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Imagen prohibida, montaje prohibido y testimonio prohibido

Irmgard Emmelhainz
Traducción: Daniela Gil






Fui invitada a participar en un panel sobre “Memoria y representación después del Holocausto”, que fue paralelo a la exposición de un pintor que había realizado una serie sobre este tema. Unos días antes de la conferencia, recibí el siguiente correo de parte del pintor:

“Hola,
[La curadora de la exposición/organizadora del panel], me hizo el favor de pasarme tu e-mail para hacer contacto contigo.
Aprecio mucho que hayas aceptado la invitación a participar en el panel en torno a mi muestra en [lugar de la exposición]. Yo confío que tu aportación será valiosa y provechosa para todos los que estamos colaborando en el evento. Te escribo para compartir contigo de manera personal y confidencial una preocupación la cual, espero, termine siendo espuria. En ningún otro entorno me atrevería yo a expresarte una inquietud tal, pero en este caso la conversación girará más o menos alrededor de la obra que expongo y por ello siento cierta responsabilidad por lo que sucederá allí. [La curadora] me dice que tu ponencia abordará la polémica entre Godard y Lanzmann en lo que refiere al valor de las imágenes del Holocausto, lo cual viene mucho al caso en el contexto de las pinturas en la exposición. Sin embargo, estando enterado de tus intereses en tu tesis doctoral, me preocupa el que, durante la mesa, insistas en traer a colación el asunto del conflicto Israel/Palestina. Si bien este asunto amerita amplio debate, en el entorno público decae rápidamente en monólogos pasionales— así que me tiene algo inquieto el que el evento pueda convertirse de pronto en una confrontación panfletaria. Yo nunca he pretendido que la serie "Azul de Prusia" abogue por una posición político-ideológica. Como sabes, mi trabajo pictórico se ha limitado a tratar cuestiones de interés artístico, a lo mejor filosófico (si nos ponemos mamones), por lo que quisiera que nuestra charla no termine yéndose por la tangente del entusiasmo politizado.
Espero sinceramente que mi ansiedad sea de origen paranoide y no tenga sustento en la realidad.
Nos veremos en breve en [la ciudad de la exposición], y si te parece podemos hablar entonces con un buen vino de por medio.

[El pintor]”

Mi respuesta al pintor fue la siguiente:

De acuerdo con varios estudiosos, el siglo XX puede caracterizarse como la era del tesimonio.(1) La primera fase de esta época quedó marcada por el testimonio visual que dejaron los campos de concentración y de exterminio tras su liberación en 1945. Esta conciencia visual fue evidentemente filtrada de manera propagandística, militar y política. A esta fase le siguió el juicio de Eichmann (1961-62), el cual marcó la legitimación y empoderamiento del discurso de las víctimas a partir de su nueva posición: no como víctimas dando testimonio, sino como lo señaló Shoshana Felman, en cuanto a testigos de peso en un juicio.(2) El discurso de los testigos, es una narrativa en primera persona del sufrimiento traumático, y contiene silencios, distorsión, confusión y terror; estos aspectos fueron entendidos como las huellas del carácter traumático alojado en los testimonios.(3) La narrativa y fuerza emocional de los testimoniales concibieron al juicio (de Eichmann) como un vehículo histórico, político y pedagógico con el propósito de llegar al corazón de la humanidad y transmitir el imperativo:  “Nunca olvidar, para evitar que se repita”

Tomando esto en cuenta, la sensibilidad cultural del siglo XX podría definirse como una ética y política del testimonio. Sin embargo, en la ocasión de la conmemoración de los sesenta años de la liberación de Auschwitz, los historiadores Annette Wieviorka y Georges Didi-Huberman discurrieron sobre la “saturación de la memoria”. Según Wieviorka, esto implica: “Una perversa fascinación por el horror, un mórbido gusto por el pasado y la instrumentalización política de las víctimas”.  Para Didi-Huberman, Auschwitz ha sido declarado “innombrable”, ya que se ha convertido en un evento histórico cada vez más desconectado de su historia. Para Didi-Huberman, la Shoah se transformó en un “concepto, una abstracción y el límite absoluto de lo nombrable, pensable e imaginable.”(4)  A pesar de la existencia y legibilidad del testimonio  hablado o documentado de la Shoah, la saturación de la memoria  está relacionada con una crisis de la legibilidad del evento inducida por la serie de interdicciones que evoco en el título de este ensayo.

