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Descubriendo a un titán ideológico: La memoria colectiva del Holocausto.
Reflexión que parte del libro "La Industria del Holocausto" del Dr. Norman Finkelstein.
Daniela Gil




Estas letras constituyen una reflexión quizás primaria e intuitiva, en torno a un tema que permanece invisible, del cual apenas se nos permite percibir un delgado velo filtrado y reestructurado de mil maneras, abordado siempre desde los pormenores fácticos, hechos descuartizados en ínfimas cápsulas televisivas que de pronto incluyen uno u otro dato mas propagandístico que informativo sobre el conflicto en Medio Oriente, hablando normalmente desde los intereses del gigante del norte. El libro de Norman Finkelstein “La industria del holocausto” ha logrado no solo acercarme a datos históricos invisibilizados en torno al conflicto árabe israelí, sino que también me ha presentado apenas la punta de un enorme iceberg ideológico contra el cual se ha impactado el final siglo XX, dejando náufragos históricos a merced del tiempo.

La memoria colectiva es una materia sumamente moldeable, principalmente a través del trauma o el orgullo. Según la psicología de la memoria social, la memoria colectiva es una práctica social y política que contribuye a la construcción de identidades sociales, las distintas articulaciones de la memoria construyen múltiples identidades. En este sentido cabe preguntarse por los efectos que producen las diversas formas de recordar el pasado reciente en cualquier parte del mundo, en el caso del libro de Finkelstein, La industria del holocausto se ubica en las prácticas implementadas de forma híbrida entre la alta sociedad judía Norteamericana, el estado de Israel y el propio sistema estadounidense en materia de recuerdos y discursos articulados en soportes mediáticos, históricos, ideológicos y políticos; esta maquinaria tricéfala promueve el sionismo con un doble propósito, por un lado afianza y justifica el futuro del pueblo judío en la tierra prometida, además de dotarlos de múltiples motivos para exigir “la reparación de los daños” y defenderse de todo aquello que sea considerado un ataque; a su vez, la industria refuerza el poder de los Estados Unidos en el mundo árabe por su inseparable relación con el estado de Israel en materia de inteligencia y tecnología militar, mientras el estado de Israel prospere, Estados Unidos mantendrá una coordenada estratégica, por consiguiente, también defiende intereses al impulsar esta indrustria. El secreto en la programación de esta memoria del holocausto está en la instrumentalización constante de los protagonistas en esta obra: El testigo, la víctima, el terrorista y el antisemita, entre otros de menor categoría.

Mas allá de resumir los datos históricos mas relevantes contenidos en el libro, me interesa ahondar en los factores que estimulan esta instrumentalización de la memoria a través de la educación, los medios de comunicación y los factores de identificación cultural y protección identitaria que promueven algunas fracciones judías dominantes como medio para justificar sus actos políticos y económicos, ya que cabe resaltar que no todos los judíos adoptan la postura sionista e incluso muchos son críticos de su propia sociedad, como es el caso de Finkelstein, que a pesar de haber perdido a toda su famila en la Shoah, toma una postura radical en contra del sionismo, Chomsky es otro ejemplo. En Estados Unidos los "estudios del holocausto" proliferan en todos los niveles y son implementados pedagógicamente desde la formación temprana.Según estadísticas expuestas en el libro, “Es mayor el número de Norteamericanos que identifican el Holocausto que los que identifican Pearl Harbor o el bombardeo atómico de Japón. “Profesores atestiguan que los alumnos sitúan perfectamente el holocausto en comparación a la guerra civil, e incluso citan el numero de muertos.” Conforme avanza el libro uno puede explicarse esta situación, ya que en los estados unidos circulan como best Sellers  los libros sensacionalistas escritos a puño y letra por los testigos, siendo Elie Wiesel la principal figura dramática con su libro “Night” que narra a detalle el dolor inhumano del evento. Tras investigar un poco mas sobre Wiesel, me atrevo a resaltar que no solo lo narra en su libro, sino en los noticieros, en las marchas conmemorativas, en múltiples documentales e incluso con Oprah mientras recorre el campo de Auschwitz. En palabras de Finkelstein “Ellie Wiesel es el holocausto” y en palabras de Wiesel, comparar el Holocausto con otros eventos trágicos constituye una “traición total a la historia judía”. Incluso reprimió a Shimon Peres por comparar Auschwitz e Hiroshima. Una de sus lineas favoritas es: “La universalidad del holocausto está en su singularidad”.

