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Estas
letras constituyen una reflexión quizás primaria e intuitiva, en torno
a un tema que permanece invisible, del cual apenas se nos permite
percibir un delgado velo filtrado y reestructurado de mil maneras,
abordado siempre desde los pormenores fácticos, hechos descuartizados
en ínfimas cápsulas televisivas que de pronto incluyen uno u otro dato
mas propagandístico que informativo sobre el conflicto en Medio
Oriente, hablando normalmente desde los intereses del gigante del
norte. El libro de Norman Finkelstein “La industria del holocausto” ha
logrado no solo acercarme a datos históricos invisibilizados en torno
al conflicto árabe israelí, sino que también me ha presentado apenas la
punta de un enorme iceberg ideológico contra el cual se ha impactado el
final siglo XX, dejando náufragos históricos a merced del tiempo.
La memoria colectiva es una materia sumamente moldeable, principalmente
a través del trauma o el orgullo. Según la psicología de la memoria
social, la memoria colectiva es una práctica social y política que
contribuye a la construcción de identidades sociales, las distintas
articulaciones de la memoria construyen múltiples identidades. En este
sentido cabe preguntarse por los efectos que producen las diversas
formas de recordar el pasado reciente en cualquier parte del mundo, en
el caso del libro de Finkelstein, La industria del holocausto se ubica
en las prácticas implementadas de forma híbrida entre la alta sociedad
judía Norteamericana, el estado de Israel y el propio sistema
estadounidense en materia de recuerdos y discursos articulados en
soportes mediáticos, históricos, ideológicos y políticos; esta
maquinaria tricéfala promueve el sionismo con un doble propósito, por
un lado afianza y justifica el futuro del pueblo judío en la tierra
prometida, además de dotarlos de múltiples motivos para exigir “la
reparación de los daños” y defenderse de todo aquello que sea
considerado un ataque; a su vez, la industria refuerza el poder de los
Estados Unidos en el mundo árabe por su inseparable relación con el
estado de Israel en materia de inteligencia y tecnología militar,
mientras el estado de Israel prospere, Estados Unidos mantendrá una
coordenada estratégica, por consiguiente, también defiende intereses al
impulsar esta indrustria. El secreto en la programación de esta memoria
del holocausto está en la instrumentalización constante de los
protagonistas en esta obra: El testigo, la víctima, el terrorista y el
antisemita, entre otros de menor categoría.
Mas allá de resumir los datos históricos mas relevantes contenidos en
el libro, me interesa ahondar en los factores que estimulan esta
instrumentalización de la memoria a través de la educación, los medios
de comunicación y los factores de identificación cultural y protección
identitaria que promueven algunas fracciones judías dominantes como
medio para justificar sus actos políticos y económicos, ya que cabe
resaltar que no todos los judíos adoptan la postura sionista e incluso
muchos son críticos de su propia sociedad, como es el caso de
Finkelstein, que a pesar de haber perdido a toda su famila en la Shoah,
toma una postura radical en contra del sionismo, Chomsky es otro
ejemplo. En Estados Unidos los "estudios del holocausto" proliferan en
todos los niveles y son implementados pedagógicamente desde la
formación temprana.Según estadísticas expuestas en el libro, “Es mayor
el número de Norteamericanos que identifican el Holocausto que los que
identifican Pearl Harbor o el bombardeo atómico de Japón. “Profesores
atestiguan que los alumnos sitúan perfectamente el holocausto en
comparación a la guerra civil, e incluso citan el numero de muertos.”
Conforme avanza el libro uno puede explicarse esta situación, ya que en
los estados unidos circulan como best Sellers los libros
sensacionalistas escritos a puño y letra por los testigos, siendo Elie
Wiesel la principal figura dramática con su libro “Night” que narra a
detalle el dolor inhumano del evento. Tras investigar un poco mas sobre
Wiesel, me atrevo a resaltar que no solo lo narra en su libro, sino en
los noticieros, en las marchas conmemorativas, en múltiples
documentales e incluso con Oprah mientras recorre el campo de
Auschwitz. En palabras de Finkelstein “Ellie Wiesel es el holocausto” y
en palabras de Wiesel, comparar el Holocausto con otros eventos
trágicos constituye una “traición total a la historia judía”. Incluso
reprimió a Shimon Peres por comparar Auschwitz e Hiroshima. Una de sus
lineas favoritas es: “La universalidad del holocausto está en su
singularidad”.
