Valencia, en su libro
Capitalismo Gore. En dicho análisis, se aborda el fenómeno de la
violencia contemporánea desde una perspectiva económica, política e
ideológica que encuentra su origen en las múltiples mutaciones
que expresa el sistema neoliberal, mismo que en la actualidad ya
no puede disociarse de una realidad globalizada y perfilada hacia la
crisis en todos sus niveles; esta condición deviene en la
integración de prácticas desprovistas de toda consideración ética que
surgen ya sea por necesidad de ser partícipes del sistema o bien por la
despiadada aseguración de su perpetuidad en manos de las clases
dominantes.
En nuestra época la promesa positivista del liberalismo económico ha
devenido en un voraz fenómeno que ya no se circunscribe únicamente a la
noción de mercado que imperaba en su definición, si no que se extiende
a todos los niveles de nuestra relación con la realidad, ya sea como
consumidores o productores, sistemas locales o globales, masas o
sujetos. Ya no existe una diferenciación entre ser humano y mercancía,
aunque esta condición estaba perfilada desde el surgimiento del
mercantilismo, hoy su expresión se revela en un cuerpo multiforme,
descarado, monstruoso; una voracidad sin precedentes que se apropia de
todos los componentes de la realidad, material o inmaterial, objetiva o
subjetiva: No hay manera de escapar, hoy nuestra realidad es Gore.
La violencia en una enorme gama de manifestaciones ha tomado un
protagonismo fundamental en el capitalismo contemporáneo. El texto de
Sayak Valencia encara el origen de este fenómeno en sus síntomas
históricos y aborda su expresión en diversos sistemas, legales e
ilegales, que participan del Capitalismo Gore a través de una nueva
significación de la violencia como herramienta comercializable que
participa de forma integrada e incluso legítima en la lógica
neoliberal, maximizando la generación de riqueza al más bajo de los
costos. Los mercados del crimen organizado hoy se presentan como medios
de activación económica abiertos a toda clase social y generan una
alternativa para las masas vulneradas por la naturaleza excluyente del
capitalismo contemporáneo.
Endraigos: El origen del Gore.
Según Chomsky, la crisis fundamental hoy día, es la del déficit
democrático, esa brecha que existe entre los intereses de las grandes
mayorías y las políticas gubernamentales. Para él, la raíz común de las
crisis de hoy es el giro hacia el neoliberalismo que se da en los años
setenta. Eso marcó el fin del crecimiento sostenido de la era de
posguerra: La edad de oro del capitalismo, con su estado benefactor y
sus incrementos en niveles de ingreso y derechos. Ahora, con la
crisis actual que afecta a los ricos, se adopta la misma estrategia de
siempre: la población paga los costos y asume el riesgo, mientras las
ganancias son privatizadas.
La época postfordista generó una significación distópica del trabajo y
los medios de producción frente a la creciente precarización laboral,
poniendo al descubierto la dimensión descontrolada y contradictoria de
este sistema a través de polarizaciones económicas, identidades
hiperconsumistas y sobre todo, una fragmentación del capitalismo entre
primer y tercer mundo, ubicando en el primer mundo a una masa cada ves
mas reducida que goza por completo del consumo y en contraparte, un
tercer mundo deseante, excluido e instrumentalizado que deviene en una
otredad insignificante y en consecuencia interpreta el capitalismo a
través de sus propios medios. Es aquí donde Sayak Valencia ubica el
surgimiento del capitalismo Gore y los sujetos endraigos, entendidos
como subjetividades radicales que reconfiguran su papel dentro del
capitalismo a través de acciones distópicas como el crimen organizado
en una búsqueda por exorcizar la imagen victimaria que su condición les
confiere. De esta manera, el endraigo combina en un cuerpo la
lógica de la carencia, el exceso, la frustración y la heroificación; su
cotidiano yuxtapone una proliferación de mercancías inaccesibles a él
con un creciente número de necesidades y la falta de recursos básicos.
Asi que su estrategia de integración al consumo parte de una pulsión de
odio y frustración que le introduce a un mercado alternativo fundado en
la violencia como un medio rentable de producción, al costo mínimo, que
representa una salida ante las exigencias de un entorno socio económico
hostil.
Los orígenes de estos sujetos y el capitalismo gore, también se
ubican en el desplazamiento de la gobernabilidad que la globalización
trajo consigo a partir de la caída del comunismo: La desregularización
del mercado laboral y la desterritorialización. La globalización y el
neoliberalismo generaron una política interestatal mundial que marcó el
paso de los estados-nación a los mercados-nación, resultando en el
estallido del estado como entidad política y mutando del nacionalismo a
un discurso consumista global en donde la identidad se define a través
del Status Quo impreso en bienes materiales e inmateriales. En tercer
mundo esta condición deviene en un estado alterno, hiperconsumista y
violento.
