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El
Estado de detención: Performance,
Política, y el público cubano.
Coco Fusco
La detención de la artista
cubana Tania Bruguera y las acciones del
gobierno cubano para impedir la performance que ésta
llevaría a cabo en la Plaza de la Revolución de La
Habana han sido titulares de los
medios internacionales en la última semana. La
indignación pública sobre la censura de la
performance y las preocupaciones sobre el paradero
de Bruguera han circulado en los medios de
comunicación social fuera de Cuba, pero hay muy poca
información disponible en inglés acerca del contexto y lo que esta
performance implica. La cobertura del asunto ha estado dominada
por expresiones de consternación que responden a que una
artista reconocida a nivel internacional fuera detenida a
consecuencia de un performance, y a que, por consiguiente,
"Cuba no ha cambiado" —es decir, que a dos semanas de haber
anunciado la restauración de las relaciones
diplomáticas entre Cuba y EE.UU., el gobierno
cubano aún no permite a sus ciudadanos expresar
sus opiniones políticas en público. Si bien la detención
de una artista debe ser motivo de preocupación en
cualquier lugar, suponer que las políticas
y prácticas de un gobierno podían haberse
transformado tan rápido es políticamente ingenuo
o engañoso.
A raíz de los pronunciamientos
de Barack Obama y Raúl Castro del 17 de
diciembre en torno a un acercamiento entre Cuba y
Estados Unidos, Bruguera dio a conocer una carta
pública dirigida a los dos presidentes y al
Papa, en la que proponía reubicar
su performance de 2009, Susurro de
Tatlin # 6, en la Plaza de la Revolución, y
así ofrecer un micrófono abierto a la
ciudadanía cubana para expresar sus puntos de
vista en torno al futuro de su
país. Según Bruguera, fue alentada por amigos para
llevar a cabo su propuesta. Llamando su
proyecto #YoTambienExijo, utilizó plataformas de
Internet para lanzar su actuación desde fuera de la
isla y fue apoyada por una serie de grupos
disidentes y blogs de oposición. Bruguera viajó a
La Habana el 26 de diciembre y fue convocada
inmediatamente a una reunión con el director del
Consejo Nacional de las Bellas Artes, Rubén Del
Valle, quien le dejó en claro que no recibiría autorización o
apoyo de los canales culturales oficiales para su
performance. La posición de Del Valle se hizo
pública en una entrevista realizada después de
la reunión del 27 diciembre, acompañada del repudio por parte de
la Union Nacional de Escritores y Artistas Cubanos hacia el
performance de Bruguera. El 29 de
diciembre, Bruguera trató de obtener
autorización de la Policía Nacional
Revolucionaria para utilizar la plaza. Su petición
fue negada. Bruguera hizo pública
entonces su intención de continuar con
el performance sin ningún apoyo oficial,
quedando detenida por autoridades cubanas la mañana
del 30 de diciembre. Varios disidentes que
habían expresado su solidaridad con el proyecto
de Bruguera fueron también detenidos o puestos
bajo arresto domiciliario. Entre ellos se encontraban Antonio
Rodiles y Ailer González de Estado de
SATS, la bloguera Yoani Sánchez y su
esposo Reinaldo Escobar, el activista Eliécer Ávila, el
fotógrafo Claudio Fuentes, y miembros del grupo
activista de Las Damas de Blanco. El artista de
performance y poeta Amaury Pacheco también fue
detenido cerca de su casa en Alamar, aunque no
había manifestado ninguna intención de asistir a la
actuación, mientras que el artista Luis Trápaga y
el cineasta Boris González fueron detenidos en la
plaza. Al escribir estas líneas, Pacheco y
González siguen detenidos, junto con un corresponsal del
blog el Diario de Cuba, con sede en Madrid, y
varios activistas de la oposición. Bruguera fue puesta
en libertad el 31 de diciembre, pero su
pasaporte fue confiscado; y, a pesar de que no ha vivido
en Cuba durante más de cinco años, ha recibido la
orden de permanecer en la isla durante los
próximos dos o tres meses, mientras que las fuerzas del
orden determinan si será imputada y juzgada por alterar el
orden público y resistirse a la policía. Desde su
primera liberación, Bruguera ha sido detenida dos
veces más: primero por llamar a una conferencia de prensa y
luego por protestar contra la detención de algunos de
sus partidarios (La información más detallada
y actualizada informes sobre las detenciones se
pueden encontrar en diariodecuba.com y 14ymedio.com).