Esto me lleva a una anécdota reciente, sucedida hace unos días en el
Donau Festival de Kerms 2013, que coincidió irónicamente con mi
acercamiento a este tema: Fran Ilich imprimió varias postales como
parte de su proyecto Variable Network State, que se presentaría en el
festival de Krems con una misión jocosa cuyo objetivo aparente era
regresar a México el penacho de motezuma que permanece en Viena, bajo
esta misión, el proyecto buscó polemizar el tema en las redes sociales,
generar diálogo y acciones al respecto en diversas directrices y geografías,
manteniendo siempre como fundamento la recuperación del penacho. Entre
las postales que se imprimieron para promover las discusiones, había
una especialmente provocadora: La única foto que existe del penacho,
(que por cierto tiene copy right del museo), era presentada con un
texto que decía “Souvenir of the American Holocaust. México
Tenochtitlán 1519 - Vienna 2013.” Inesperadamente para Fran y su
equipo, el museo censuró por completo la acción, amenazando con
demandar al autor y el equipo recibió fuertes críticas,
incluso hubieron
personas que replicaron enfurecidas que solo existe un holocausto (Wiesel
styling). En fin, me pareció un paréntesis interesante para este texto
señalar este hecho que está definitivamente conectado con el sentido
único y universal que se le atribuye al holocausto, un sentido tan
profundamente atesorado que reacciona defensivamente ante cualquier
interferencia que desvalide su dogma. Según Jacob Nausner,
“sufrimiento único implica derecho único”. “La maldad única del
holocausto separa a los judíos de los otros y les permite reclamarse a
si mismos por encima de esos otros” Por ello es inconcebible generar
comparaciónes entre este evento y otros hechos trágicos de la historia.
La literatura del holocausto, es material de lectura obligatoria en
muchas escuelas desde la educación media, algunos ejemplos citados por
Finkelstein son: “The painted Bird” de Jerzy Kosinski, escrito en
ingles para – en palabras del autor - “liberarme de la carga
emocional que mi lengua nativa siempre contiene”. (…)“El eje del libro
son las sádicas torturas sexuales perpetradas por campesinos polacos
anti-semitas”; obra aclamada por Elie Wiesel y texto básico en high
school y college. Está también “Fragments” de Binjamin Wilkomirski, que
enmarca a “un niño solitario que sobrevive al holocausto, se vuelve
autista y termina en un orfanato para despues descubrir que es judío.
“El pequeño Benjamin está atrapado en un mundo de negadores del
holocausto que no creen en las visiones que el tuvo.” El libro se situa
despues del evento y todos los niños se revelan en contra del pobre
Benjamin: “Los campos siguen aquí, solo que escondidos y disfrazados,
estas son las mismas personas. Aún pueden matar, incluso sin uniforme.”
Estos son solo dos de los muchos ejemplos. Finkelstein menciona también
autores como Gutman y Goldhagen; todos los mencionados se validan entre
sí, todos tienen best sellers, siendo el reconocimiento de Wiesel y la
crudeza de sus narrativas el factor decisivo para su éxito. Así como en
el libro de Wilkomirski se percibe la figura del antisemitismo,
Finkelstein señala en su texto una afirmación que puede sonar
arriesgada: El antisemitismo como un factor impulsado por la misma
clase judía (en específico en la industria mediática judía
norteamericana). En palabras de Finkelstein, “La Teoría del
anti-semitismo genera una zona de comfort para el anti-semita. Esta
doctrina es la mejor coartada para todo horror(…)El aspecto mas
sorprendente del antisemtismo es que fue adoptado por un gran numero de
historiadores y aun mas por la comunidad judía.” Cynthia Chick menciona
en una publicación: “el mundo siempre ha querido eliminar a los
judíos.” Según Finkelstein “el anti-semitismo se desarrolla en un
cotexto específico con su interpelación específica de intereses” y “la
escencia iracional del anti-semitismo se infiere inductivamente desde
la escencia irracional del holocausto”. Es por ello que el discurso
antisemita se legitima a si mismo por su pasado innegable e
innentendible. Por curiosidad personal decidí buscar pruebas de dicha
explotación del antisemitismo, encontrando para mi no-sorpresa, un
puñado enorme de videos sensacionalistas en realción al tema; varios
eran noticieros, otros programas de televisión de corte
pseudo-documental al estilo History Channel, talk shows con
testimoniales, series, películas, home-videos perturbadores hechos por
jóvenes y un enorme etcétera, la mayoría con un curioso denominador
común: practicamente todos eran producciónes judías, sobre todo
norteamericanas. Así que quizás la tesis de Finkelstein no esté
equivocada. No dudo que pueda existir anti semitismo en el mundo, dudo
que este alcance las dimensiones en las que se le enmarca y por
supuesto repruebo su argumentación como justificante de los abusos del
estado de Israel. Cabe recalcar que irónicamente los palestinos son los
primeros acusados de antisemitismo en estos videos así como cualquier
componente del mundo árabe que no este deacuerdo con el expansionismo
de Israel.
