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Gabriel de la Mora
Colima, México. 1968.
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Gabriel
de la Mora es un coleccionista de fotografías, herramientas, materiales
residuales, desechos, documentos encontrados, cabellos, papeles viejos,
entre otros objetos inclasificables que perviven entre lo fantástico,
lo macabro y lo repulsivo. En su estudio, una mezcla de gabinete de
curiosidades y laboratorio forense, tiene lugar el cruce entre tal
acumulación y su instinto vital, una pulsión que somete el pasado al
escrutinio hermenéutico del presente. A partir de procedimientos
formales rigurosos y las metodologías conceptuales del arte
contemporáneo, de la Mora reinscribe alquímicamente estos residuos en
los que el pasado pervive, con un modus operandi sistemático que
recuerda la minuciosidad de la examinación indexical de los detectives
y los criminólogos.
Con una formación de arquitecto y posteriormente un Master of Fine
Artes en Pintura en el Pratt Institute de Nueva York, el trabajo de
Gabriel de la Mora radica en cuestionar y experimentar los límites
intersticiales entre la pintura, el dibujo y la escultura. Estos
soportes originarios de la experiencia simbólica, devienen en registros
propensos a la abstracción formalista, como también indicios
autobiográficos. El enlace entre los lenguajes constructivistas y los
hallazgos fortuitos evocativos de la experiencia dadaísta, actualizan
la óptica minimalista/conceptual, de tal manera que lo íntimo y
personal se muestra en la convención universal de la abstracción
modernista.
Más que un pintor, escultor o dibujante; Gabriel es un artista que
trabaja con ideas, posibilidades y conceptos. En ese sentido, la
categoría metafísicas del tiempo se vuelve un factor fundamental en
cada pieza. Para él, una obra de arte pretende subsistir al personaje
que la crea, aspira a la eternidad, ya que los deseos de vida son la
clara evidencia de una pulsión de muerte inexorable. Existe una meta
principal como artista y esta va sobre la búsqueda del equilibrio entre
lo conceptual y lo formal para significar lo universal. Desde el
surgimiento de una idea hasta la ejecución de la misma en las
superficies monocromáticas, las líneas, los volúmenes, los documentos y
los registros de los procesos que se entremezclan para dar lugar tanto
a las obras de arte como a un archivo en el que el artista resguarda
obsesivamente el paso del tiempo. La obra de Gabriel de la Mora es una
constelación de índices para la aparición de una totalidad metafísica.
En ella lo oculto, lo misterioso, lo inasible, es decir, las
experiencias propensas al extrañamiento, se nos presentan como lo
familiar.
Willy Kautz 2012.
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dr^k magazine 2013,
Ciudad de México.
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