La protesta internacional por la detención
de Bruguera no se ha asociado con la detención
hecha el 24 de diciembre de otroartista
Cubano, Danilo Maldonado Machado, alias
El Sexto, quien fue detenido cuando se
dirigía a realizar un performance en el Parque Central
de la Habana. El performance involucraba a
dos cerdos llamados Fidel y Raúl. El
Sexto no ha sido puesto en libertad y no se
le concedió una entrevista con los representantes del
Estado antes de su detención. Esto se debe
probablemente al hecho de que él no es miembro
de la Union Nacional de Escritores y Artistas de
Cuba y no atrae la atención de la
prensa internacional que podría dar lugar a una ola
de artículos desfavorables, como los generados
por la censura de#YoTambiénExijo .
La cobertura mediática de la actuación
de Bruguera en inglés, incluyendo un reciente
editorial de The New York Times, ha expresado su
decepción en torno a que la libertad de expresión no fue
respetada y a que los opositores al gobierno cubano
continúen siendo objeto de amenazas, hostigamiento
y detención. Para aquéllos que siguen la política
cubana, esto no es ninguna sorpresa. En primer
lugar, el control del gobierno cubano sobre la
cultura, los medios de comunicación, y el discurso
público ha sido absoluto durante más de
cinco décadas, y vagas promesas de cambio
no son equivalentes a las modificaciones reales en las
leyes o las prácticas policiales. En segundo
lugar, el reciente acuerdo para intercambiar prisioneros
políticos y volver a abrir embajadas en sí no
es indicativo de una transformación política en Cuba
—las negociaciones para la liberación de presos
políticos han tenido lugar desde 1962, en
el período inmediatamente posterior a la invasión de
Playa Girón, y las conversaciones que buscan restaurar
las relaciones diplomáticas han ocurrido de forma
intermitente desde la década de 1970.
Una consideración más profunda de la situación
de Bruguera implica considerar si una
obra puede efectuar cambios políticos en el ámbito
de los derechos civiles y cómo una
obra puede catalizar la acción política
colectiva. La capacidad de las manifestaciones
del "poder del pueblo" para efectuar el cambio depende
de la participación de la gente en gran número, y
ningún artista o grupo disidente que actualmente
operan en la isla tiene la capacidad de formar a la
ciudadanía cubana. Los partidarios de
Cuba sostienen que esto se debe a un apoyo
masivo para el gobierno actual de Cuba, mientras
que los críticos de Cuba argumentan que la voluntad
política está suprimida por un Estado autoritario. Uno
de los principales obstáculos
para realizar acción política colectiva fuera de
los canales del estado es técnico, es decir,
que la infraestructura de comunicación es débil
en Cuba. Es el país con el nivel más bajo de
conectividad en el hemisferio. Cualquier intento deconvocar
una reunión pública a gran escala
en Cuba es frustrado desde el principio, no
sólo por el altamente efectivo aparato de seguridad
del país, sino también por el hecho de que la
inmensa mayoría de los cubanos no tienen acceso
a internet,teléfonos celulares, ni líneas de teléfono
fijo.
La dependencia de Bruguera en Internet para
convocar al público cubano ha provocado un cierto grado
de escepticismo por parte de los críticos acerca de
sus intenciones. "El pueblo cubano" no se
presentó en la plaza y es probable que la mayoría de los
cubanos en la isla no tuvieran idea de lo
que #YoTambiénExijo es. Los disidentes cubanos que
apoyan Bruguera han expresado de manera
abierta su decepción por la decisión de
Washington de reabrir las relaciones diplomáticas
con Cuba. Los disidentes ven esto como una capitulación
ante los intereses de su gobierno, y el performance de
Bruguera ha sido interpretado por algunos de sus
críticos como un medio para interferir en las
negociaciones entre los dos gobiernos. Aunque se han
hecho comparaciones del proyecto de
Bruguera con Occupy Wall Street, no hay
evidencia de una organización extendida en Cuba que
sea paralela a la movilización de masas que precedió
a la ocupación del centro financiero de
Nueva York o en la plaza Tahrir en el 2011. La
única campaña activista que ha tenido éxito en la
elaboración de un amplio apoyo a la
reforma constitucional en Cuba fue el
Proyecto Varela, encabezada por Oswaldo Payá en
1998; la campaña se vio socavada por las detenciones
de numerosos activistas en 2003 y la muerte
de Payá en 2012. La represión estatal de las
protestas en Cuba, en su mayoría, apunta a un
pequeño grupo de activistas de oposición, músicos y
artistas disidentes, y el patrón protesta-represión-detención
se ha repetido durante varios años sin ningún cambio
en las tácticas de ambos lados.
