Desde hace bastante tiempo me pregunto porque se ha acrecentado el
número de artistas que trabajan con microprocesadores como lo es
Arduino o bien 555, mientras que muy pocos se centran en las
posibilidades del software. Amy Alexander, pionera en el software art y
life coding ha hablado en varias ocasiones sobre cómo el software se ha
vuelto parte de nuestra cultura. Un ejemplo claro de esto es Photoshop.
Hace 17 años las personas que sabían utilizar este programa eran muy
pocas. Con el paso del tiempo, y en parte mucho gracias al
esparcimiento de su uso a través tutoriales, el Photoshop se ha vuelto
un elemento clave en el desarrollo de las imágenes en internet.
Segun Alexander, todo software tiene dos niveles de existencia. Por un
lado existe como un programa ejecutable que apoya cierta actividad o
que genera una experiencia. Por el otro lado, existe en la forma de
texto, una expresión subjetiva de las ideas del escritor y el ejemplo
de la lucha de una persona para darle forma y función a una idea en un
medio o longuaje particular que es el código ejecutable. En la
literatura, el lector tiene una relación directa e inmediata con
el texto fuente de un poema o novela, proyectando una imagen mental u
experiencia mediante su comprensión del lenguaje, sus memorias y
experiencias de vida. Del otro lado existe generalmente escondido el
texto de un programa de computadora que es interpretado por el
procesador, el sistema operativo y el hardware antes de presentarse
ante su audiencia.
La realidad es que aunque el código en programas como Photoshop, Word,
y Dreamweaver es inaccesible, esto no hace que pierda relevancia. En el
caso de los código ejecutables, mucha de la actividad interpretativa
pasa a manos de la máquina y se aleja del humano.
Si entendemos que la poesía y la literatura se pueden concebir
como la lucha entre los mecanismos de un idioma en particular y
los límites del lenguaje en si, entonces el software (y el software
art) puede entenderse como la lucha de los mecanismos de un lenguaje de
computadora y los actos de cuantificar, codificar y el procesamiento
lógico. El hecho de que esto ocurra de manera invisible es justamente
lo que amplifica su importancia.
Por eso es importante reconocer que las implicaciones del software va
más allá de su presencia funcional en el mundo, ya que también
compromete un conjunto de expectativas que la cultura o los usuarios
traen a él mismo. El software juega un rol importante en la cultura que
puede definirse por el modo en que es percibido así como por lo que
realmente es.
Algo que he podido ver entre mi rebotar entre México y Estados Unidos,
es cómo a los artistas electrónicos en México lo que menos les importa
es el software, mientras que desde los 90’s, Estados Unidos ha visto el
nacimiento de muchos artistas que han abierto grandes caminos que para
muchos continúan inexplorados, y ha servido como foco de reunión para
muchos proyectos.
La realidad es que el Software art tiene la posibilidad de abrir una
puerta hacia un camino que nos permita reflexionar sobre el rol que
tiene al día de hoy el software en la cultura, así cómo cuál es la
importancia de la cultura del software. Claro que el arte que involucra
hardware también podría reflexionar sobre el rol de las máquinas en el
mundo, pero es evidente que esto no ocurre.
Quizás la preferencia sobre el arte que involucra máquinas, sensores y
demás componentes tiene que ver con que hay una relación estrecha entre
el construir máquinas y el acto escultórico, mientras que a simple
vista en el arte que involucra software no la hay.
Pero la realidad es que el acto de escribir un código es una manera
expresiva de utilizar un texto. Sería iluso pensar que ésto no está
teniendo repercusión alguna en otras formas de representación que se
basan en el texto. Virtualmente toda escritura involucra un proceso de
formulación, codificación y comprensión, así como un proceso de
interpretación implícito pero diferido. Creo que la razón por la que
considero que deberíamos prestarle más atención al software y a crear
arte con él, es que nos ofrece la oportunidad de examinar nuevas
perspectivas en nuestros conceptos de lenguaje, texto y expresión.
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