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 Fall-Winter Noviembre 2013
  Contemporary art & theory journal

La lección que Norte América y Europa aún no logran aprender de la gente en Afganistán.


El dinero y los servicios bancarios comúnmente son dados por hecho en el occidente. Un ejemplo fue el cierre de la red hawala Al-Barakat en 2001, tras las sospechas de haber sido utilizada para enviar fondos para el 9/11. Lo único que consiguió el gobierno de USA fue detener el flujo de ingresos a Somalia. Todos los migrantes de dicha nación enviaban a sus familias dinero por esta red. No por ir en contra de Western Union, sino por que Western Union no llegaba a Somalia, además de que el país carecía de una infrestructura bancaria formal.

Más de la mitad de la población mundial vive sin una infraestructura bancaria confiable. Viven en lugares llenos de robos, corrupción y sobornos, con su efectivo guardado bajo su colchón. Así pueden acceder y cuidar más fácil sus ahorros. Durante muchos años, el dinero ha viajado de la misma manera en la que lo ha hecho desde hace siglos: las redes hawala o corredores informales, quienes operan bajo un estricto código de honor. Gracias a ellos existe una nueva oportunidad y necesidad de mandar dinero a los otros, y generar una nuevo modelo financiero.

Un fenómeno curioso es que la telefonía móvil se encuentra presente casi en todos lados y está mejorando la calidad y capacidad de vida de muchísimas personas.

La idea de el dinero móvil se concretó en el 2007. Con el apoyo de Vodafone y la Development aid organization del Reino Unido, la Kenyan mobile network safaricom lanzó su servicio M-pesa service. Este permite que las personas se transfieran dinero por todo Kenya con sus teléfonos móviles, y cobrando el efectivo con la extensa red de agentes M-pesa a lo largo del país. Quien envía los fondos manda un mensaje de texto, y quien los recibe va con el agente, muestra el mensaje y recibe el dinero. Para finales del 2010, M-pesa tenía más de 12 millones de suscriptores y se había transformado en una parte integral de la vida diaria en el país.

En Kenya existe M-pesa e iko pesa, easy paisa en Pakistán y Zpesa en Tanzania. Pesa en swahili; paisa en Dari, hindi y pashto; peso en español; todas las palabras anteriores tienen la misma raíz: pensare, palabra en latín para el peso. Los nombres de estos sistemas de dinero móvil son la continuación de las prácticas antiguas para determinar valores: el uso de escalas y del peso para medir materiales preciosos como lo es el oro. Un valor que no importaba si se comprendía o no porque se podía sentir su forma y peso con las manos.

Desde la llegada a Afganistán de Godfrey Vigne en 1830, hasta la ocupación soviética, el régimen taliban, y la invasión norteamericana durante los siglos 20 y 21, el pueblo afgano ha sentido con fuerza el peso de la historia. De igual manera han sentido la fragilidad de las instituciones, ya que van visto como los bancos y gobiernos han fracasado una y otra vez; y por lo mismo también lo ha hecho el papel del parentesco, tribu y ancianos en un país donde la esperanza de vida en el 2010 era de sólo 43 años.

Los obstáculos pueden ser insuperables. Hay apagones eléctricos y horarios bancarios irregulares. Los talibanes insisten en que algunas torres deben estar apagadas durante la noche. La gente retira su dinero tan pronto como se registra en una cuenta. Las personas confían en el oro y en las redes hawala que han existido por lo menos desde el momento en el que Vigne llegó al país. Es difícil que la gente sepa por qué deberían confiar en un agente.

Opuesto a la mayoría de las transferencias occidentales, cuyo fin siempre es la ambición o la inversión, a estas personas las mueve el cariño y el amor. Uno de los factores más interesantes en Afganistán es que no han desarrollado una moneda móvil per se. De cualquier manera, los teléfonos móviles juegan un rol importantísimo en el cortejo y el matrimonio por amor: El envío de tiempo aire a sus parejas como moneda alternativa provee al país con un modelo de cómo esta gente percibe el dinero móvil como un espacio desdoblado para tener diversión, libertad y esperanza.

El dinero móvil puede funcionar para movilizar los regalos, que datan de tiempos ancestrales en Afghanistan. Regalos del lenguaje, amor y la durabilidad de las relaciones sociales en una tierra que busca el balance.

Como en muchos otros países, donde hay un acceso limitado a la infraestructura de la banca formal, Afganistán, tiene muchas tiendas formales e informales de intercambio de valor que van desde billetes por tiempo aire, hasta cabras por oro.
 
La red móvil está creciendo, y con ella, el reconocimiento y la confianza en ella. de la misma manera que la telefonía móvil ha evolucionado hasta el punto de que no podemos imaginar la vida sin ella, los servicios de dinero móvil tienen una oportunidad muy real para transformar la totalidad de nuestra sociedad. Al igual que la telefonía móvil no es tanto sobre el teléfono sino de la conversación, la banca móvil no es sobre el dinero. Se trata de lo que el dinero puede significar, representar y permitir. Son el envío y la transferencia lo que importa.