Esto me lleva a una anécdota reciente, sucedida hace unos días en el Donau Festival de Kerms 2013, que coincidió irónicamente con mi acercamiento a este tema: Fran Ilich imprimió varias postales como parte de su proyecto Variable Network State, que se presentaría en el festival de Krems con una misión jocosa cuyo objetivo aparente era regresar a México el penacho de motezuma que permanece en Viena, bajo esta misión, el proyecto buscó polemizar el tema en las redes sociales, generar diálogo  y acciones al respecto en diversas directrices y geografías, manteniendo siempre como fundamento la recuperación del penacho. Entre las postales que se imprimieron para promover las discusiones, había una especialmente provocadora: La única foto que existe del penacho, (que por cierto tiene copy right del museo), era presentada con un texto que decía “Souvenir of the American Holocaust. México Tenochtitlán 1519 - Vienna 2013.” Inesperadamente para Fran y su equipo, el museo censuró por completo la acción, amenazando con demandar al autor y el equipo recibió fuertes críticas, incluso hubieron personas que replicaron enfurecidas que solo existe un holocausto (Wiesel styling). En fin, me pareció un paréntesis interesante para este texto señalar este hecho que está definitivamente conectado con el sentido único y universal que se le atribuye al holocausto, un sentido tan profundamente atesorado que reacciona defensivamente ante cualquier interferencia que desvalide su dogma.  Según Jacob Nausner, “sufrimiento único implica derecho único”. “La maldad única del holocausto separa a los judíos de los otros y les permite reclamarse a si mismos por encima de esos otros” Por ello es inconcebible generar comparaciónes entre este evento y otros hechos trágicos de la historia.

La literatura del holocausto, es material de lectura obligatoria en muchas escuelas desde la educación media, algunos ejemplos citados por Finkelstein son: “The painted Bird”  de Jerzy Kosinski, escrito en ingles para – en palabras del autor -  “liberarme de la carga emocional que mi lengua nativa siempre contiene”. (…)“El eje del libro son las sádicas torturas sexuales perpetradas por campesinos polacos anti-semitas”; obra aclamada por Elie Wiesel y texto básico en high school y college. Está también “Fragments” de Binjamin Wilkomirski, que enmarca a “un niño solitario que sobrevive al holocausto, se vuelve autista y termina en un orfanato para despues descubrir que es judío. “El pequeño Benjamin está atrapado en un mundo de negadores del holocausto que no creen en las visiones que el tuvo.” El libro se situa despues del evento y todos los niños se revelan en contra del pobre Benjamin: “Los campos siguen aquí, solo que escondidos y disfrazados, estas son las mismas personas. Aún pueden matar, incluso sin uniforme.” Estos son solo dos de los muchos ejemplos. Finkelstein menciona también autores como Gutman y Goldhagen; todos los mencionados se validan entre sí, todos tienen best sellers, siendo el reconocimiento de Wiesel y la crudeza de sus narrativas el factor decisivo para su éxito. Así como en el libro de Wilkomirski se percibe la figura del antisemitismo, Finkelstein señala en su texto una afirmación que puede sonar arriesgada: El antisemitismo como un factor impulsado por la misma clase judía (en específico en la industria mediática judía norteamericana). En palabras de Finkelstein, “La Teoría del anti-semitismo genera una zona de comfort para el anti-semita. Esta doctrina es la mejor coartada para todo horror(…)El aspecto mas sorprendente del antisemtismo es que fue adoptado por un gran numero de historiadores y aun mas por la comunidad judía.” Cynthia Chick menciona en una publicación: “el mundo siempre ha querido eliminar a los judíos.” Según Finkelstein “el anti-semitismo se desarrolla en un cotexto específico con su interpelación específica de intereses” y “la escencia iracional del anti-semitismo se infiere inductivamente desde la escencia irracional del holocausto”. Es por ello que el discurso antisemita se legitima a si mismo por su pasado innegable e innentendible. Por curiosidad personal decidí buscar pruebas de dicha explotación del antisemitismo, encontrando para mi no-sorpresa, un puñado enorme de videos sensacionalistas en realción al tema; varios eran noticieros, otros programas de televisión de corte pseudo-documental al estilo History Channel, talk shows con testimoniales, series, películas, home-videos perturbadores hechos por jóvenes y un enorme etcétera, la mayoría con un curioso denominador común: practicamente todos eran producciónes judías, sobre todo norteamericanas. Así que quizás la tesis de Finkelstein no esté equivocada. No dudo que pueda existir anti semitismo en el mundo, dudo que este alcance las dimensiones en las que se le enmarca y por supuesto repruebo su argumentación como justificante de los abusos del estado de Israel. Cabe recalcar que irónicamente los palestinos son los primeros acusados de antisemitismo en estos videos así como cualquier componente del mundo árabe que no este deacuerdo con el expansionismo de Israel.