IMAGEN PROHIBIDA

Cuando Didi-Huberman argumenta que Auschwitz ha sido declarado innombrable, se está sobre todo refiriendo a la polaridad y polémica que rodean la ética y la estética de la representatividad del la Shoah, detonada por la película de Jean-Luc Godard, Historie(s) du cinéma (estrenada en 1998). En esta cinta, Godard se propone una doble labor: Primero, denunciar al cine por no haber registrado lo sucedido en los campos de exterminio, y segundo, valerse de la yuxtaposición de imágenes de la cultura visual occidental (incluyendo documentación gráfica de los campos de concentración) para hacer temporalmente visibles los horrores de la Shoah.

Criticando las declaraciones de Godard en torno a la existencia de película y fotografías archivadas de la Shoah, y sobre la posibilidad de filmar al evento,(5) el psicoanalista francés Gérard Wajcman afirmó que la Shoah es irrepresentable no como cuestión de elección o prohibición, sino por que “es imposible que se vea”.(6) Dentro de la misma lógica, para el cineasta Claude Lanzmann, la sola existencia de los campos de exterminio implica la prohibición de la representación. Como consecuencia, el cineasta afirma: “ No hay nada que ver” por que el Holocausto manifiesta que:  “no hay imagen”. Esto quiere decir que el horror del evento excede cualquier imagen que intentara transmitirlo. Cualquier afán de representarlo resultaría grotesco ya que las imágenes que buscaran comunicar al horror ya sea, domesticarían al evento, crearían distancia o proveerían consuelo. Esta lógica, que sigue la denuncia platónica de las imágenes a través de lo sublime y el Bilderverbot (la prohibición bíblica de las imágenes), ha conferido al evento cierta aura sacralizada. El que “no haya imágenes” de la Shoah, se debe a que los Nazis eliminaron los rastros del exterminio: Los campos mismos son la ejecución de la representación,  mientras que la relación entre presencia y ausencia, y lo material y lo inteligible, fueron destrozadas por el evento mismo.

En este contexto, Shoah, la película monumental de Claude Lanzmann de 1985, postula una ética y estética del cine buscando ver el horror en el rostro sin imágenes.  Lanzmann rechaza  la ficción y a la idea del archivo (incluyendo reconstrucciones, imágenes de archivo, documentación y reportajes), porque para él, estas formas de hacerlo visible, trivializarían al monstruoso crimen. (7) Lanzmann basó su película en entrevistas con sobrevivientes judíos, espectadores gentiles (o no judíos) polacos y con los perpetradores Nazis.  Vemos y escuchamos a las víctimas, testigos y verdugos, recordar la exterminación sobre el trasfondo de los sitios donde tuvieron lugar los eventos. Lanzmann toma como premisa que el pasado continúa viviendo en el presente a través de la memoria. En la película, el testigo: “como un paciente que está siendo psicoanalizado, se encuentra reviviendo las experiencias del pasado”. (8) (Recordemos la famosa escena con el barbero, Abraham Bomba en Tel Aviv; o la que muestra al ingeniero que condujo a los judíos a Treblinka, quien revive el gesto que hizo en este entonces simulando cortarse la garganta para advertir a los judíos sobre su destino). En Shoah, la distancia entre pasado y presencia queda borrada por el discurso y los gestos corporales. La tranquilidad de las locaciones donde se filma la película es inconmensurable con el horror transmitido por el testimonio verbal, lo cual encarna “la verdad en el presente” transformando al pasado en presencia. De esta manera, Lanzmann pone en escena al exterminio obliterado (lo cual, como vimos, implica la ruina de la representación) mientras que su película encarna a la degradación de la relación estable entre lo que es perceptible y lo que es inteligible.(9)

