Beth Tundi
No
todos los casos en los que el diseño y la arquitectura se utilizan como
recurso artístico son afortunados. Para comprobarlo tenemos el
incidente Dreamspace de Maurice Agis. Durante los 60‘s, desilusionado
de los museos y galerías, Agis comenzó sus proyectos interactivos. En
el 66, junto con Peter Jones creó Spaceplace, el primero de muchos
espacios abstractos transitables. Veinte años después, una de sus obras
inflables se desató a causa del viento y voló libremente sin dejar
heridos. Irónicamente, veinte años más tarde, (y a cuarenta años de
Spaceplace), su obra inflable Dreamspace V, voló por el Riverside Park
al ser desamarrada por el viento. Dreamspace V hirió a 13 personas y
fue la obra de arte que Claire Furmedge y Elizabeth Colling visitaron
antes de morir. Cuatro meses después (noviembre del 2006) Agis fue
arrestado y liberado bajo fianza. En febrero del 2008 fue acusado de
homicidio doble y doloso, por negligencia; once meses después fue
llevado a juicio; y nueve meses más tarde se murió.
Existe una explicación coherente para la presencia de la arquitectura y
el diseño en el arte del siglo 21 que va más allá de un simple
capricho. A diferencia del arte utilitario diseñado en Weimar y Dessau,
piezas como Dreamspace V comparten inquietudes con el arte de cuerpo y
performance desarrollado durante los 60’s y 70’s. Vito Aconcci
compartía una idea importante con Maurice Agis: los museos y galerías
jamás serían espacios públicos, por lo que se debía encontrar la manera
de llegar a un espacio que si lo fuera.
Aunque durante los 70’s la obra de Aconcci existía aún bajo el contexto
artístico, su búsqueda a tientas de un camino en la arquitectura ya
había comenzado. La creencia de que el arte necesitaba un espacio
público tenía su origen en disciplinas que ya tenían que ver con éste,
como por ejemplo la arquitectura, la arquitectura de paisaje y el
diseño industrial. El querer usuarios, participantes, o habitantes, en
lugar de espectadores, implicaba en ese entonces alejarse del arte.
Para el arte, sin importar la disciplina, la convención era siempre: el
espectador está aquí, y el arte está ahí. Surgieron entonces artistas
como Tania Bruguera, Rirkrit Tiravanija y Laura Anderson Barbata.
Durante mucho tiempo, le fue imposible al mundo del arte contemporáneo
encontrar en artistas como ellos, dónde estaba la obra de arte y quién
era el artista.
El arte presente en museos y galerías, hace que el espectador esté
siempre en una posición de deseo y frustración. Los letreros de "no
tocar" existen por una razón: el arte vale más que quien lo mira. Esta
es una posición inmoral. Entendemos la arquitectura caminando a través
y estando en medio de ella. Situarse enfrente a contemplarla no
funciona. Lo mismo ocurre con el diseño. El público desaparece ya que
al utilizar un diseño se fusiona con uno mismo. Si una persona se
sienta en un columpio, ¿qué consecuencias causa en el espacio? El
cuerpo es la causa de la arquitectura y el diseño, y esto nos conduce a
un punto interesante: ¿puede la acción de una persona construir un
dispositivo o un espacio?
El factor principal que diferencia al diseño y la arquitectura del arte
contemporáneo, es que por naturaleza, la concepción de los primeros
lleva implícita la eventual necesidad de una renovación o un cambio.
Por otro lado, las obras de arte se suelen concebir de manera
inmutable. La manera más sensata de crear, es a sabiendas de que con el
tiempo, inevitablemente nuestra creación necesitará un cambio. Es
imposible comprometerse de por vida con lo mismo. Sólo dejando entrar
lo que existe al exterior de nuestra obra, es que podemos revisar y
llevar al siguiente nivel nuestro compromiso como artistas.
Es verdad que en el arte contemporáneo uno puede hacer lo que quiera.
Pero también es cierto que fuera del mundo del arte, a nadie le importa
lo que los artistas contemporáneos hagan. En cambio, el diseño y la
arquitectura si le importan a las personas. Un puente con escaleras mal
diseñadas afecta la vida y tránsito de sus usuarios, y todos los que lo
crucen lo van a maldecir. El arte contemporáneo está tan comodo y
seguro de sí mismo que siente que no necesita otras posibilidades. Por
lo mismo, el arte del siglo 21 debe de traer con urgencia a su interior
esas otras posibilidades. De este modo, es posible que dejemos de ser
sólo un eco dentro de un espacio reducido.
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