Para contextualizar un poco, dedicaremos una letras a recuperar datos
básicos del libro de Norman Finkelstein para entender la evolución de
esta industria: El holocausto no era un tema a recordar en la vida
norteamericana antes de la guerra árabe-israelí en 1967 ni tampoco
durante la América de postguerra o la fundación del estado de Israel en
1948, Finkelstein plantea que “la explicación estándar se basa en el
trauma judío, el cual reprimió la memoria”, pero puntualiza mas
adelante que “La explicacion real del silencio ante el exterminio
fueron las políticas conformistas de los líderes Judeo-americanos
aunadas al clima político de la América de post guerra”. Plantea
también que el holocausto “se volvió un tema tabú por otra razón: Los
judíos norteamericanos de izquierda que estaban en desacuerdo ante la
colaboración con alemania contra la unión soviética durante la guerra
fría, no dejarían de argumentar al respecto evocando el holocausto, así
que esta evocación fue catalogada como una cuasa comunista”. Fue
solo después de la guerra de 1967, donde Israel ocupa los territorios
de la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, la península egipcia
del Sinaí y los Altos del Golán en Siria, que el holocausto comenzó a
ser recordado e instrumentalizado. En este periodo el Juicio de Adolf
Eichmann representa un parte aguas en la representación sensible del
testigo, siendo el primer momento en que se mediatizaría el testimonio
hablado desde el dolor de las víctimas y el primer juicio en donde
Israel implementaría la pena de muerte al estilo norteamericano, el
libro plantea que durante este juicio Israel capitalizó el Holocausto.
Según Finkelstein, desde 1948 hasta 1967, “solo 1 de cada 20 judíos
americanos visitaban Israel”; incluso Eisenhower, “a pesar de contar
con apoyo de la clase judía norteamericana, forzó la retirada de las
tropas israelíes del Sinaí durante la crisis de Suez en 1956”.
“Irónicamente, solo Chomsky y Hanna Ardent abordaban el tema de Israel
antes de la guerra de los seis días”. La premisa sionista que plantea
el rechazo eterno ante los judíos y su consecuente necesidad de
encontrar un hogar seguro, justificó la fundación del estado de Israel,
abriendo las puertas de una “doble lealtad institucional”. Finkelstein
plantea que “paradójicamente, la asimilación en EU se facilitó despues
de la guerra de 1967. “Los judiós ahora defendían norteamérica contra
las hordas retrógradas árabes. Así que tanto Israel como los EU se
convirtieron en puntos estratégicos para la comunidad judía.” En 1967,
tanto los lideres norteamericanos como Israel sabían que vencerían
fácilmente a los estados Árabes. “La industria del Holocausto se
expandió solo después del imponente despliegue de fuerzas dominantes
israelís”. Tras la guerra de 1973, donde Egipto y Siria intentan
recuperar sin éxito sus territorios, Estados Unidos dota de apoyo
militar masivo a israel, mientras la opinión pública nortemaericana
respalda por completo esta acción. Este es el momento en que el tema
del holocausto explota en norteamérica. “Tras la guerra de 1973 Israel
ya no estaría aislado y para aumentar su poder de negociación,
aumentaría la industria del holocausto”. (Finkelstein)
A través de esta deuda moral histórica, la comunidad judía
norteamericana iría adquiriendo, primero, igualdad política y
posteriormente igualdad económica a través de las “indemnizaciónes” en
nombre de la “restauración de los daños” que muchos países debían a la
memoria de las víctimas. Antes de 1967, se reclamaron
propiedades, escuelas, hospitales, tierras y fondos en distintas partes
de Europa de acuerdo a la ley de indemnificación a reclamos
individuales de 1952. La Conference on Jewish Material Claims Agaist
Germany (una fachada para las mas grandes organizaciones judías,
incluyendo al American Jewish Comittee, American Jewish Congress, B´nai
Brith, Joint Distribution Committee, etc…), se convierte en la figura
máxima de este ajuste de cuentas. El discurso inicial de las distintas
organizaciones judías, sustentado principalmente en la retibución a
reclamos individuales, pronto cambiaría de dirección, justificando que
los fondos de indemnizaciónes se destinarían a la rehabilitación ya no
de individuos, si no de comunidades judías; fondos que cabe racalcar,
serían dirigidos en su mayoría al fortalecimiento del estado de Israel.