La negación radical de la visibilidad de archivos e imágenes ficticias de Lanzmann privilegia la legibilidad únicamente en el discurso de los sobrevivientes. En este sentido, busca oponerse al horror del silencio con el discurso “puro”, subrayando la opacidad del discurso y también la vaguedad de lo que puede hacer visible. (10) Jean-Luc Godard declaró sobre el filme de Lanzmann: “ça n’a rien montré”, “Mostró absolutamente nada”. (11) Esta declaración generó polaridad ( y polémica) en torno a la legibilidad de las imágenes del exterminio. Si para Lanzmann, ninguna imagen es capaz de contar la historia y por este  motivo filma a los testigos, para Godard, “ todas las imágenes nos hablan de la Shoah y por ello revisita incansablemente nuestra cultura visual.”(12)  Desde la perspectiva de Godard, la legibilidad de la Shoah puede ser articulada en una visibilidad concreta, inmanente y singular que no está basada en la visión, sino en el conocimiento. Según Godard, las imágenes pueden hacerse legibles a través del montaje, planteando un punto de vista y la distancia apropiadas, y sobre todo, movilizándolas por medio de la dialéctica en el sentido de Walter Benjamin. (13) Para Godard además, no hay imagen, solo hay imágenes y relaciones entre imágenes. A mayor distanciamiento de las relaciones entre ellas, más precisa y poderosa será la imagen que resultará de la yuxtaposición. (14)  Al reunir imágenes, sonidos y textos por medio de la yuxtaposición o superposición, Godard crea tanto una invitación como una restricción a compararlas.  De acuerdo a esta lógica del montaje, dos fotografías de la misma era pueden reflejar diferentes momentos históricos.

MONTAJE PROHIBIDO

En sus películas y textos, Godard ha recurrido muchas veces a la confrontación de dos fotografías de deportados con las leyendas –en voz en off o por escrito —“Juif” (Judío) y “Musulman” (Musulmán). Como todos sabemos, en el contexto de los campos de concentración, el Muselmann es el muerto viviente que personifica la otredad radical. El objetivo de los campos de concentración era producir esta figura: el testigo que no puede dar testimonio, una forma umbral entre lo humano y lo inhumano. El Muselmann es también la figura de un estatus irrevocable jurídico y moral, un ser que ha muerto socialmente. (15)
La polémica de la representabilidad del Holocausto provocada por Histoire(s) du cinéma, fue amplificada por la yuxtaposición del “Judío”/ “Musulmán” de Godard, que se remite a Ici et ailleurs (Aquí y allá) de 1974. Esta yuxtaposición ha sido la causa de que Godard haya sido  acusado de antisemitismo y de crear una amalgama, una reducción e incluso una provocación –hasta el punto en que el cineasta israelí Eyal Sivian nombró recientemente esta yuxtaposición: “montaje prohibido”.

