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Ana Teresa Barbosa
ANIMALES FAMILIARES
Si quieres puede ser puro
Pero para mí puro es salvaje
Como el primer día del sol
Ana cose para descocerse, compone para descomponerse a colores.
Antes hizo latente la condición material del vestido, deshilándolo, deshilachándolo, y continuó con su piel y órganos internos.
Una buena/nueva temporada de cosecha, de excavaciones, deja al
descubierto otra capa de pintura: bajo la civilización y las buenas
maneras subyace la profundidad animal de la tierra. Tal como suena.
(Hoy la naturaleza es representada con una frivolidad que
espanta. Es un decorado, styling, un look, un recurso estético sin
mayor discurso o significado. Como si fuera una fantasía.
A inicios del siglo veinte los futuristas hablaban de las máquinas sin
aliento, con el arrobamiento del tesoro descubierto; en nuestros
tiempos ¿la representación reiterada del reino animal evidencia un
universo antiguo y sublimado, un sueño recurrente?)
En las escenas de Ana la fauna encarna, la piel no es animal print. Nos
recuerda que somos nosotros, bajo esta construcción residencial y
funcional. Cuando aceleras el auto y tocas el claxon, cuando sales de
cacería, cuando saciar el hambre o el sueño es lo único, cuando no
piensas en nada, y miras al vacío…
y estamos iluminados, cuando nos chupamos los dedos, unos a otros,
protegemos con la vida a nuestros hermanos, cuando volamos, amaestramos
y depredamos; cuando somos vitales y sencillos, invasión bordada,
peluda, de piel desbordada. Si errar es humano, el lado salvaje es
nuestra piel más perfecta. Cuando amamos, somos humanos y nos mordemos.
Cuando amamos, perdemos el control y nos lamemos.
Cuando los animales atacan.
Tilsa Otta
8 de septiembre de 2011
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