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Apuntes sobre un icono desapercibido
Manu Printster
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La
mezclilla es originaria de Nîmes (Francia) y de ahí el nombre en inglés
denim, (en francés no se pronuncian las letras e-s finales, y se lee
denim). El nombre jeans viene del nombre de Génova en francés (Gênes),
que tiene una pronunciación similar a la de jeans.
Los pantalones vaqueros se desarrollaron en Estados Unidos alrededor de
1872. Levi Strauss era por entonces un comerciante que vivía en San
Francisco. Uno de sus clientes, un sastre que le compraba rollos de
tela llamado Jacob Davis, cansado de comprar tela para remendar los
pantalones rotos, pensó en reforzarlos con remaches de cobre en algunos
puntos de especial tensión, tales como los extremos de los bolsillos o
la base de la bragueta. Como Jacobs no tenía dinero para patentar la
idea, le propuso a Levi hacer negocios juntos. Levi aceptó y el 20 de
mayo de 1873 recibieron la patente #139,121 de la Oficina de patentes y
marcas estadounidense y nació el pantalón vaquero tal y como lo
conocemos hoy día.
Resulta curioso el efecto que tuvieron los vaqueros en la década de los
30’s, ya que el tan ahora conocido outfit “vaquero” no es sino producto
de las películas de aquellos años, la influencia del cine en el día a
día llevó a la mezclilla de la pantalla grande al uso cotidiano, a
crear la mundial y atemporal imagen del vaquero y su mundo western, un
mundo admirado de polo a polo alrededor del globo. A consecuencia de lo
anterior, se puede pensar también en la mezclilla como un icono temprano
de lo que años mas tarde será el tan criticado o alabado “american way
of life…”.
No es gratuito que en las subculturas que habrían de nacer y
constantemente substituirse una a la otra a lo largo de todo el siglo
XX, la mezclilla juegue un papel tan fundamental que en muchos casos
pasa completamente desapercibido.
Casi cualquier movimiento subcultural adoptó la mezclilla como fiel
textil representativo de la causa desde los “greasers” en los 50’s a
los “hipster”, “regaetoneros” “3ballers” y demás movimientos de pleno
siglo XXI. Los jeans han sufrido transformaciones, al igual que nuestra
sociedad, esta simple prenda ha hecho lo mismo uniendo que dividiendo,
miles de personas generación tras generación, sin importar raza,
ideología, estatus social o económico.
Es una prenda que debido a su versatilidad y alta durabilidad le ha
dado la mejor de todas las cualidades: la atemporalidad, no importa
tendencia, temporada o año, es ya un básico. Cargada de poder cultural,
de una utopía contemporánea, la mezclilla es la apuesta,
tomando esa poética idea del constructivismo ruso sobre el uso del
uniforme como agente para abolir clases y concebir la idea de igualdad.
La mezclilla es ese elemento mediante el cual lo anterior pudiera
llegar a materializarse, es lógico si vemos todos los momentos
históricos en los que dicho textil a sido cómplice: desde aquellos
mineros
en el 1800 tardío hasta Elvis. La mezclilla en sus fibras guarda
promesas de un mejor mañana, de la
moda fuera de lo banal, de la moda como factor relacional y estético
para la conformación de un mejor mundo y la configuración un ícono
contemporáneo.
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