Ángel Solano
El
proyecto Naturaleza crónico-degenerativa, está basado en una revisión
puntual de la naturaleza muerta como tema de género y su
resemantización en el escenario del arte contemporáneo. Ángel toma como
punto de partida la experiencia personal y asimilación cotidiana de la
enfermedad de su madre, quien padece desde hace casi nueve años Lupus
Eritematoso Sistémico (LES). Según el Instituto Mexicano del Seguro
Social “En México, cada año alrededor de tres mil personas desarrollan
LES”.
El término Naturaleza Muerta, hace referencia a las ideas y los ideales
tácitamente expresados sobre objetos cotidianos considerados dignos de
representase en cuadros. En la tradición pictórica los objetos
representados en la Naturaleza Muerta ofrecían una lectura, en
ocasiones, de poder y abundancia, las cuales se relacionan directamente
con la salud, en otras como analogía a la muerte y resurrección de
Cristo y, de modo similar como documentación del panorama económico.
Partiendo de estas premisas, la enfermedad es un referente
contemporáneo de la situación humana, envuelta en complejos mecanismos
de segregación ocasionados por el capitalismo. La salud es el resultado
de ingestas cotidianas de medicamentos y utilización de objetos
médicos, los cuales tienen un alto costo en el mercado. Por lo tanto el
concepto de enfermedad, en la sociedad contemporánea, depende del nivel
económico o poder de adquisición.
Esta serie de óleos realiza una síntesis especulativa entre la
comparación directa con los objetos de la tradición y su sustituto
inmediato en la escena contemporánea, los medicamentos y objetos
quirúrgicos. Así como ser una documentación del ámbito personal de lo
que representa ser y estar enfermo en el contexto de la intimidad y su
repercusión social.
En la sociedad contemporánea el concepto de enfermedad depende en gran
medida de la posición económica que el paciente o su familia tenga. En
México el sistema público de salud no cubre las necesidades básicas de
una enfermedad crónico-degenerativa como el LES. Así que, el resultado
de los gastos durante un padecimiento es elevado, en ocasiones
incosteable. De esta forma, la ingesta y compra de medicinas se
transforma en una actividad de lujo y no en la satisfacción de una
necesidad vital.
“La presencia de
personas con alguna limitación de actividades por enfermedad [tiene] un
efecto importante en el gasto por motivos de salud de los hogares,
sobre todo cuando las limitaciones [son] moderadas o graves, ya que
representan casi el doble de gasto que desembolsaron los hogares sin
personas discapacitadas, (…) el mayor impacto por motivos de salud en
el bienestar de los hogares se debe a shocks o imprevistos en salud, y
éstos son más grandes en hogares relativamente más pobres”.1
En este sentido es evidente que el concepto de enfermedad no es similar
para una persona en una posición económica alta, la cuál puede acceder
fácilmente a las sustancias que su cuerpo necesita, que para una
persona de escasos recursos, ya que la adquisición de los “objetos
sanadores” se vuelve un padecimiento anexo a su enfermedad. De esta
forma, el objeto médico adquiere una lectura de poder adquisitivo,
además de fetiche relacionado con la salud y con el sentido de
impernanencia del ser humano, puede atribuírsele una noción de vanidad,
como estrategia para ganarle tiempo a la vida.
1
José E Urquieta-Salomón; José L Figueroa, Bernardo Hernández-Prado. El
gasto en salud relacionado con la condición de discapacidad. Un
análisis en población pobre de México, Salud pública
Méx v.50 n.2 Cuernavaca mar./abr. 2008,
http://dx.doi.org/10.1590/S0036-36342008000200007
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