La respuesta del Estado a la actuación
de Bruguera combina elementos usuales e
inusuales para el contexto cubano. Nadie
en Cuba tiene el derecho legal, de acuerdo con la
ley cubana, de usar espacios públicos
para manifestaciones o eventos culturales
sin autorización —y cabe mencionar que existen
restricciones similares en varios otros países,
incluyendo los Estados Unidos. Estas restricciones se
aplican estrictamente en lo que respecta a las acciones
en la Plaza de la Revolución, que es el
equivalente cubano de la Casa Blanca. La
plaza está rodeada por oficinas gubernamentales
clave y es vigilada las veinticuatro horas del
día. Las actividades permitidas se limitan a los
turistas que toman fotos de la silueta gigante del
Che y a las ceremonias oficiales. En 2011, un
grupo disidente de cubanos fue condenado a penas que
fueron de tres a cinco años por distribuir panfletos
en contra del gobierno en la misma plaza. Las Damas de
Blanco, un grupo de activistas liderado pormujeres familiares
de presos políticos, fueron arrastradas a la
fuerza fuera de la plaza por la policía en 2008.
Los ataques retóricos que se pusieron en marcha esta
semana en los blogs patrocinados por el
gobierno contra Bruguera despliegan una
retórica nacionalista y paranoica tristemente familiar.
Bruguera ha sido caracterizada como un agente
provocador apoyada por fuerzas contrarrevolucionarias de
exiliados, que actúan bajo la influencia de las
tendencias extranjeras (ver here, here, and here). Los
artistas cubanos en épocas anteriores que se
atrevieron a llevar a cabo actuaciones no autorizadas
en la calle o en galerías estatales también fueron
censurados y detenidos: Juan Sí González fue
despojado de su membresía de la Union Nacional de Escritores
y Artistas de Cuba, sujeto a la censura pública, y detenido por la
realización de actuaciones políticas en las calles de La
Habana en la década de los ochenta. Ángel Delgado fue encarcelado
durante seis meses en 1990 por defecar en un periódico del
partido comunista en una galería de La Habana. Y en 1991, después de
escribir una carta pública a Fidel Castro pidiendo reformas
democráticas, la cual fue firmada por diez intelectuales cubanos,
la poeta María Elena Cruz Varela fue sacada de su casa por la
policía para ser objeto de un acto de repudio de una multitud de
simpatizantes del gobierno, mientras que páginas de su escritos
políticos eran metidas por su garganta. Cruz Varela recibió una pena de
prisión de dos años, al igual que dos cineastas que intentaron
documentar su arresto.
La relativamente corta duración de las
detenciones de esta semana contrasta con el
tratamiento de las voces disidentes en épocas
anteriores en Cuba. Como ha sido señalado
por activistas cubanos de derechos humanos,
Raúl Castro emplea una estrategia diferente para la
gestión de la disidencia en la isla —las detenciones son
más cortas pero la tasa de detención ha aumentado
desde 2008. La cantidad de atención de los
medios internacionales dada a la maquinaria de represión
del Estado cubano también ha aumentado, sobre todo
en relación con las figuras disidentes conocidas
internacionalmente. Gracias al crecimiento del
periodismo independiente y a los blogs
sobre Cuba en los últimos cinco años, en
estos días es mucho más fácil para la gente fuera
de Cuba obtener información acerca
de los procesos y procedimientos que constituyen el
ejercicio del control estatal. La interacción entre
la burocracia cultural y la seguridad del
Estado en Cuba es más transparente que
nunca, pero esto no ha impedido que el Estado haga
uso de la fuerza contra sus oponentes. Dicho esto,
laretórica utilizada por los burócratas de la cultura
cubana se ha matizado en los últimos años. Los
bloggers apoyados por el Estado pueden haber encasillado
a Bruguera como una contrarrevolucionaria, pero el
presidente del Consejo Nacional de Bellas
Artes Rubén Del Valle hizo grandes esfuerzos
para explicar que ella es una "hija de la
revolución" cuyo error es participar en un "reality
show" que es más una provocación
política que un gesto estético —en pocas
palabras, muestra una capacidad e interés por
la interpretación cultural. No obstante, Del
Valle insiste en la prerrogativa del Estado para
autorizar toda la actividad cultural y para
mantener libre el arte cubano de la política, así
como en el poder supremo del gobierno para
orquestar la transformación de las relaciones entre Estados
Unidos y Cuba.
