Bajo el tema del título, se llevó a cabo la
tercera y última conversación en torno a la muestra Sobre ética y obscenidad en
La Quiñonera con reflexiones de Alberto Hijar, Benjamín Mayer y Eduardo Milán.
La exposición busca no sólo señalar los temas que aquejan a la sociedad sino
proponer la dirección que debe tomar el diálogo reuniendo obra de artistas como
Demian Flores, Jose Miguel González Casanova, Cesar Martínez, Joaquín Segura y
Héctor Quiñones. Pocas veces una muestra persigue crear un ciclo en torno a
ella que permita la retroalimentación y reflexión a partir del contenido de la
misma, acción que La Quiñonera realiza esta acción ya desde casi cuatro meses.
Para cerrar con los pensamientos generados tanto por Agustín Peña, Samuel
Mesina y Blanca González, como por José Miguel González Casanova, Itari Martha,
Inti Muñoz Santini y Joaquín Segura en las conversaciones anteriores, esta mesa
caminó buscando entender la labor del arte y el rol de lo obsceno en el mismo.
En torno al tema, Benjamín Mayer lleva a
definir al exceso como el asesino del deseo, es una anorexia, es la voluntad de
recuperar el hambre perdida. El deseo es aquello que nos transforma en sujetos.
Para nosotros, el exceso es lo obsceno. Una exitosa búsqueda hacia lo simple, a
lo efectivo, nos permite contrarrestar a la obscenidad, lo cual es algo
complicado. En la Crítica de la Razón Práctica, Kant habla sobre su filosofía de la moral en la
línea de la Crítica de la razón pura. Junto con sus Principios fundamentales
del conocimiento metafísico, la segunda Crítica ejerció una enorme influencia
en el desarrollo posterior en el ámbito de la filosofía ética y moral. Kant se
caracterizó por la búsqueda de una ética o principios con el carácter de
universalidad que posee la ciencia. Para la consecución de dichos principios,
Kant separó las éticas en: éticas empíricas (todas las anteriores a él) y
éticas formales (ética de Kant). La ética debía ser universal y por tanto vacía
de contenido empírico, pues de la experiencia no se puede extraer conocimiento
universal. Debe ser a priori y autónoma. Kant sintetiza su pensamiento en tres
preguntas: ¿Qué debo hacer?, ¿Qué puedo saber?, ¿Qué me está permitido esperar?
En palabras de Alberto Hijar el
arte se aísla y entonces es cuando la Crítica de la Razón Práctica juega un rol
clave. Para la Ley del Valor, el valor del trabajo invertido, pero la cuestión
es no considerar solo el trabajo físico el cual es el más intrascendente.
Siempre y cuando el arte rompa y desequilibre a la Ley del Valor se dará el
momento de ejecutar una resistencia creativa ante los dogmas generados por
mentes ajenas que nos son impuestos. El artista debe trabajar en pro de la
humanidad, para Hijar no hay naturaleza humana sino únicamente nudos de relaciones
sociales. Se da el momento en Cuba, en el que el Ché firma los billetes como
presidente del Banco Naciónal escribiendo en ellos Ché. Éste acto de
arbitrariedad argentina escandalizó a los civiles cubanos. El Ché puso en jaque
la Ley del Valor al intervenir de esa manera el papel moneda de una nación para
así poder mandar un mensaje más claro. Como Ministro de Industrias siempre
trabajó junto con los obreros cargando costales, es entonces cuando afirma que
los artistas están dentro de una jaula que no ven, haciendo piruetas para ganar
cacahuates de los burgueses. Con estos ejemplos, Hijar afirma que se tiene que
dar pie a una política de la solidaridad. Para él la ética no es la estética
del futuro sino la reflexión sobre la moral.
Para Eduardo Milán aliar la estética al
discurso es la problemática no sólo de las vanguardias, sino de pensadores como
Rimbaud y Mallarmé. El arte no legitimiza discursos, el arte es
legitimante por que se acompaña de la crítica. Octavio Paz clamaba por una crítica,
el arte que no muestra sus mecanismos es un arte obsceno, fuera de época. Eros
es el antídoto de Tánatos. Hay cosas que tienen que caer, siempre tienen que
caer. Las rupturas se establecen y necesitan de otra ruptura para renovar el
medio. Para Milán ética y estética son cosas diferentes, sin embargo, si el arte
no tiene que ver con el estar en crisis, entonces carece de sentido.
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La Quiñonera 
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