Para contextualizar un poco, dedicaremos una letras a recuperar datos básicos del libro de Norman Finkelstein para entender la evolución de esta industria: El holocausto no era un tema a recordar en la vida norteamericana antes de la guerra árabe-israelí en 1967 ni tampoco durante la América de postguerra o la fundación del estado de Israel en 1948, Finkelstein plantea que “la explicación estándar se basa en el trauma judío, el cual reprimió la memoria”, pero puntualiza mas adelante que “La explicacion real del silencio ante el exterminio fueron las políticas conformistas de los líderes Judeo-americanos aunadas al clima político de la América de post guerra”. Plantea también que el holocausto “se volvió un tema tabú por otra razón: Los judíos norteamericanos de izquierda que estaban en desacuerdo ante la colaboración con alemania contra la unión soviética durante la guerra fría, no dejarían de argumentar al respecto evocando el holocausto, así que esta evocación fue catalogada como una cuasa comunista”.  Fue solo después de la guerra de 1967, donde Israel ocupa los territorios de la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, la península egipcia del Sinaí y los Altos del Golán en Siria, que el holocausto comenzó a ser recordado e instrumentalizado. En este periodo el Juicio de Adolf Eichmann representa un parte aguas en la representación sensible del testigo, siendo el primer momento en que se mediatizaría el testimonio hablado desde el dolor de las víctimas y el primer juicio en donde Israel implementaría la pena de muerte al estilo norteamericano, el libro plantea que durante este juicio Israel capitalizó el Holocausto. Según Finkelstein, desde 1948 hasta 1967, “solo 1 de cada 20 judíos americanos visitaban Israel”; incluso Eisenhower, “a pesar de contar con apoyo de la clase judía norteamericana, forzó la retirada de las tropas israelíes del Sinaí durante la crisis de Suez en 1956”. “Irónicamente, solo Chomsky y Hanna Ardent abordaban el tema de Israel antes de la guerra de los seis días”. La premisa sionista que plantea el rechazo eterno ante los judíos y su consecuente necesidad de encontrar un hogar seguro, justificó la fundación del estado de Israel, abriendo las puertas de una “doble lealtad institucional”. Finkelstein plantea que “paradójicamente, la asimilación en EU se facilitó despues de la guerra de 1967. “Los judiós ahora defendían norteamérica contra las hordas retrógradas árabes. Así que tanto Israel como los EU se convirtieron en puntos estratégicos para la comunidad judía.” En 1967, tanto los lideres norteamericanos como Israel sabían que vencerían fácilmente a los estados Árabes. “La industria del Holocausto se expandió solo después del imponente despliegue de fuerzas dominantes israelís”. Tras la guerra de 1973, donde Egipto y Siria intentan recuperar sin éxito sus territorios, Estados Unidos dota de apoyo militar masivo a israel, mientras la opinión pública nortemaericana respalda por completo esta acción. Este es el momento en que el tema del holocausto explota en norteamérica. “Tras la guerra de 1973 Israel ya no estaría aislado y para aumentar su poder de negociación, aumentaría la industria del holocausto”. (Finkelstein)

