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Foxygen
Corina del Carmen Arriola Romero


 

El siglo XXI se ha caracterizado musicalmente por la mezcla ecléctica de ritmos, géneros y corrientes que recorren el mundo rápidamente, gracias a internet, y que nos llevan a los más diversos escenarios melódicos.

Entre tanto movimiento y diversidad, Sam France y Jonathan Rado de Foxygen nos ofrecen, con su más reciente disco We are the 21st century ambassadors of peace and magic, una propuesta fresca y actual de rock clásico acompañado con varias dosis de reggae, psicodélico, funk, R&B, algo de country y pop.

A pesar de que sólo cuentan con dos producciones oficiales, este dueto ha hecho música y grabado discos desde su adolescencia. Fue así como Richard Swift, músico al que admiran, los descubrió. Los jóvenes californianos le entregaron un CD-R recién quemado con las canciones que ahora pertenecen a su primer disco oficial Take the kids off Broadway. Fue así como este músico decidió producir esta pieza discográfica.

El disco empieza con In the darkness, una canción ligera y alegre en la que predomina un piano armonioso que hace compañía a una letra que habla de los pensamientos que se tienen en la oscuridad, no por eso lúgubres, sino cavilaciones sobre aliens, recuerdos pueriles  y la disyuntiva sobre ir a trabajar o mejor pasar el día sentado en una colina.

El tercer track: Blue mountain, me recuerda un poco a Arcade Fire en el Neon Bible: la voz llena de emoción y el sónido del órgano. Después viene el sabor del indie en los sonidos pegajosos de los acordes y las palabras. Los sonidos del blues se dejan caer lentamente para después acelerar, regresar al indie y terminar la experiencia con pianos frenéticos que recuerdan a la psicodelia de los 60’s. Esta canción refleja el espíritu y el estilo del disco.

Bowling trophies el quinto tema ubicado justo a la mitad del disco es como un intermedio, un descanso psicodélico, cadencioso, con toques de funk y jazz conformados por notas de piano, guitarra, coros sutiles y, lo que parece ser, el sonido de un motor de motocicleta al fondo.
La segunda mitad del disco se inunda con ritmos bailables de reggae y R&B en piezas como Shuggie y Oh yeah. El penúltimo track, homónimo del disco, es un tema lleno de humor en el que se proclaman filósofos y embajadores de la paz y la magia.

Finalmente estos californianos cierran con broche de oro con Oh no 2, una canción lenta que contrasta con el movimiento constante y frenético de los 8 temas anteriores. Pasajes oscuros creados por sonidos caóticos, mientras la voz desesperada plantea dudas sobre el futuro y sobre un presente turbio, para rematar con un poco de esperanza irónica con la frase “So try to be what God wants you to be and say that i love you" again”.

Un disco recomendable que en tan sólo 9 piezas nos brinda un gran número de matices sonoros, de géneros que se difuminan en una base de rock sencillo y clásico. Sin duda uno de las excelentes propuestas con las que empezamos este 2013.






























 dr^k magazine 2013, Ciudad de México.
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