4.003 La mayor parte de las
proposiciones e interrogantes que se han escrito sobre cuestiones
filosóficas no son falsas, sino absurdas. De ahí que no podamos dar
respuesta en absoluto a interrogantes de este tipo, sino sólo constatar
su condición de absurdos...
Ludwig Josef Johann Wittgenstein
Tractatus logico-philosophicus
La cuestión más frecuentemente visitada al hablar sobre arte pertenece,
en mi opinión, a esta clase de cuestiones filosóficas absurdas, o más
acertadamente dicho: sinsentidos (unsinnig). Es una que no puede ser
respondida, como bien dice Wittgy <3, sino de la que solo es posible
decir que carece de sentido. El riesgo es enorme: páginas, horas,
esfuerzo, saliva y borracheras han sido desperdiciadas en esta, la
discusión más estúpida de todas. Es difícil escribir en torno a esta
cuestión sin caer una vez más en su agujero negro. ¿Por qué creo que es
un sin sentido? En primer lugar, creo que la pregunta, ya sabemos cuál
es, evidencia una falla primordial en la limítrofe lógica humana: la
idea de que los opuestos puedan existir.
Creo que esta idea presupone otras ideas que merecerían ser analizadas
detenidamente. Entre ellas, la idea de que los absolutos existan. Si no
existen los absolutos, no puede haber una relación de opuestos entre
dos cosas. Aparte, da por sentada la existencia de los conceptos, es
decir las ideas abstractas: todas esas idioteces que acostumbraban
escribirse con mayúscula (la Belleza, la Verdad, la Justicia, la
Bondad, la Sirena, etc.). El pensamiento dicotómico es en mi opinión
una de las mayores demostraciones de la estupidez humana, más aún por
cuan ineludible resulta.
Toda guerra en el fondo es justificada por este mismo mecanismo. En el
caso del arte, la estupidez va tan lejos que crea un concepto negativo,
llamado ‘no-arte’. Este mismo proceso es seguido en cualquier rama de
la actividad humana donde exista una jerarquización. De ahí los
incontables conceptos negativos fabricados cada que alguien reacciona
con un “¡Esto no es _________________!” ante algo que de algún modo
amenaza su mapita mental para comprender el mundo. El fracaso de la
idea de la posibilidad o existencia misma de la objetividad, esos
absolutos de los que hablé anteriormente (que aún persiste en una gran
mayoría de la raza humana) ha dejado una gran incertidumbre sobre los
parámetros a seguir para establecer el orden en la jerarquía. La
reacción, el recurso desesperado por ejercer el poder es este, el
delimitar, definir, establecer diferencias.
Cada que la cuestión surgiera, preguntaría más bien cuál es el punto de
intentar, en vano (dado que la pregunta mal planteada, absurda, no
puede tener respuesta) responderla. Mejor dicho: ¿Quién pregunta, por
qué lo hace, con qué fin y qué busca con ello?
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