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Afropunk I
Dib Dannemiller



Después de lo que pareció ser, por un par de días, una reñida contienda  electoral, Obama salió a la luz para recalcar el viejo dicho. “Once you go black you never go back.” Es preciso recordar que si no hubiera sido por la ayuda de Jay Z y de sus amiguitos, el candidato demócrata quizás no habría convencido a los nuevos jóvenes indecisos de votar por él. Es bastante obvio que los asesores del ahora presidente se pusieron al tiro y supieron ver la relación beneficiosa que hay entre la música y la política. Sobre todo si el hombre que te apoya es uno de los músicos más ricos del planeta.

Pero la interrelación que podemos hacer de Obama y la música en general va más allá de la predilección que tiene por Jay Z (con todo y los consejos paternales que le ha dado a él y Beyoncé) o del acarreo de votos blancos con la ayuda de Bruce Springsteen (dudo seriamente que cualquier redneck meditabundo entre ambos candidatos fuera a resolver su voto con la ayuda de 99 Problems).

La interrelación que pretendo exponer en este y el siguiente número es casi metafórica. Pone énfasis en las similitudes entre Mr. President y un grupo específico de morros de las décadas de los 80s y 90s. Creo que podemos trazar una línea entre ciertos aspectos de la vida de Barry y los pocos grupos de Afropunk que han existido a lo largo de la historia. Barry Obama es solo un pretexto del presente para conocer un fenómeno del pasado.

Para entrar en materia es necesario, imperativo, acudir a Chris Rock. Como no puedo poner links, los insto a que busquen “Chris rock White voters” en youtube.

En pocas palabras, el comediante gringo insta a la población blanca de EU a votar por Obama por el simple hecho de que él también es blanco (por una serie de razones que no vale la pena explicar, vean el video). Es más que ocioso, fútil e imbécil especificar que este video es una broma. Todos saben que Obama es negro, no hay porqué recalcar sobre ello. Sin embargo, me parece que, a pesar de todo Barry no vivió la “típica vida” de la mayor parte de la población afroamericana de EU. No es una cuestión de estereotipos, es una cuestión de hechos. El presidente vivió en Hawaii, con sus abuelos, sin carencias, y pudo estudiar en dos de las universidades más prestigiosas del mundo (Columbia y Harvard).  Lamentablemente, ese no es el pan de todos los días para el resto de la población negra de EU (considerando que son el grupo racial que tiene menores ingresos per cápita).
El nuevo presidente representó a una minoría dentro de una minoría (afroamericanos de la Ivy League, por simplificarlo). Esto nos da el pretexto perfecto para centrarnos en un fenómeno musical similar a la situación del presidente.
Obama es el pionero negro de la política oficial gringa, justo como lo fueron Pure Hell o Bad Brains para el punk veterano y el hardcore en su momento.

 La frase que tanto repitió el escaso público negro del punk “I got there and I was the only black kid in the crowd”, y que probablemente los inspiró para darle su propio toque a este estilo musical tan terriblemente suburbano, bien podría ser trasladada al dominio político para explicar la situación de Barack.

Cuando uno comienza a escuchar cierto tipo de música se centra en escuchar la música y ya. Sobre todo si es punk. No importa realmente de dónde hayan salido los músicos, sólo importa que estés sintiendo al rojo vivo la oleada de furia, depresión y despapaye que quieren transmitirte. Así me pasó con los primeros discos de punk que escuché: catorce años, estaba en un pueblo perdido de Ohio con mi familia y me encontré con el Damaged de Black Flag. En ese momento comprendí que debería ser una obligación para todos los pubertos desayunar, comer y cenar hardcore. Los granos, la torpeza y la estupidez se llevan demasiado bien con la furia y la distorsión y las ganas de pegarle a las cosas o a la gente o a lo que sea.
No fue sino hasta años después cuando comencé a interesarme por ahondar sobre los grupos que llevaba escuchando desde hacía un par de años. Conseguí American Hardcore, el ya clásico documental de una de las mejores variantes del punk gringo. Con la llegada del documental y la salida de la pubertad pude concentrarme un poco más en hacerme preguntas ociosas sobre el punk en lugar de querer pegarle al espejo constantemente. Por más torpe que suene, me resultó curioso notar que el punk (por lo menos el que había escuchado hasta el momento) era un fenómeno blanco. No importaba mucho de qué estrato social saliera, el punk de importación era blanco en su mayoría. Me surgió la duda esperada: ¿había punk negro?

En la siguiente entrega veremos un par de ejemplos que nos ilustren sobre la magia del Afropunk.




























 dr^k magazine 2013, Ciudad de México.
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