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 Fall-Winter enero 2014
  Contemporary art & theory journal

El problema es la avaricia.
Alonso Cedillo Mata

Entre más pasan los años, puedo ver como este país se parece menos y menos al país que le prometieron a mi generación mientras crecíamos con el TLC. Es muy injusto que con las reformas los políticos ganen a lo bestia y nosotros perdamos a lo bestia. No dejo de pensar en toda la razón que tenía el EZLN al protestar contra el TLC. No queda duda de que la elite de nuestro país está conformada, con sus contadas excepciones, por tacaños y avaros, que buscando a sus semejantes en otras naciones, han destruído economías enteras.

Las elites extranjeras han creado huecos para la clase obrera de su país, desapareciendo núcleos industriales y reubicándolos en países subdesarrollados o tercermundistas. Ahí destruyen la economía local y el medio ambiente. Los únicos que ganan son ellos. La gente que acepta las normas no obtiene recompensa alguna, mientras que los que hacen trampa son quienes salen beneficiados, sin importar el daño que causen.

En cuanto a Mexico, una de mis mayores preocupaciones tiene su origen en la indignación de los maestros. Si ellos ya están hartos y tienen ganas de desquiciar la ciudad, ¿cómo van a reaccionar con el tiempo sus alumnos, llenos de furia y desilusión? Si no hacemos algo, ¿qué va a pasar cuando los alumnos se rebelen? Si ni desquiciando la ciudad el gobierno escucha su voz, quedan pocas alternativas por tomar.

Sin embargo una de las preguntas ineludibles es si tras la Reforma Energética enfrentaremos una nueva versión del error de diciembre y estaremos de vuelta al México devaluado de 1994. La realidad es que los únicos yacimientos de petróleo que Pemex no puede explotar son los que están localizados en aguas profundas. Pero ese no es el punto, sino enriquecerse a lo bruto y devastar el norte del país, de la misma manera en que han devastado todo el sur estadounidense a causa del shale gas. El problema de la extracción del petróleo a manos de inversión privada, vendrá cuando México no pueda pagar el precio que las empresas privadas quieren. Es evidente que ni los inversionistas extranjeros, ni los políticos, no nos van a querer vender sus productos al precio que podemos pagarlos y no vendérselos a alguien más. Quizá México ya importe la gran mayoría de sus derivados de petróleo, pero al menos la ganancia se queda, en un pequeño porcentaje, para sostener al país. Esto ya no será así al ser privatizada la industria energética (sin tomar en cuenta el impacto ambiental que tendrá). Y ¿qué pasará cuando se agoten nuestros pozos y el dinero producido esté varado en las cuentas bancarias de los políticos? Estamos presenciando un acto de avaricia, la avaricia más descarada que hemos visto en mucho tiempo. 

No creo ser el único que piense que no le hemos confiado la administración de nuestros recursos y sistemas públicos a los políticos para que tengan sueldos enormes y sobresueldos aún más desmesurados. Estoy seguro que muchos nos oponemos a que usen la infraestructura del país para sumirnos en deudas y pobreza, dejándonos nada más que malestar.

No queda duda alguna. Somos el resultado de siglos de haber hecho las cosas mal. Por eso es importante dejarle ver al gobierno que la población que vive fuera de su pequeño círculo, no está conformada por un montón de vagos y mediocres, que desaprovecharon oportunidades y por lo mismo, se merecen estar en el peldaño más bajo de la pirámide social. Somos personas, no fantasmas laborales. Muchos de nosotros también creemos en el capitalismo, pero no en uno de tipo Maoista. Aquí si tienes menos pagas más, y entre más se tenga, más posibilidades tiene uno de pagar menos o evadir los impuestos.

La realidad actual muestra como los abusos del poder se propagan por la poblacion causando destrucciónes épicas. La cuestión es cómo podemos lograr que los más afortunados tomen conciencia de su situación y circunstancias y tratar de que tomen un mejor rumbo. Sólo siendo buenos vecinos, aliados y ciudadanos, que no se roben los unos a los otros la comida de la boca, es que podremos tener un futuro. Ya fue suficiente de ser irresponsables y ampararnos bajo frases como “el capitalismo es así” o “el mercado es así”. Hay que despertar de una buena vez.

El problema es la avaricia. Necesitamos dejar de vivir a expensas de inflingir daño a los otros y de condenar poblaciones enteras a una vida tóxica. En 1979 el pozo Ixtoc I en Campeche, causó uno de los derrames más grandes de petroleo en la historia de la humanidad; en 1984 se dio el accidente con isocianato de metilo en Bhopal y la explosión de Gas Licuado de Petróleo en San Juanico, dos de los desastres industriales más grandes de la humanidad; en el 86 Chernobyl;
en el 2009 la muerte masiva de peces en Dunkard Creek, Virginia; en 2010 el derrame de BP en el Golfo de México; y en 2011 Fukushima, planta nuclear que al día de hoy, continuá liberando agua contaminada con radiación. ¿Por cuánto tiempo más vamos a creer que el uso de este tipo de energías nos va a dar un beneficio a largo plazo? ¿Qué pasará dentro de 6 años? ¿Nos sentaremos a llorar contemplando el norte del país destruído, o estaremos orgullosos de haber echado para atrás los planes de destrucción y envenenamiento que tienen la clase política y la inversión privada para nuestro país?




















Sobrevivientes quemados y aturdidos se sientan en las banquetas de San Juanico
tras las explosiónes.






Derrame en el Golfo de Campeche del pozo Ixtoc I en 1979.