La articulación de la memoria colectiva había generado buenos
resultados para este momento. En 1988, Reagan recive el premio al
humanitario del año por la cración del Simon Wiesenthal Center, una de
las mas prominentes instituciones del holocausto. Alemania devuelve en
1998 miles de propiedades y un fondo de 20 billones de dólares para
estos fines, Polonia hizo lo propio devolviendo 6, 000 propiedades
junto con varios otros países que en caso de oponer resistencia a las
exigencias de la sociedad judía, serían blancos para boicots económicos
en colaboración con los Estados Unidos, como fue el dramático caso de
Suiza y las “cuentas congeledas” de las víctimas, que en 1998 cobró un
monto de 1.25 billones de dólares tras años de hostigamiento y bloqueo
económico, demanda que sería posteriormente desmentida y reducida a un
cuarto de su valor por la rigurosa auditoría que se llevó acabo en el
caso, sin mencionar que Suiza ofreció dos ofertas sustanciosas para el
fondo antes del hostigamiento, mismas que fueron rechazadas. Hoy,
“la Asociation fo Holocaust Organizations, enlista aproximadamente 100
intituciones dedicadas al Holocausto en los E.U. (…)Hay siete museos
del holocausto en territorio estadounidense. La pieza central es el
United States Holocaust Memorial Museum en Washington”. Cuya
prescencia, según Finkelstein, “es incongruente dada la ausencia de
instituciones que conmemoren los crimenes de la historia
norteamericana”.
Entonces, con este trasfondo, regresemos a la configuración de la
psicología de la memoria social, que se subdivide en dos categoría
principales: Memoria social y memoria política. Halbwachs concibe la
memoria social como algo “no intencional” generado naturalmente por las
narrativas que circulan al sujeto que pertenece a un grupo,
diferenciándolo de la memoria histórica que si es intencional y está
escrita por el poder. Según Habermas, “Si la memoria social no se
define por el tipo de representación, sino por las interacciones que
los sujetos establecen a través de narrativas, podríamos decir lo mismo
con relación a la memoria política. La memoria es un tipo de vínculo
entre sujetos y grupos, y desde una perspectiva sociológica esa es la
dimensión realmente significativa. Por eso, si de hecho existe una
distinción entre la memoria social y la memoria política, ésta
reside en el tipo de vínculo social que ambas establecen (…)En este
sentido, si la memoria social remite a la configuración de lazos
sociales espontáneos, la memoria política remite a acciones
intencionales” y comprende contenidos simbólicos en relación al pasado
que generan identidad, demarcan la historia y testifican sobre el
futuro, la memoria política también se materializa en banderas,
monumentos, memoriales, organizaciones, documentos o cementerios.
Schindel (2009) observa que la “monumentalización” de la memoria
integra lo que Hannah Arendt denominaba “el ámbito de la acción”:
iniciativas que ponen algo en movimiento en la esfera pública y cuyos
efectos, impredecibles e irreversibles, crean las condiciones
para la historia futura (Arendt, 1997). Se trata de soportes
materiales de la memoria que remiten a luchas, conflictos y
acontecimientos de violencia política y que al distinguir los
protagonistas continúan provocando debates y discusiones. Por eso
no son lugares de unificación y de amalgama. Los nuevos lugares de la
memoria política confrontan memorias, expresan memorias en conflicto
(Vezzetti, 2001).
Bourdieu y Habermas abordan la idea de un campo de la memoria política.