A través de esta deuda moral histórica, la comunidad judía norteamericana iría adquiriendo, primero, igualdad política y posteriormente igualdad económica a través de las “indemnizaciónes” en nombre de la “restauración de los daños” que muchos países debían a la memoria de las víctimas.  Antes de 1967, se reclamaron propiedades, escuelas, hospitales, tierras y fondos en distintas partes de Europa de acuerdo a la ley de indemnificación a reclamos individuales de 1952. La Conference on Jewish Material Claims Agaist Germany (una fachada para las mas grandes organizaciones judías, incluyendo al American Jewish Comittee, American Jewish Congress, B´nai Brith, Joint Distribution Committee, etc…), se convierte en la figura máxima de este ajuste de cuentas. El discurso inicial de las distintas organizaciones judías, sustentado principalmente en la retibución a reclamos individuales, pronto cambiaría de dirección, justificando que los fondos de indemnizaciónes se destinarían a la rehabilitación ya no de individuos, si no de comunidades judías; fondos que cabe racalcar, serían dirigidos en su mayoría al fortalecimiento del estado de Israel. La articulación de la memoria colectiva había generado buenos resultados para este momento. En 1988, Reagan recive el premio al humanitario del año por la cración del Simon Wiesenthal Center, una de las mas prominentes instituciones del holocausto. Alemania devuelve en 1998 miles de propiedades y un fondo de 20 billones de dólares para estos fines, Polonia hizo lo propio devolviendo 6, 000 propiedades junto con varios otros países que en caso de oponer resistencia a las exigencias de la sociedad judía, serían blancos para boicots económicos en colaboración con los Estados Unidos, como fue el dramático caso de Suiza y las “cuentas congeledas” de las víctimas, que en 1998 cobró un monto de 1.25 billones de dólares tras años de hostigamiento y bloqueo económico, demanda que sería posteriormente desmentida y reducida a un cuarto de su valor por la rigurosa auditoría que se llevó acabo en el caso, sin mencionar que Suiza ofreció dos ofertas sustanciosas para el fondo antes del hostigamiento, mismas que fueron rechazadas. Hoy,  “la Asociation fo Holocaust Organizations, enlista aproximadamente 100 intituciones dedicadas al Holocausto en los E.U. (…)Hay siete museos del holocausto en territorio estadounidense. La pieza central es el United States Holocaust Memorial Museum en Washington”. Cuya prescencia, según Finkelstein, “es incongruente dada la ausencia de instituciones que conmemoren los crimenes de la historia norteamericana”.

Entonces, con este trasfondo, regresemos a la configuración de la psicología de la memoria social, que se subdivide en dos categoría principales: Memoria social y memoria política. Halbwachs concibe la memoria social como algo “no intencional” generado naturalmente por las narrativas que circulan al sujeto que pertenece a un grupo, diferenciándolo de la memoria histórica que si es intencional y está escrita por el poder. Según Habermas, “Si la memoria social no se define por el tipo de representación, sino por las interacciones que los sujetos establecen a través de narrativas, podríamos decir lo mismo con relación a la memoria política. La memoria es un tipo de vínculo entre sujetos y grupos, y desde una perspectiva sociológica esa es la dimensión realmente significativa. Por eso, si de hecho existe una distinción entre la memoria social y la memoria política,  ésta reside en el tipo de vínculo social que ambas establecen (…)En este sentido, si la memoria social remite a la configuración de lazos sociales espontáneos, la  memoria política remite a acciones intencionales” y comprende contenidos simbólicos en relación al pasado que generan identidad, demarcan la historia y testifican sobre el futuro, la memoria política también se materializa en banderas, monumentos, memoriales, organizaciones, documentos o cementerios. Schindel (2009) observa que la “monumentalización” de la memoria integra lo que Hannah Arendt denominaba “el ámbito de la acción”: iniciativas que ponen algo en movimiento en la esfera pública y cuyos efectos, impredecibles e irreversibles, crean  las condiciones para la historia futura (Arendt, 1997).  Se trata de soportes materiales de la memoria que remiten a luchas, conflictos y acontecimientos de violencia política y que al distinguir los protagonistas continúan provocando debates y discusiones.  Por eso no son lugares de unificación y de amalgama. Los nuevos lugares de la memoria política confrontan memorias, expresan memorias en conflicto (Vezzetti, 2001).