¿Por qué ha sido prohibido? El Muselmann es la otredad radical al grado que es desdibujado, negado y fantasmagórico. En este sentido, la yuxtaposición evoca la idea de “Europa y los Judíos” (o antisemitismo) al igual que la de “ Islam y el oeste” (orientalismo, islamofobia); en este sentido, la juxtaposición personifica la otredad teológica y política constitutiva de la Europa Judeo-Cristiana. Antes, los judíos y los musulmanes no eran paradigmas opuestos, de hecho, esta analogía (racista) era hecha comúnmente (ambos, judíos y musulmanes, fueron expulsados de Iberia en 1492 (1492=1942). El antisemitismo y la islamofobia, no obstante, persisten en tanto Europa como en otros lugares y aún, el trabajo de Godard para poner sobre la mesa una relación entre los judíos y los musulmanes parece inaceptable y difícil de entender hoy en día: El mostrarlos o hablar de ellos juntos se ha convertido en un tabú. (16)
El “Musulmán” denota también al conflicto de Medio Oriente, y en la película de Godard, Notre Musique (Nuestra música, 2004), la imágenes de los deportados y sus leyendas aparecen confrontados de acuerdo a la lógica plano/contra-plano. En la película, Godard introduce a los judíos y los palestinos relacionándolos como dos comunidades de sobrevivientes y personas exiliadas. La Shoah y la Nakba son llevados a una relación asimétrica: Los Israelíes encontraron el “Otro” en los palestinos, pero los Israelíes no son el Otro de los palestinos.(17) “La verdad tiene dos caras”, declara el poeta palestino Mahmoud Darwish en la película. Godard ha dejado claro que para él, la Shoah y la Nakba no son la misma cosa. Consensualmente, la Shoah es un crimen incomparable en la historia Europea, el cual tiene que ser evocado para imponer limitaciones en los actos políticos que demuestran hybris, (no para justificarlos).


TESTIMONIO PROHIBIDO

En lo que respecta a las tres prohibiciones invocadas en el título, el problema con la interdicción de la representación es que presupone el ideal de la inteligibilidad total de las formas de la experiencia humana. Sin embargo, toda apariencia es fragmentaria y en este sentido, la “verdad” de Auschwitz no es ni inimaginable ni indecible. Sin lugar a dudas, todas las imágenes están siempre incompletas, son inadecuadas y al mismo tiempo son necesarias, inexactas, aunque verdaderas. El conocimiento que proporcionan no es intrínseco a la imagen, sino que la visibilidad deviene al crear hiatos, analogías, inconmensurabilidades, correspondencias y constelaciones a través del montaje, el cual es famosamente caracterizado por Godard como: “una forma que piensa”. El montaje es también una construcción, la articulación de una narrativa histórica, la posibilidad de acercarse a elementos que están pensados para permanecer separados en tiempo y espacio. Desafortunadamente, la articulación de Godard sobre la cuestión judía en Europa y Palestina, ha provocado un bloqueo, la imposibilidad de pensamiento, transformándose en un montaje prohibido. Cada momento histórico tiene evidentemente su propia historia y particularidades, pero eso no significa que la prohibición de la yuxtaposición pueda justificarse, ya que pueden extraerse analogías entre ambos momentos históricos.

Finalmente, si el testimonio define la sensibilidad cultural del siglo XX y nos encontramos frente a una memoria saturada, es por que las imágenes documentales y el testimonio oral actualmente enfrentan un problema de legibilidad. De acuerdo al teórico israelí Eyal Weizman, las voces de víctimas de guerras, genocidio y catástrofes más recientes, han sido condenadas a ser indeterminadas y frágiles, así como menoscabadas por subjetividades políticas sospechosas. Una forma de compensar esto, ha sido un cambio de giro en los discursos sobre el trauma y el testimonio: de una preocupación por los aspectos subjetivos y lingüísticos del trauma y la memoria, hacia un interés por un mundo material saturado de información.(18) Hoy en día, los científicos son considerados como los testigos expertos que tienen la capacidad de interpretar y hablar en nombre de las cosas con el propósito de construir y entender aspectos jurídicos en casos de violación a los derechos humanos.(19) A diferencia del testimonio de las víctimas, la evidencia científica pronunciada por testigos expertos es mas difícil de impugnar, y así “la evidencia habla por sí misma”.(20) Esto inaugura lo que Weizman llama, la era del testimonio de “estéticas forenses”. Esta era fue marcada por el caso Mengele, cuyos huesos fueron interpretados elocuentemente por expertos para resolver el caso en 1980s. Otra instancia más reciente en la que se aplicó la “estética forense” fue en el Reporte Goldstone, un equipo establecido en Abril de 2009 por el Consejo de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos a efecto de la guerra contra Gaza en 2009, como misión independiente para investigar las supuestas violaciones de los derechos humanos en los territorios Palestinos. Esta nueva forma de producir evidencia en torno a crímenes contra la humanidad, implica una forma de ver tautológicamente, ayudando a la visión sin lograr certeza o fracaso absolutos. Bajo la lógica de la estética forense, “lo que ves es lo que ves”: los indicios de la presencia irrefutable de la verdad. En este sentido,  de-saturar la memoria implicaría devolverle a los archivos y al testimonio hablado su valor político, yendo más allá de la ética humanitaria y no-gubernamental del reconocimiento y la restitución, abriéndose a la posibilidad de la autodeterminación política.

