Rafael capilla
Mi trabajo explora las problemáticas del individuo desde los apectos de
género, identidad y cuerpo, frente al orden mundial. Desde estas
reflexiones exploro las posibilidades del textil. La ropa se puede
considerar una plataforma de la que su estudio puede arrojar las
pimeras reflexiones sobre el cuerpo, la identidad y los comportamientos
de éste en diversos contextos.
Desde las diferentes revoluciones cognitivas y laborales, el hombre
siempre ha sido controlado. Las formas capitalistas rigen el cuerpo
como forma de dominio, instrucción, sometimiento y explotación del
individuo, con los topes del capitalismo (máquina de vapor, automóvil)
éste ha sido dependiente de los proceso de subjetivación, donde la
simbiosis y ánimos de progreso hacen de éste una clase de autómata,
obediente de las jornadas laborales y las condiciones incuestionables
de su contexto social. El individuo no sólo era constantemente vigilado
y limitado, el dominio del tiempo era el secreto del poder de los jefes
y tanto la inmovilización de sus subordinados en el espacio mediante la
negación del derecho a moverse como la rutinización del ritmo temporal
impuesto eran las principales estrategias del ejercicio del poder. La
pirámide de poder estaba construida sobre la base de la velocidad, el
acceso a los medios de transporte y la subsiguiente libertad de
movimientos.
Actualmente el capital plantea a la ropa como un producto y no como un
objeto de necesidad, marca una tendencia muy clara en el comportamiento
de las corporaciones multinacionales: esta tendencia se resume en que
las corporaciones estarían cada vez menos interesadas en vender
productos, sino que lo que venden son modos de vida e imágenes. Así
observa como en muchos casos la manufactura de mercancías con el nombre
de famosas marcas son subcontratadas a otras compañías, mientras la
corporación en sí se enfoca exclusivamente en el marketing de marca. El
objetivo principal es asociar la marca a una imagen de prestigio o de
vida atractiva. Con el transcurso del tiempo, la ropa comienza a
asociarse a la ubicación en la sociedad, dependiendo esta indumentaria,
de la modestia personal, la ostentación o el lujo, las posibilidades
económicas, las actividades laborales, etc. Las modas son cambiantes,
pero cada vez más se busca la comodidad y la simplicidad, aunque en la
historia de la indumentaria se han usado mantos, túnicas, uniformes,
kimonos, trajes, vestidos de cola, taparrabos, etc, según la cultura y
las costumbres de cada región y época.
Este tipo de problemáticas no solo plantean modificar al cuerpo si no
también su política corporal y social. Es así que la vestimenta esboza
una serie de cuestiones sobre la identidad, el género y el momento
histórico-político, el cual se percibe en la ropa típica de cualquier
sociedad. Es aquí que comienza mi trabajo de circular o desplazar este
tipo de vestimentas hacia otros círculos discursivos, por ejemplo la
problemática que representa la indumentaria de control en muchos países
y se encuentra en un debate público y es denunciado como un símbolo de
la opresión, al igual que una serie de prácticas, que subyugan a
cualquier género.
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