Bourdieu y Habermas abordan la idea de un campo de la memoria política. Un campo, en la acepción de Bourdieu, “es un conjunto de fuerzas en tensión constante que disputan un capital simbólico y aunque los que lo interpretan formen parte de el, la atención principal recae en la dinámica de las fuerzas que lo conforman como tal”, o sea, las relaciones estructurales al interior de este. Estas dinámicas de articulación en el campo de la memoria política están presentes en la industria del Holocausto, son las que empoderan al titán ideológico a través de la empatía de sus mensajes con la condición victimaria que ha sido activada en la subjetividad y la memoria judía por medio de las conmemoraciones, la explotación del antisemitismo (para propagar el miedo y justificar la inmigración a Israel así como sus mecanismos de defensa y ataque), la propaganda mediática pro-israelí, el terrorismo, el testimonio mediatizado, la educación y la premisa fundamental articulada actualmente: “Cuando escuchas la historia de un testigo, te conviertes en un testigo”, slogan ampliamente promovido en la campaña de “March of the living”, peregrinación conmemorativa de Auschwitz a Jerusalén realizada cada año que incluye inevitablemente discursos y testimonios de los sobrevivientes ante miles de personas en un cuadro dramático y deprimente donde todos lloran y padecen. Cabe recalcar, como dato curioso ante el slogan de March of the living, que según el libro de Finkelstein, al final de la guerra, el número de sobrevivientes del holocausto ascendía a unos 100,000. Hoy, este número apenas puede alcanzar un cuarto de su tamaño, de ahí el énfasis en reclutar testigos y víctimas por transferencia ideológica: La única manera de mantener al estado de Israel es a través de la legitimación de éste en la memoria de las próximas generaciones judías. Siguiendo el análisis Bourdieu-Habermas sobre el campo de la memoria política se puntualiza que, “de este campo forman parte las víctimas, los testigos, los desaparecidos, los movimientos de derechos humanos, las comisiones de justicia y verdad, los monumentos a las víctimas del terrorismo de Estado, los memoriales, entre otros; lo que sugiere que está conformado por una multiplicidad de agentes, instituciones y prácticas”. Aquí podemos incluir a todas las organizaciones Judías, instituciones y museos dedicados al tema del Holocausto, los mártires, las víctimas, y las múltiples conmemoraciones. En palabras de finkelstein, “muchos judíos que pasaron la guerra en otros lugares comenzaron a representarse a asi mismos como sobrevivientes, fabricaron sus pasados” para tener acceso al estatus de víctimas y los beneficios que tanto Israel como E.U ofrecen en materia. “Los sobrevivientes hoy son venerados como santos, uno no se atreve a cuestionarlos”. Cabe recalcar que se ha redefinido el concepto de “sobreviviente del holocausto” “para ampliarse no solo a aquellos que sufrieron, sino a quienes lograron evadir a los nazis” (por ejemplo, judíos polacos que se refugiaron en la unión sovética despues de la invasión Nazi a Polonia). “La oficina del primer ministro de Israel hace unos años estimó la suma de sobrevivientes del holocausto en aproximadamente un millón”, cual, por lo explicado anteriormente, sabemos que es imposible.” El escritor Israelí Boas Evron, comenta que “ la consciencia del holocausto  es un adoctrinamiento propagandístico, un despilfarre de slogans y una falsa visión del mundo, el objeto real de algo que no se acerca a un entendimiento del pasado sino a una manipulación del presente”.

Según Félix Vázquez Sixto y Juan Muñoz Justicia, en el texto “La Memoria social como construcción colectiva”, “los grupos sociales  construyen sus propias imágenes del mundo, estableciendo una versión tácitamente acordada del pasado. La memoria social no es inmutable, sino un proceso de negociación constante y mediatizado entre el individuo y el o los colectivo/s de pertenencia. Y solo puede ser social si es capaz de transmitirse.”… “La Memoria Social, la circulación de la memoria,  y la construcción-reconstrucción de la memoria son aspectos de vital importancia, en la medida en que ayudan a legitimar o deslegitimar un sistema y en la medida en que esto pueda favorecer el desorden y consecuentemente, el cambio.” Es la transmisión y constante rearticulación de la memoria política lo que ha convertido al Holocausto en un titán ideológico, lo que ha legitimado e invisibilizado los abusos de Israel en los territorios ocupados. ¿Cómo volver objetiva la memoria del pasado cuando la educación, los medios de comunicación y la clases dominantes promueven un desbordante discurso ideológico? ¿Qué pasaría si las múltiples universidades estadounidenses que ofrecen posgrados en materia del Holocausto ofrecieran también estudios sobre la carrera armamentista, el Apartheid o la cuestión Palestina  y a demás se fundaran museos y memoriales en su nombre? Seguramente el resultado sería el mismo, bajo cualquier discurso se manipularía la memoria colectiva a favor de algún campo específico, pero la diferencia estaría en el equilibrio proporcional de las vertientes.









juicio de Adolf Eichmann







Caminantes de la Shoah







La premisa mas importante acerca del Holocausto tras el juicio de Eichmann:
"Nunca olvidar, así como nunca permitir que se repita"







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Crestive Zionist Coalition





Yad Vashem Solutions





Portal del World Jewish Congress





Finkelstein en la Universidad de Waterloo.












 






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