Un campo, en la acepción de Bourdieu, “es un conjunto de fuerzas en
tensión constante que disputan un capital simbólico y aunque los que lo
interpretan formen parte de el, la atención principal recae en la
dinámica de las fuerzas que lo conforman como tal”, o sea, las
relaciones estructurales al interior de este. Estas dinámicas de
articulación en el campo de la memoria política están presentes en la
industria del Holocausto, son las que empoderan al titán ideológico a
través de la empatía de sus mensajes con la condición victimaria que ha
sido activada en la subjetividad y la memoria judía por medio de las
conmemoraciones, la explotación del antisemitismo (para propagar el
miedo y justificar la inmigración a Israel así como sus mecanismos de
defensa y ataque), la propaganda mediática pro-israelí, el terrorismo,
el testimonio mediatizado, la educación y la premisa fundamental
articulada actualmente: “Cuando escuchas la historia de un testigo, te
conviertes en un testigo”, slogan ampliamente promovido en la campaña
de “March of the living”, peregrinación conmemorativa de Auschwitz a
Jerusalén realizada cada año que incluye inevitablemente discursos y
testimonios de los sobrevivientes ante miles de personas en un cuadro
dramático y deprimente donde todos lloran y padecen. Cabe recalcar,
como dato curioso ante el slogan de March of the living, que según el
libro de Finkelstein, al final de la guerra, el número de
sobrevivientes del holocausto ascendía a unos 100,000. Hoy, este número
apenas puede alcanzar un cuarto de su tamaño, de ahí el énfasis en
reclutar testigos y víctimas por transferencia ideológica: La única
manera de mantener al estado de Israel es a través de la legitimación
de éste en la memoria de las próximas generaciones judías. Siguiendo el
análisis Bourdieu-Habermas sobre el campo de la memoria política se
puntualiza que, “de este campo forman parte las víctimas, los testigos,
los desaparecidos, los movimientos de derechos humanos, las comisiones
de justicia y verdad, los monumentos a las víctimas del terrorismo de
Estado, los memoriales, entre otros; lo que sugiere que está conformado
por una multiplicidad de agentes, instituciones y prácticas”. Aquí
podemos incluir a todas las organizaciones Judías, instituciones y
museos dedicados al tema del Holocausto, los mártires, las víctimas, y
las múltiples conmemoraciones. En palabras de finkelstein, “muchos
judíos que pasaron la guerra en otros lugares comenzaron a
representarse a asi mismos como sobrevivientes, fabricaron sus pasados”
para tener acceso al estatus de víctimas y los beneficios que tanto
Israel como E.U ofrecen en materia. “Los sobrevivientes hoy son
venerados como santos, uno no se atreve a cuestionarlos”. Cabe recalcar
que se ha redefinido el concepto de “sobreviviente del holocausto”
“para ampliarse no solo a aquellos que sufrieron, sino a quienes
lograron evadir a los nazis” (por ejemplo, judíos polacos que se
refugiaron en la unión sovética despues de la invasión Nazi a Polonia).
“La oficina del primer ministro de Israel hace unos años estimó la suma
de sobrevivientes del holocausto en aproximadamente un millón”, cual,
por lo explicado anteriormente, sabemos que es imposible.” El escritor
Israelí Boas Evron, comenta que “ la consciencia del holocausto
es un adoctrinamiento propagandístico, un despilfarre de slogans y una
falsa visión del mundo, el objeto real de algo que no se acerca a un
entendimiento del pasado sino a una manipulación del presente”.
Según Félix Vázquez Sixto y Juan Muñoz Justicia, en el texto “La
Memoria social como construcción colectiva”, “los grupos sociales
construyen sus propias imágenes del mundo, estableciendo una versión
tácitamente acordada del pasado. La memoria social no es inmutable,
sino un proceso de negociación constante y mediatizado entre el
individuo y el o los colectivo/s de pertenencia. Y solo puede ser
social si es capaz de transmitirse.”… “La Memoria Social, la
circulación de la memoria, y la construcción-reconstrucción de la
memoria son aspectos de vital importancia, en la medida en que ayudan a
legitimar o deslegitimar un sistema y en la medida en que esto pueda
favorecer el desorden y consecuentemente, el cambio.” Es la transmisión
y constante rearticulación de la memoria política lo que ha convertido
al Holocausto en un titán ideológico, lo que ha legitimado e
invisibilizado los abusos de Israel en los territorios ocupados. ¿Cómo
volver objetiva la memoria del pasado cuando la educación, los medios
de comunicación y la clases dominantes promueven un desbordante
discurso ideológico? ¿Qué pasaría si las múltiples universidades
estadounidenses que ofrecen posgrados en materia del Holocausto
ofrecieran también estudios sobre la carrera armamentista, el Apartheid
o la cuestión Palestina y a demás se fundaran museos y memoriales
en su nombre? Seguramente el resultado sería el mismo, bajo cualquier
discurso se manipularía la memoria colectiva a favor de algún campo
específico, pero la diferencia estaría en el equilibrio proporcional de
las vertientes.
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juicio de Adolf Eichmann
Caminantes de la Shoah
La premisa mas importante acerca del Holocausto tras el juicio de Eichmann:
"Nunca olvidar, así como nunca permitir que se repita"
Lista de YouTube.
Portal de la Claims Conference.

Crestive Zionist Coalition
Yad Vashem Solutions

Portal del World Jewish Congress

Finkelstein en la Universidad de Waterloo.
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