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(1) Annette Wieviorka, The Era of the Witness (Cornell University Press, 2006).
(2) Thomas Keenan and Eyal Weizman, Mengeles’ Skull: The Advent of Forensic Aesthetics (Frankfurt and Berlin: Portikus/Strenberg Press, 2012), p. 11.
(3) Thomas Keenan and Eyal Weizman, Mengeles’ Skull: The Advent of Forensic Aesthetics (Frankfurt and Berlin: Portikus/Strenberg Press, 2012), p. 12.
(4) Georges Didi Huberman, “Ouvrir les camps, fermer les yeux” (2005) capítulo de su libro Remontages du temps subi. Annales. Histoire, sciences Sociales 2006/5 61e année, p. 1011-1049.   

(5) Gérard Wajcman, “Saint Paul” Godard contre “Moise” Lanzmann” Le Monde, jeudi 3 décembre 1998.

(6) Ibid.

(7) Ibid.

(8) Dorian Stuber, “Seeing Nothing: Lanzmann, Godard and Sontag’s Fantasies of Voluntarism” Screenmachine, (August 2011) disponible en red: http://archives.screenmachine.tv/2011/08/29/seeing-nothing-lanzmann-godard-and-sontag’s-fantasies-of-voluntarism/.

(9) Jacques Rancière, “Chapter 5” The Future of The Image, (London: Verso, 2007) p. 123.

(10) Rancière, p. 121.

(11) Ver: Annette Wieviorka Déportation et génocide (Paris: Hachétte: 1992), pp. 122-123.
(12) Georges Didi-Huberman, Images malgré tout (Paris: Minuit, 2003), p. 157.
(13) Georges Didi Huberman, “Ouvrir les camps, fermer les yeux” (2005) capítulo de su libro Remontages du temps subi. Annales. Histoire, sciences Sociales 2006/5 61e année, p. 1011-1049.
(14) Jean-Luc Godard par Jean-Luc Godard, II, p. 430.

(15) Giorgio Agamben, Remnants of Auschwitz (New York: Zone Books, 2002), 55.

(16) Ver la conferencia de Eyal Sivan’s sobre su proyecto multimedia: “Montage Interdit,” disponible en red:  http://issuezero.org/mi.php?id=11

(17) Godard, “The Godard Interview.”

(18) Eyal Weizman, The Least of All Possible Evils: Humanitarian Violence from Arendt to Gaza (London and New York: Verso, 2011), p. 144.
(19) Thomas Keenan and Eyal Weizman, Mengeles’ Skull: The Advent of Forensic Aesthetics (Frankfurt and Berlin: Portikus/Strenberg Press, 2012), p. 70.
(20) Weizman (2011), p. 103.





Judío/Mususlmán. Godard








"Shoah" de Claude Lanzmann (1985), en la entrevista con Abraham Bomba








"Notre musique",Jean Luc Godard (2004), Judith y Mahmoud Darwish: "Campo // contra-campo"







NotreMusique Godard
"Notre musique",Jean Luc Godard (2004), Judith y Mahmoud Darwish: "Campo // contra-campo"








Shoah
"Shoah" de Claude Lanzmann (1985)







Didi Huberman
Didi-Huberman







Claude Lanzmann





Jean Luc Godard






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