Ramón Peñaloza Posada
Ramón
Peñaloza Posada es un artista que se ha mantenido trabajando durante
muchos años de manera fiel con la pintura. Comenzó como muchos otros
con lecciones en su infancia, realizando copias al óleo. Al estallar la
huelga de la UNAM en 1999 sus estudios en medicina se vieron
interrumpidos, lo cuál lo llevó por casualidad, buscando su abandonada
pasión por la pintura y el dibujo al taller de Gilberto Aceves Navarro.
Es de esperarse que viniendo de una familia de médicos, la disciplina y
la constancia sean valores primordiales en la producción de Peñaloza.
Al terminar la huelga, ingresó a la Escuela Nacional de Artes
Plásticas. La apatía que impregnaba la escuela le hizo permanecer
trabajando en el estudio de Aceves Navarro. Estando en ambos
lugares, no tardó en abandonar la licenciatura al comenzar a
trabajar como asistente de Gilberto Aceves para la serie Autorretratos
Fragmentados. A partir de ahí la obra de Ramón ha sufrido diversas
transformaciones para alcanzar el lugar en el que se ha establecido,
pasando de una relación estrecha con el expresionismo abstracto hacía
lo que se podría describir como un minimalismo constructivista.
Peñaloza forma parte de la generación más joven que ha formado Gilberto
Aceves Navarro la cuál ha dejado de lado la tradición expresionista
buscando un mejor entendimiento de las formas y el espacio. Con mezclas
de trazos certeros y afortunados accidentes, las imágenes construidas
por Ramón guardan una intensa relación con le representación matérica
del cuerpo. Así mismo ha desempeñado una fuerte labor como
docente de manera pública y privada, en especial como maestro durante
más de cinco años en el taller de Gilberto Aceves Navarro. Aunque de
carácter figurativo, la producción de Ramón no ha descansado de
impulsar una pintura mucho más alquímica sobre de lo bien pintado.
La obra de Ramón busca regresar al origen, al punto de partida en la
pintura; aquel momento en el que uno se da cuenta que puede reproducir
la realidad. Así ha cerrado el paso para el mensaje que emite el
pintor, abriendo lugar a la voz de la pintura.
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