|
Entre
las diferentes subculturas que brotaron en los ochenta, un grupo de
escritores jóvenes irrumpieron en la escena de la literatura de ciencia
ficción. Se levantaron bajo diversos nombres, como lo fueron
Outlaw Technologists, Radical Hard SF, The Eighties Wave, los
Neurománticos y el Grupo Mirrorshades.
En 1986, Bruce Sterling publicó Mirrorshades, una compilación de lo que
sería la literatura Cyberpunk. Éste género es producto de la década de
los ochenta, sin embargo sus raíces se encuentran en la tradicional Sci
Fi veinte años atrás. Como grupo, los CP se insertan dentro de
la tradición de la CF, siguiendo a la New Wave de los sesentas y
setentas, el último “movimiento” designado por la CF. Con ellos,
llegaron nuevos paradigmas para el género. Al igual que los
punks del 77 los CP apremiaron la estética de garage mostrando
el lado bruto de la CF, al igual que el punk lo hizo con el rock n’
roll de los setenta.
Como
la música punk, el CP de alguna manera es un
regreso a las raíces. Posiblemente fue la primera generación de la CF
en crecer no sólo dentro de la literatura sino en un mundo de
verdadera Sci Fi. Gibson, Rucker Shiner, Shirley y Sterling encontraron
una unidad amistosa dentro de su producción. Los lentes de sol, que
reflejan como espejos, han sido un totem del movimiento desde el 82. Las
razones de esto no son difíciles de procesar, al esconder los ojos, los
cristales polarizados de los lentes oscuros previenen que las fuerzas
de la normalidad nos dejen ver si alguien es peligroso o está loco. Los
lentes oscuros aparecieron en la literatura Cyberpunk como un sello
característico de sus personajes.
Debido a esto, los proto-cyberpunks de principios de los ochentas
pronto fueron bautizados como el Grupo Mirrorshades. El trabajo de los
Cyberpunks es paralelo a la cultura pop de los ochenta, con videos de
rock, el undergound hacker, la tecnología callejera del hip-hop y el
scratch, y el rock con sintetizadores en Tokio y Londres. La
contracultura de los sesenta nunca dejó se ser contradictoria, fue
rural, romántica, anti-científica, anti-tecnológica, pero siempre
cargaron principalmente con la guitarra eléctrica como escudo. La
tecnología que usaba el Rock era sin duda exclusiva y de punta.
Conforme la tecnología ha ido avanzando, se ha salido de control y
ha llegado a las calles. Como plantea Alvin Toffler en The Third Wave
(la biblia para muchos Cyberpunks), la revolución técnica para
transformar nuestra sociedad no se basa en jerarquías sino en la
descentralización, y no en la rigidez sino en el fluir. El hacker y el
rockstar se han vuelto figuras ideáticas en la cultura pop, y sin duda
el CP es un fenómeno pop, espontáneo, energético y cercano a sus
raíces. Es el punto en el que el hacker y el
rockstar se juntan en una sola figura; es una caja de Petri, que a veces es
considerada la casa de un producto monstruoso, pero para otros una
poderosa fuente de esperanza.
Exploran temas como la invasión corporal, miembros protésicos,
circuitos implantados, cirugía cosmética, alteración genética, y temas aún más
fuertes como la invasión mental, interfaces
cerebro-computadora, inteligencia artificial, neuroquímica y técnicas
que radicalmente redefinen la historia de la humanidad y la naturaleza
del ser. Como planteó Norman Spinrad, muchas drogas, como el rock n’
roll son producto de altas tecnologías. Ninguna contracultura de la
Madre Tierra nos abasteció con ácido lisérgico, surgió de un
laboratorio de Sanadoz. Timothy Leary describió a las computadoras
personales como el LSD de los 80’s.
Dicha década fue una época de revalorización, de integración, de
influencias híbridas, de las viejas nociones sueltas y reinterpretadas
con una nueva sofisticación, una perspectiva más amplia. Los CP buscan un amplio punto de vista global.
Neuromante de William Gibson, sin duda, la novela CP por
excelencia, se desarrolla en Tokio, Estambul y París. Frontera de Lewis
Shiner presenta escenas en Rusia y México, así como la superficie de
Marte. Eclipse de John Shirley describe la Europa occidental en el
caos. Blood Music de Greg Bear es global, incluso cósmica. Las
herramientas de la integración global, la red satelital de medios, la
empresa multinacional han fascinado desde el principio a los cyberpunks
y la figuran constantemente en su trabajo.
Además de buscar sus fundamentos en autores de Ciencia Ficción de los
sesenta como J.G. Ballard, Brian Aldiss, Phillip K. Dick, Thomas
Pynchon, Norman Spinrad e incluso visionarios como H.G. Wells, Aldous
Huxley y Olaf Stapledon, los CP reconocen dos filmes del 82
como hitos fundacionales. Videodrome de David Cronenberg y Blade Runner
de Riddley Scott, ya que cada una anticipó el futuro de cuerpos y
mentes invadidas por tecnologías obligados a vivir en un mundo
obscenamente triste y degradado.
Hoy vivimos en un mundo en el que en ocasiones lo virtual puede ser más
real que la realidad. En el que una red que nos interconecta
puede abrirnos puertas maravillosas o terminarnos con una sobredosis de
información. De cualquier manera, la cuestión nunca ha sido si un
cuerpo asistido por máquinas es mejor que uno natural. En realidad el
factor clave son las posibilidades que tiene la tecnología electrónica
para existir dentro de las máquinas o bien abandonarlas para entrar en
los dominios de lo ahora mal llamado “real”.
El Cyberpunk llegó a tal punto que Bruce Sterling dijo que los
escritores del género habían dejado de existir. Con el tiempo cada uno
había producido bajo líneas literarias distintas. En su lugar los
nuevos cyberpunks son ahora los libertarios de Internet, los artistas y
músicos que trabajan y se asisten por computadoras, los diseñadores de
videojuegos y los críticos culturales. Una sociedad cyberespacial que
puede resistirse y bombardear el sistema desde un mundo virtual. |

Sony Center Berlin, Alemania.

Cyberpunk 2020
Role Playing Game, basado en las
ideas del Grupor Mirrorshade

Blade Runner (1982) Ridlley Scott

Videodrome (1982) David Cronenberg
|