Si bien los entendidos del mundo del arte en todo
el mundo se han estado desahogando en
Facebook y circulando peticiones en relación con la
detención de Bruguera, y los intelectuales
cubanos exiliados han estado hablando sobre el
significado de#YoTambiénExijo, muy pocos comentarios han
surgido de artistas cubanos que viven en la
isla. Después de un silencio ensordecedor en los
días previos a la actuación, sólo unos
pocos artistas han respondido a la prensa con
expresiones lacónicas de pesar sobre la
detención de Bruguera. El ganador del Premio Nacional
de Artes de Cuba Lázaro Saavedra emitió
la declaración pública más extensa hasta el
momento a través de su Galería I-mail el 30 de
diciembre, en el que criticó la actuación
de Bruguera como un intento mal calculado
de "acción artivista" que predica a los
cubanos sobre algo que ya saben demasiado bien, es
decir, los límites a su libertad de expresión, y le
permite al artista avanzar profesionalmente con un
riesgo mínimo, ya que ella vive en el extranjero y goza de
un tipo de cobertura de los medios de comunicación que
sirve como un escudo protector. Saavedra afirma que
él hubiera preferido que Bruguera creara una zona
temporalmente autónoma en la cual las voces de cubanos que viven
en Cuba y que no son artistas reconocidos pudieran haber sido
escuchadas. Parece que Saavedra presume que el performance de
Brugera debía revelar algo desconocido, o que
colocar el mecanismo de represión bajo escrutinio en una
performance no es necesario si el pueblo cubano
está ya consciente de cómo su
gobierno ejerce el control de ellos. Hay demasiados
ejemplos de obras de arte que han pedido a los
espectadores revisar lo ya conocido para verlo y
entenderlo de manera distinta para que
tales presunciones sean incuestionablemente sostenibles.
Mientras Saavedra señala con razón una
distinción entre el significado y el efecto de la
actuación de Bruguera dentro y fuera
de Cuba, desestima el valor potencial de poner en
escena una intervención mediática desde Cuba para un
público extranjero más allá de sus usos para la promoción
profesional. Cuba puede ser una isla, pero su
cultura no existe únicamente para el
consumo local. El público extranjero de Bruguera es
el único que en la actualidad puede consumir
fácilmente el flujo de información acerca de
sus propuestas artísticas, opiniones políticas, y las
detenciones en serie. El pueblo cubano se
mantiene fuera de la imagen, por así decirlo,
pero la situación de Cuba como una superpotencia en
arte queda en escrutinio. Cuba atrae a miles
de extranjeros a sus eventos
culturales cada año y el buen funcionamiento de su
maquinaria de promoción depende de la aprobación de las
alianzas con instituciones, benefactores, luminarias del
arte y turistas del mundo exterior. Los artistas
cubanos que viven en la isla dependen en gran
medida de los ingresos de las ventas a los
extranjeros. A la luz del hecho de que en el año
pasado, artistas y profesionales de las artes invitados
a las bienales de Sao Paulo y Sydney han
ejercido voluntad política expresando su
oposición al financiamiento de los gobiernos y las
empresas patrocinadoras cuyas prácticas son consideradas poco
éticas, bien puede ser el momento para que
los conocedores del mundo del arte, que durante tanto
tiempo han estado encantados por las excentricidades
de Cuba, por la
retórica anti-imperialista, y por los precios del
arte relativamente baratos, consideren lo que, más allá
de la convención de cartas
públicas indignadas, podría servir como una respuesta
válida a un estado que impone
medidas draconianas para mantener un control
hegemónico sobreel espacio público y el discurso.
"Este texto fue publicado por primera vez en la
revista e-flux no. 60, de diciembre de 2014."
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