En los sesentas, la madrugada del
14 de agosto, una docena de personas se trasladaron a Ciudad Universitaria en
cuatro automóviles y tras un previo intento fallido lograron dinamitar la
estatua de Miguel Alemán. La explosión abrió un buen boquete, pero sobrevivieron
la cabeza, los brazos y parte del tórax. La estatua fue restaurada
pero en el 66 un nuevo dinamitazo le hizo desaparecer del
campus. Sin embargo, el trabajo de resistencia en equipo para levantarse y
generar un cambio, ha estado presente siempre a lo largo de la historia de México. Una
explosión, en cualquier sentido que se de, es siempre un fenómeno visual.
Tras la disolución de Treinta y Treinta, el siguiente grupo
importante de gráfica que se levantó en México fue LEAR, la Liga de Escritores y
Artistas Revolucionarios, establecida en 1934. Su publicación principal, Frente a Frente lanzó declaraciones
directas y fuertes principalmente hacia el fascismo de España. LEAR se disolvió en 1937, año en que
Leopoldo Méndez, Luis Arenal y Pablo O’Higgins fundaron el Taller de Gráfica
Popular.
Mientras corría la época del
gobierno benevolente de Lázaro Cárdenas, el Taller de Gráfica Popular permitió
que la libre expresión se diera a sus anchas por primera vez. El TGP creó un
manifiesto y un plan de organización para darle estabilidad al colectivo y no disolverse
como Treinta y Treinta o la LEAR.
Con una buena agenda y un grupo de artistas el TGP se estableció rápidamente
como el movimiento político gráfico más importante del Siglo XX.
Manteniendo su enfoque en la
continua existencia del proyecto, el TGP puso énfasis en sus colaboraciones con
artistas y escritores. Fue el primer taller político de medios impresos en
México en poner a la venta su producción artística (con el patrocinio de La Estampa Mexicana) para mantenerse
económicamente. En su taller se crearon carteles y volantes con una gran
variedad de medios y técnicas. El bajo presupuesto los obligó a utilizar los
medios más baratos, trabajando con prensas usadas con las que imprimieron mayormente
litografías y linóleos. El carácter que les dio su bajo presupuesto es lo que
ha hecho a estas impresiones especialmente buscadas por los coleccionistas.
México tiene un lugar longevo y especial en la historia de la gráfica, en especial la destinada a promover un
servicio de cambio social. Esta es comúnmente acreditada a José Guadalupe Posada
(quien fungió como el principal artista y crítico de la Revolución en México).
El taller fue un colectivo vibrante de artistas emergentes y establecidos dedicados a utilizar el arte en pro de un
cambio social. Se volvió un imán para la comunidad de diseño progresista al
punto que artistas norteamericanos como Elizabeth Catlett, Pablo O’Higgins y
Mariana Yampolsky produjeron ahí.
Su medio por excelencia fue la
impresión de grabados monocromos en linóleo y madera. Son raras las impresiones
multicolor que existen, entre ellas las litografías. Posiblemente el TGP fue uno
de los primeros colectivos graficos que hicieron posters como parte de sus producción,
los cuales eran pegados por las calles de la Ciudad de México. Promovían la reforma agraria, candidatos
electorales, movimientos anti-bélicos y anti-imperialistas,
solidaridad con luchas extranjeras, sindicatos, la historia y héroes
revolucionarios de México y otras causas progresistas.
El TGP logró evadir muchos de los
problemas que enfrentaron sus predecesores, sin embargo tuvo tiempos difíciles.
Tras desplazar su sede en varias ocasiones, debió de enfrentarse con fracasos
financieros cada vez peores. Logró mantenerse únicamente gracias a su
producción constante con multitud de propósitos políticos desde el '37 hasta los 70’s y 80’s.
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Paremos la agresión a la clase obrera
Leopoldo Méndez
Alfabetización
Luis Arenal, Offset, Papel: 27.3x21.3, s/f
Foto: Colección Blaisten
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