ENTREVISTA CON JOSÉ LUIS
BREA HOTEL
NH CENTRO HISTÓRICO, CIUDAD DE MÉXICO JULIO 1,
2007
CARMEN
CEBREROS.- Me
interesa recuperar algunas cosas de lo que estabas hablando el día de ayer. Me
interesan estas dos instancias de la imagen ROM y RAM de las que hablas. Te
quiero preguntar si el momento RAM implica una desjerarquización de las imágenes
o alguna manera de rearticular el sistema de valoración de las
imágenes.
JOSÉ
LUIS BREA.-
Yo creo que sí, que realmente sí implica una desjerarquización en el sentido de
que como todo el régimen ROM de archivo implicaba también una selección de las
imágenes, como para trabajar con aquellas singulares que constituían por alguna
razón las más apreciada; las que constituían objeto de documento o de monumento,
aquellas que iban a ser compartidas. Nada más que es importante el hecho de que,
con la aparición de la imagen electrónica proliferen, es decir que hay
muchísimas más. Digamos que antes ─ciertamente─ las imágenes eran escasas en el
mundo, había poquitas, ahora hay muchísimas. Eso implica un proceso de
desjerarquización en el sentido de que, al haber tantas, es muy difícil
establecer entre ellas jerarquías que determinen cuáles son las que merecen
mantenerse.
CC.-
Tú
hablas sobre la regulación de las imágenes ¿consideras que las instancias
productoras de imágenes se han transformado también?
JLB.-
También ha cambiado, es decir, el régimen de producción de las imágenes era
extremadamente complicado. Producir una imagen implicaba una serie de destrezas
porque había que materializarlas. Hoy en día las máquinas son las que producen
las imágenes realmente, y el trabajo quizás es pulirlas, post-producirlas El
trabajo básico de producción de imágenes lo realizan máquinas, y además máquinas
cada vez más accesibles a un usuario cualquiera (no especialmente
profesionalizado). Eso implica también cambios muy importantes de cara a los
productores.
Quizás
cuando hablas de la desjerarquización de las imágenes te referías un poco a la
reflexión que estaba yo introduciendo sobre arte y no arte.
CC.-
No, pero un poco más adelante sí.
Yo
querría abordar lo que comentabas ayer sobre el “suicidio del arte” y
paralelamente esta compulsión institucionalizada —y es parte de la pregunta si
crees que es institucionalizada o no— por expandir los territorios donde el arte
se emplaza.
JLB.-
Bueno yo no estoy seguro de que la actitud que esté tomando ahora mismo la
institución arte sea una de expandir territorios. Creo que ha habido un tiempo
en que sí lo ha hecho y ha acogido las nuevas prácticas que se daban por ejemplo
en el campo de internet. Pero creo que esa actitud la ha cerrado porque ha visto
demasiado peligro ahí y demasiada diferencia con cualidades que para las
prácticas artísticas son indesechables o insuperables, son sine qua non. Es
verdad que durante mucho tiempo la institución arte se ha adaptado a las
necesidades, a los formatos de trabajo de los artistas fueran cuales fueran, se
tratara de irse a un desierto, incrustar un kilómetro de suelo, reconocer una
actuación secreta en un sitio. Pero con lo informático y el tipo de producciones
de imágenes electrónicas, el arte tiene como dos claves que se pierden y que sin
ellas es muy difícil que se pueda seguir hablando de arte y que se siga operando
bajo las lógicas del arte. Una es la productividad infinita, no la
reproductibilidad, sino la productividad infinita, es decir la ilimitación de
darse multiplicadamente que tienen las imágenes, que eso (las lógicas
electrónicas) yo creo que subvierte radicalmente las exigencias de
materialización de objeto y de control del número, de lo que ayer hablaba un
poco de la lógica de la escasez. Las imágenes electrónicas no son asequibles a
una regulación bajo condiciones de escasez y, por lo tanto, sobre ellas es muy
difícil establecer una economía de mercado, una economía de comercio por mucho
que se empeñe. Y lo segundo es la existencia de espacialización: el que las
imágenes electrónicas —como tal— no requieren darse un lugar e incluso
cuestionan la adecuación de darse un lugar, sólo bajo truculencias como por
ejemplo desarrollar un género tipo net-art installation (que se está viendo),
sólo gracias a cosas así el museo consigue devolver las imágenes electrónicas a
darse en espacio, y a darse también bajo condiciones regulables en términos de
tirada o de producción. Cuando esas dos cosas se subvierten ya no hay arte, hay
otra cosa, hay otra forma de trabajo. Las diferencias entre la poesía y la
narrativa son pequeñas pero han aparecido y eso representa un corte. El momento
entre el cantar de gesta y la novela existe, y en el momento en que aparecen
esas diferencias no se puede seguir manteniendo el viejo género en las nuevas
condiciones. En mi opinión, en ese sentido el arte esta superado. Ha aparecido
otra forma de darse de las imágenes y de poderse relacionar con ellas. Ya la
aparición del cine en cierta forma cortó la fuerza simbólica que tenía la
relación de las imágenes artísticas, pero ahora mucho más. En mi opinión
realmente las formas en que se pueden dar las imágenes electrónicas, desbordan
un poco al lógica del arte.
CC.-
¿Crees que hay un vaciamiento o un desplazamiento entonces?
