Entre más pasan los años,
puedo ver como este país se parece menos y menos al país que le
prometieron a mi generación mientras crecíamos con el TLC. Es muy
injusto que con las reformas los políticos ganen a lo bestia y nosotros
perdamos a lo bestia. No dejo de pensar en toda la razón que tenía el
EZLN al protestar contra el TLC. No queda duda de que la elite de
nuestro país está conformada, con sus contadas excepciones, por tacaños
y avaros, que buscando a sus semejantes en otras naciones, han
destruído economías enteras.
Las elites extranjeras han creado huecos para la clase obrera de su
país, desapareciendo núcleos industriales y reubicándolos en países
subdesarrollados o tercermundistas. Ahí destruyen la economía local y
el medio ambiente. Los únicos que ganan son ellos. La gente que acepta
las normas no obtiene recompensa alguna, mientras que los que hacen
trampa son quienes salen beneficiados, sin importar el daño que causen.
En cuanto a Mexico, una de mis mayores preocupaciones tiene su origen
en la indignación de los maestros. Si ellos ya están hartos y tienen
ganas de desquiciar la ciudad, ¿cómo van a reaccionar con el tiempo sus
alumnos, llenos de furia y desilusión? Si no hacemos algo, ¿qué va a
pasar cuando los alumnos se rebelen? Si ni desquiciando la ciudad el
gobierno escucha su voz, quedan pocas alternativas por tomar.
Sin embargo una de las preguntas ineludibles es si tras la Reforma
Energética enfrentaremos una nueva versión del error de diciembre y
estaremos de vuelta al México devaluado de 1994. La realidad es que los
únicos yacimientos de petróleo que Pemex no puede explotar son los que
están localizados en aguas profundas. Pero ese no es el punto, sino
enriquecerse a lo bruto y devastar el norte del país, de la misma
manera en que han devastado todo el sur estadounidense a causa del
shale gas. El problema de la extracción del petróleo a manos de
inversión privada, vendrá cuando México no pueda pagar el precio que
las empresas privadas quieren. Es evidente que ni los inversionistas
extranjeros, ni los políticos, no nos van a querer vender sus
productos al precio que podemos pagarlos y no vendérselos a alguien
más. Quizá México ya importe la
gran mayoría de sus derivados de petróleo, pero al menos la ganancia se
queda, en un pequeño porcentaje, para sostener al país. Esto ya no será
así al ser privatizada la industria energética (sin tomar en cuenta el
impacto ambiental que tendrá). Y ¿qué pasará cuando se agoten nuestros
pozos y el dinero producido esté varado en las cuentas bancarias de los
políticos? Estamos presenciando un acto de avaricia, la avaricia más
descarada que hemos visto en mucho tiempo.
No creo ser el único que piense que no le hemos confiado la
administración de nuestros recursos y sistemas públicos a los políticos
para que tengan sueldos enormes y sobresueldos aún más desmesurados.
Estoy seguro que muchos nos oponemos a que usen la infraestructura del
país para sumirnos en deudas y pobreza, dejándonos nada más que
malestar.
No queda duda alguna. Somos el resultado de siglos de haber hecho las
cosas mal. Por eso es importante dejarle ver al gobierno que la
población que vive fuera de su pequeño círculo, no está conformada por
un montón de vagos y mediocres, que desaprovecharon oportunidades y por
lo mismo, se merecen estar en el peldaño más bajo de la pirámide
social. Somos personas, no fantasmas laborales. Muchos de nosotros
también creemos en el capitalismo, pero no en uno de tipo Maoista. Aquí
si tienes menos pagas más, y entre más se tenga, más posibilidades
tiene uno de pagar menos o evadir los impuestos.
La realidad actual muestra como los abusos del poder se propagan por la
poblacion causando destrucciónes épicas. La cuestión es cómo podemos
lograr que los más afortunados tomen conciencia de su situación y
circunstancias y tratar de que tomen un mejor rumbo. Sólo siendo buenos
vecinos, aliados y ciudadanos, que no se roben los unos a los otros la
comida de la boca, es que podremos tener un futuro. Ya fue suficiente
de
ser irresponsables y ampararnos bajo frases como “el capitalismo es
así” o “el mercado es así”. Hay que despertar de una buena vez.
El problema es la avaricia. Necesitamos dejar de vivir a expensas de
inflingir daño a los otros y de condenar poblaciones enteras a una vida
tóxica. En 1979 el pozo Ixtoc I en Campeche, causó uno de los derrames
más grandes de petroleo en la historia de la humanidad; en 1984 se dio
el accidente con isocianato de metilo en Bhopal y la explosión de Gas
Licuado de Petróleo en San Juanico, dos de los desastres industriales
más grandes de la humanidad; en el 86 Chernobyl; en el 2009 la muerte masiva de
peces en Dunkard Creek, Virginia; en 2010 el derrame de BP en
el Golfo de México; y en 2011 Fukushima, planta nuclear que al día de
hoy, continuá liberando agua contaminada con radiación. ¿Por cuánto
tiempo más vamos a creer que el uso de este tipo de energías nos va a
dar un beneficio a largo plazo? ¿Qué pasará dentro de 6 años? ¿Nos
sentaremos a llorar contemplando el norte del país destruído, o
estaremos orgullosos de haber echado para atrás los planes de
destrucción y envenenamiento que tienen la clase política y la
inversión privada para nuestro país?
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