Dimensiones instrumentales del cuerpo en el Capitalismo Gore:
El necroempoderamiento constituye un concepto muy importante en este
análisis y se gesta en una nueva interpretación del cuerpo en el
sistema capitalista, desde su instrumentalización política a través de
la economía de guerra hasta dimensiones supuestamente ilegítimas pero
completamente asimiladas por el sistema, como la narcopolítica y el
mercado negro, que implementan las necro-prácticas como fuente de
enriquecimiento y posicionamiento político, un ejemplo es el tráfico de
órganos, otro es la semiótica de la violencia, que usa el cuerpo
como forma de comunicación, empoderamiento y demarcación territorial
entre las distintas esferas del crimen organizado y resulta doblemente
rentable gracias a la espectacularización de la violencia que es para
los medios informativos una gran oferta de consumo y al mismo tiempo
otorga al crimen organizado publicidad y legitimación gratuitas que
ellos mismos estimulan a través del exhibicionismo público de la
muerte. Me parece quizás coherente agregar a esta categoría mediática
el necro-uso legal que se obtiene del cuerpo a través de ideologías que
orillan al sujeto a realizar actos suicidas en defensa de principios
políticos o religiosos que finalmente funcionan en la lógica del
necroempoderamiento, como es el caso de los kamikaze, el terrorista o
la explotación de las víctimas en conflictos armados y atentados; estos
sujetos son instrumentalizados primero desde condicionamientos
ideológicos que devienen en herramientas mediáticas de producción
simbólica, manipulando ideologías a partir de intereses políticos que
también se capitalizan a través de la figura del mártir.
En el Capitalismo Gore el cuerpo es mercancía y se aprovecha vivo o
muerto; junto a las necro-prácticas se encuentra una amplia gama de
expresiones donde el cuerpo constituye una estrategia de acumulación y
abarca terrenos que oscilan entre la ilegalidad y la tolerancia, como
es el caso de la prostitución, el cruce ilegal de fronteras ó el
tráfico de drogas, que tiene un marco “ilegal” que funciona
simbióticamente con los gobiernos. El tráfico de sustancias ilegales
prolifera a nivel nacional e internacional y sostiene un importante
porcentaje del PIB de México y el mundo entero. A esta imprescindible
participación se le suma su marco legal, representado por la industria
farmacéutica que convierte algo tan básico como la salud en uno de los
negocios mas rentables y despiadados del mundo, dado su carácter
privado e inaccesible para los estratos sociales mas bajos. Con
respecto a esta categoría, Sayak Valencia cita a Beatriz Preciado para
integrar a la lógica Gore el concepto Farmacopornografía, alusivo al
cambio somático que el capitalismo genera en el sujeto a través de un
desplazamiento que nos aleja del humanismo para colocarnos en un
hedonismo neoliberal; un ejemplo sería el deseo generado por el consumo
de idealizaciones corporales en los medios de comunicación (esteroides,
productos para adelgazar). De esta forma, el capitalismo Gore concibe
al cuerpo como mercancía no solo desde su necro-práctica, sino como un
dispositivo deseante que necesita estimulación constante (consumo de
drogas) o que está perpetuamente enfermo (medicamentos). El
funcionamiento lógico que la farmacopornografía genera en el sujeto nos
lleva a otro concepto importante para el capitalismo Gore: El
biomercado. Este concepto alude a una reconfiguración de los
planteamientos fundamentales del sujeto, integrando las lógicas de
consumo a las necesidades corporales.
Según Sayak valencia, los sujetos endriagos son también una
cristalización de las exigencias de la masculinidad hegemónica,
resultando en un problema geopolítico de género, raza y clase social.
El Capitalismo Gore como resultado de la globalización nos muestra las
distopías del sistema económico, en contra parte, el transfeminismo nos
muestra sujetos que basan su condición existencial en la reinvención de
sus construcciones identitarias, a través de la crítica y las
desinscripciones a las construcciones binarias del género se pueden
crear disidencias que permitan transformar la distopía Gore de manera
micropolítica. Sayak Valencia propone la creación de una cartografía
filosófico-transfeminista para reflexionar y enunciar el fenómeno del
Capitalismo Gore, para entender la voracidad de este sistema y sus
subjetividades. En consecuencia señala que es necesario trazar
resistencias no distópicas a partir de sujetos que no se identifiquen
con la violencia, ni como víctimas ni como ejecutores de ella.
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