JLB.-
Yo no creo que sea nada especialmente dramático, simplemente creo que llamamos
artístico a algo que está muy situado históricamente y socialmente. Es una forma
propia de una cultura. A estas alturas tendemos a pensar que los japoneses
tienen el arte, y que los chinos tienen arte y que los aborígenes australianos
hacen arte, pero eso no es así. Ha habido una especie de extensión de un
proyecto que era realmente europeo, el proyecto ilustrado relacionado con el
arte contemporáneo (ya no te hablo de formas genéricas de arte). Si empezamos a
llamar arte a las cosas que se hacen para decorar o para enterrar a los muertos
pues estamos generalizando una denominación. pero esa denominación más
específica, más concreta, que era el proyecto artístico de la Ilustración
realmente no es algo que tenga por qué predicarse de otras formaciones
culturales. De hecho yo creo que no tiene nada que ver lo que ellas hacen con
los nuestro. En el seminario de Canclini este de Diálogos
culturales
en el que participé, lo que yo defendía es que esa aparición de un contexto
realmente intercultural lo que propicia es una relación con las imágenes que ya
no puede ser la dominante, que era la euro-céntrica, sino que empezamos a tener
que admitir que hay otras formas, otras maneras de relacionarse con la
producción de narrativas a través de las imágenes, que no son las de la lógica
del arte, que era esta lógica “sutil”, o artística, o protagonista. Pero esa es
muy propia de nosotros, digamos de la civilización occidental. Y en cierta forma
si los chinos actuales que están en todas las bienales hacen algo así como jugar
a la retórica antitética, es porque han aprendido en nuestras escuelas; es decir
que pueden tocar flamenco pero no es su cultura, no es su mundo. Y yo no creo
que ni siquiera sea nuestro mundo hoy el del arte. Es el del siglo veinte. Pero
el arte se acabó, el arte contemporáneo se acabó en el siglo veinte en cierta
forma.
CC.-
Si efectivamente el arte ya no es nuestro proyecto ¿qué es eso que se queda
ahí?. Y para complementar con lo de que ejemplificabas ayer de Santiago Sierra,
cuando hablabas del tipo de ejercicio crítico que finalmente no puede rebasar
ese contexto, tiene un poco que ver con lo que quería decir sobre la expansión
de territorios, esta cuestión de ocupar espacios no artísticos, pero siempre
bajo este formato.
JLB.-
No querría personalizarlo en el caso de Santiago Sierra que es uno de los
artistas que yo creo que hace un esfuerzo más honesto de producir criticidad en
su trabajo; pero realmente es un entorno protegido, está en un corralito en el
que está depotenciado y la forma de lo que se ve allí esta desprovista de
cualquier fuerza de incidencia en lo real, salvo en proyectos artísticos que se
disuelven totalmente en acción social. Pero es que entonces son acción social y
activismo social. Yo sé de gente que como artista ha decidido en un momento dado
dar el salto a prácticas de activismo. Pero si hacen activismo, se acabó, ya no
hacen arte.
Cuando
hablo de esta pérdida de simbolicidad y capacidad crítica pienso por ejemplo en
el trabajo que hizo Goddard sobre el origen del siglo veinte, un trabajo de
investigación sobre nuestra historia, la historia del siglo veinte como
constitutiva del veintiuno, como el origen donde empezaba el veintiuno y lo
hacía a través de la lectura de las imágenes. Y Goddard sabía en cierta forma
que nuestro destino en el veintiuno estaba escrito en el destino de las
imágenes. No sé si conocéis la peliculita esta que hizo, que se llama así
justamente El
origen del siglo veintiuno.
Pero curiosamente esa película es parte de las Histoires du cinema (las
historias del cine); esa peliculita que son como veinte minutos es una
recopilación realmente muy increíble de cuales son las imágenes que forman la
memoria visual del siglo veinte y prácticamente no hay ninguna del arte. Miras
la película y vas viendo cuál es la sucesión de imágenes. Pero es que si uno
repasa honradamente cuáles son las imágenes que le han impactado y que forman el
imaginario de una época, al final reconoce que son mucho más las imágenes de los
telediarios, del cine, esas son las imágenes que realmente lo
constituyen.
Las
memorias visuales también están muy particularizadas en función de qué es lo que
a uno le ha impactado, pero realmente el arte no suele entrar demasiado, ni
siquiera para personas que nos hemos formado muchísimo en las imágenes
artísticas, porque estamos viviendo tanto el impacto de las otras imágenes, que
realmente son las otras las que tienen mucha más fuerzas. Tú quisieras hacer un
repertorio de imágenes del siglo veinte que a ti te han impactado y empiezas a
ponerlas en fila, pero no se te ocurriría meter El
gran vidrio de Duchamp,
o a lo mejor sí... el cuadrado negro de Malevitch, o la ‘Spiral Jetty’ de
Smithson. A lo mejor hay algunas que sí, que tienen una fuerza simbólica y un
potencial que puede impactarte en el sentido de que efectivamente se han
incrustado ahí y forman parte. Pero ni siquiera podríamos decir que forman parte
de la memoria cultural de nuestra civilización, no son esas. Es mucho más la
niña que huye del napalm
en Vietnam, esa es una imagen que sí es nuestra, que sí es de época. Si ves la
peli esta de Goddard, a mí me parece muy certera la selección de imágenes que
hace e imágenes del arte a lo mejor hay dos en medio de todo
aquello.
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