Fall-Winter diciembre
2013
Contemporary art & theory journal
Descolonización.
Alonso Cedillo Mata
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Ha habido quienes califican
nuestra petición para remover al Caballito del Centro Histórico e
instalar en en su lugar un memorial a las víctimas de la colonia, como
el resultado de resentimiento, en lugar de verlo como un gesto
solidario para comenzar a disolver el separatismo que permea nuestro
país. Es muy difícil pedirle a la clase trabajadora y los indígenas que
después de lo que han vivido no estén resentidos. Durante la fundación en
1997 del Consejo Nacional Indígena, la Comandanta Ramona declaró a
nombre de los pueblos de México, “nunca más un México sin
nosotros”.
La descolonización que proponemos no consiste en liberarnos del imperio
Español. Es liberarnos de las formas de ser que nos inculcaron, y con
las que vivimos. He ahí la fuerte razón de nuestra crítica al criollismo y
al sistema de castas que sigue igual de vigente que hace 500 años.
Desde que fuimos conquistados por los españoles se han emitido
incontables estrategias de control para mantener al pueblo mexicano
dividido, y una de ellas ha sido regirnos bajo un sistema de castas,
que promueve el eurocentrismo y un fuerte deseo por intentar llegar a
ser lo que hoy en día equivaldría a un peninsular. Ejemplo de esto es que
nuestros bancos están en manos de los españoles porque nuestros
mandatarios se los dieron, no porque España los haya reclamado.¿Y no
fue algo similar a caso lo que pasó en la intervención francesa a manos
de quienes se creían de una raza superior?
Hay quienes nos han externado que México es una nación criolla, pero
eso es lo que nos han querido inculcar y es un engaño. Somos una
nación mestiza y eso es muy distinto. Lo más triste es que al día de
hoy, no apremiamos la increíble diversidad que tiene nuestro país.
El problema es que la mayoría de quienes se consideran criollos se
sienten amparados por la clase política. Sin embargo, los recientes
cambios en nuestra estructura legislativa nos afectan a todos (excepto
a los políticos claro). Porque ahora ya estamos en un país en el que ni
siquiera dueño de una tierra se puede ser. En realidad le pagamos una
renta al gobierno a través del predial, (el cuál por si fuera poco, a
partir del 2014 será sobre el valor comercial y no sobre el valor
catastral). Así que en realidad uno sólo es dueño de los ladrillos,
porque el terreno no es de los mexicanos, es de los políticos. Pero al
final a muchos les parece mejor pretender que la realidad no les
afecta. No vayan a pensar sus amigos que son nacos. Y desde ahí nace el
separatismo que nos impide organizarnos para vivir en un país más
justo. Por otro lado hay una realidad aún más fuerte, ¿cómo no va a
estar resentido alguien del pueblo si al igual que millones de personas, gana un
salario equivalente a 8 pesos la hora?
A pesar de eso la mayoría de la gente paga sus impuestos. Quizás
deberían modificar un poco los anuncios del costo real de cada viaje en
Metro. En efecto cada uno cuesta poco más de $10.00, pero la verdad es
que el gobierno no es quien lo subsidia, sino los ciudadanos con sus
impuestos. Los políticos no ponen ni un peso para que nosotros usemos
la red de transporte público. Así que en realidad mágicamente subieron
su precio a $12.00. Si somos realistas esos dos pesos no van a
irse al transporte metropolitano. Es altamente improbable que nos
brinden un metro tan eficiente como el de NYC o Viena en lugar de
enriquecerse los bolsillos.
La realidad en México no es la criolla. Hay miles de personas que a
diferencia de nosotros nunca han podido leer un libro ni escribir sus
ideas ni pensamientos. Mucha gente está buscando su comida en la
basura. Los indígenas que llegan a las grandes metropolis lo hacen en
calidad de explotados y en estado de desnutrición. Muchos no saben
español, una lengua que ni siquiera es nativa de este territorio y bajo
la que se promulgaron las leyes que nos rigen a todos. Y la verdad es
que ellos no tienen la obligación de saber hablarlo; no es su idioma.
El gobierno es quien tiene la obligación de escuchar y entender a todos
sus ciudadanos.
Yo creo que no es demasiado tarde para que acabemos con el sistema de
castas que nos rige. Es algo que está en nuestras manos y que siempre
nos dirán que no debemos hacer. Pero si nos unimos, dejando de lado
nuestras etnias, orígenes, y nivel socioeconómico, por nuestro bien
común y futuro como nación, entonces podemos apuntar en una dirección
progresista llena de libertad. Porque al día de hoy la mayoría de la
población se discrimina entre si, y eso es lo que ha podrido a nuestro
país.
Lo que me agrada informar es que cada vez somos más. Si tocan a uno,
nos tocan a todos. Para quienes entiendan lo que escribo por favor
nunca olviden, que abajo y a la izquierda está el corazón. Y a los que
nos les gusten nuestras palabras, ni nuestras propuestas, sepan que a
nosotros no nos gusta su corrupción, ni sus guerras, ni sus reformas, ni sus anuncios, ni
la educación que nos imparten. Entiendan que ésta tambien es nuestra
ciudad, y éste también es nuestro país. Cambien y cambiaremos.
Firmar petición para remover al Caballito de Tolsá (incluye propuesta
para establecer
un memorial para
las víctimas de la conquista y la colonia).
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