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Cinco
variaciones de circunstancias fónicas y una pausa.
Jussel Rames
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A
partir de su construcción original iniciada en 1591, el Convento de San
Diego ha sufrido distintas modificaciones en su estructura. Tras la
exclaustración de los frailes, el edificio se fraccionó creándose lo
que en nuestros días son las calles de Colón, Balderas y Dr. Mora. En
el año 2000, el convento fue transformado en el Laboratorio Arte Alameda,
utilizando como espacios de exhibición el atrio, la nave
principal, la capilla de Dolores, el claustro bajo y el coro, además de
una sala anexa.
Desde hace tiempo se ha emprendido una restauración en el Convento de
San Diego, lo que obligó al LAA a cerrar sus puertas. De cualquier
manera, este espacio dedicado a la difusión de arte contemporáneo, en
especial obra experimental y asistida por nuevas tecnologías, está a
punto de abrir sus puertas nuevamente. El Laboratorio Arte Alameda
presenta Cinco variaciones de circunstancias fónicas y una pausa, una
exposición de la artista mexicana Tania Candiani.
Candiani, quien se considera oriunda de Tijuana y la Ciudad de México,
ha trabajado alrededor de la arquitectura y sus procesos. Con énfasis
en la noción de los espacios que se generan, cómo son percibidos y cómo
se insertan y pasan a pertenecer a cultura popular, produjo sus
proyectos de investigación y producción sobre el concepto de vivienda,
modernización y el espacio doméstico, Classic
Six/New York City and Unidad Habitacional Nonoalco/Mexico City que fueron apoyados por una Guggenheim Fellowship.
Durante más de 10 años, el trabajo de Tania Candiani ha explorado
diversas líneas y fenómenos sociales que vinculan la estética y el
lenguaje. En esta ocasión, la propuesta para el LAA está orientada
hacia procesos y artefactos que generan aquello que se ha denominado
como circunstancia fónica; cada una contiene y expande un tipo de
imaginario asociado a máquinas, instrumentos y tecnologías específicas,
cuya cualidad sonoro-fonética se expone a la Variación.
Se cree que Las Variaciones sobre un tema rococó, escritas por
Chaikovski están dedicadas a Mozart. Es una cuestión difícil saber en
qué parte radica la genialidad de esta obra. Sin duda, en las variaciones brota
la noción de un aparente bucle que no hace más que transformarse hasta
el punto de expirar. La idea de variación ha estado presente desde que
el hombre ha trabajado el campo de la construcción de imágenes, sin
importar los medios que se utilicen. Yendo desde la inmensa cantidad de
deposiciones de la cruz que infestan nuestro mundo y las variaciones
sacras del Españoleto, hasta los estudios griegos de Piccasso y
la Gioconda de Duchamp, el acto de transformar una idea siempre
ha ocupado un lugar importante en la producción artística del hombre.
Las variaciones que propone Candiani en esta exhibición curada por
Karla Jasso son también invenciones en tanto guardan la intención de
incitar el asombro y la inquietud. Representan nociones nuevas para
escuchar que apelan a la afectación de lo audible, pero también a la
desestabilización de la utilidad que el hombre ha impuesto a las
máquinas, instrumentos y técnicas: el órgano, la pianola, los
sonidistas, la escribanía, la bordadora y el campanario. Cada
dispositivo remite a una tecnología específica asociada a una
circunstancia fónica particular, ya sea sonora, musical, oral, sígnica.
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