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Emilio Rojas.
Emilio Rojas es un artista originario de la Ciudad de México que busca
romper límites y crear experiencias catárticas que inviten a sus
expectadores a dejar de observar para volverse parte de ellas.
Su trabajo se manifiesta a través de una diversidad de medios como lo
son el performance, el video, la escultura y la instalación. La
relación que mantiene con su cuerpo no solo es uno de sus temas sino
que se ha convertido en uno de sus medios de mayor importancia. Emilio
reestructura el lenguaje, el género, el activismo, la tradición, los
procesos migratorios y de desplazamiento así como la sexualidad.
Establecido en Vancouver, B.C., ha cursado sus estudios en la Emily
Carr University of Art and Design. Su obra ha sido exhibida en Estados
Unidos, Mexico, Canadá, Austria, Inglaterra, Alemania, Italia, España y
Australia. El año pasado participó en la 54va Bienal de Venecia como
parte del Pirate Camp: Stateless
Pavillion, un programa de residencia para artistas emrgentes.
Para el Stateless Pavillion
planteó una lista de acciones a realizar antes de su llegada a Europa,
sin conocer la obra en los pabellones de la bienal, ni el lugar ni a
los artistas. Viajando a Europa vestido de pirata, Emilio comenzó a
realizar acciónes entre las cuales estuvieron no utilizar la
acreditación recibida para entrar a la bienal ni beneficiarse de
ella, robar una pieza de algún pabellón que se le pudiera regalar al
público, entrar al Giardini diario desde distintos puntos de acceso
ilegales, caminar descalzo por todos los pabellones para realizar una
impresión de sus pies con el polvo del piso, modificar la obra de
los pabellones al intervenirla con videos, vinil autoadherible y su
propio cuerpo y transformar las banderas de méxico e italia
aprovechando su similitud.
Así fue como a lo largo de su estancia en Venecia, Emilio robó
una sandía de la pieza de Sigalit Landau en el pabellón de Israel la
cuál después regaló a un grupo de personas que tomaban un tour
con Ayreen Anastas y Rene Gabri (Palestina e Irán), proyectó el escudo
de la bandera de méxico sobre la bandera italiana, y brincó las bardas
del Giardini día tras día para abducir al público de la bienal fuera de
su cotidianeidad.
Obsesionado con lo efímero, ha emprendido una recolección automática de
objetos que después se transforman en las herramientas artísticas de su
futuro más inmediato. Su cuerpo no solo es su herramienta de trabajo
sino también una fuente de recursos, de la que obtiene desechos y
fluidos como agentes de significación. Al trabajar con el performance
Emilio trata de vivir un momento único en el espacio-tiempo, la
estética y la acción. Confiando en que el arte tiene la
capacidad de generar cambios y despertar emociones, busca transformarse
junto con la gente que le rodea para crear circunstancias que reten a
su público a abandonar lo cotidiano en busca de un despertar
espiritual.
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