The Night Journey Jusell Rames




Los juegos como foma estética se encuentran en un momento clave. La industria de los videojuegos existe desde hace treinta años y se ha convertido en una fuerte fuerza económica en el reino del entretenimiento. Aproximadamente un 90% de la población joven de México juega y pasa más o menos veinte minutos diarios utilizando videojuegos. Sin embargo, hasta la muestra The Art of Videogames, exhibida actualmente en el Smithsonian, poco se ha dicho sobre el potencial artístico de los juegos de video. Comúnmente los vemos como un modo de entretener a los niños, carentes de potencial artístico y aniquiladores de la creatividad. Aún se encuentran lejos de tener el reconocimiento cultural que tienen los libros y el cine.

 

Stanley Cavell afirmó que las convenciones en el cine son igual de arbitrarias que las de la ópera. Dichas convenciones llegan a nuestra mente gracias a los videojuegos llenos de las mismas. Éstas van volviendo a los juegos más difíciles de completar. El juego es un medio mucho más resistente y frustrante que sus competidores culturales.Desde hace mucho tiempo,  los medios antiguos han abandonado la dificultad como una virtud, y la dificultad, que a veces puede radicar en la simpleza, es deseada y sirve como motor de las artes. Por fortuna, existen hoy diseñadores de videojuegos que luchan contra los retos inherentes en su diseño para así articular la naturaleza del proceso creativo que se inserta en los sistemas lúdicos. Los juegos de video van más allá de sus gráficas y su programación. La verdadera magia recae en la creación de un sistema de reglas que contienen el potencial de una experiencia significativa de juego. Con el tiempo se han ido generando videojuegos que responden a problemas políticos, problemas de salud, eventos desafortunados y demás.

 

Existen programadores como Jason Rhorer, autor de Passage and Gravitation, enfrentando problemáticas como la dualidad entre la vida y la muerte. Sin embargo, The Night Journey fue concebido hace ya varios años por Bill Viola. El trabajo de este artista se caracteriza por la búsqueda de la iluminación a través de observar para trascender la experiencia. Viola comenzó a expresarse por medio del video a principios de los setenta cuando este medio comenzaba a emerger. Mientras aún estudiaba en la Syracuse University ya se encontraba exhibiendo al lado de Nam June Paik, Bruce Naumann, Richard Serra y Peter Campus. Viola notó que la otra cara de la moneda del video era el sistema de percepción humana: el observador y su experiencia de observar. La interacción dinámica entre estos dos sistemas, junto con la tecnología y el lenguaje del video, son lo que componen fundamentalmente la naturaleza de dicho medio. Viola comenzó a definir The Night Journey con un grupo de investigadores de Intel, incuyendo a Kevin Teixeira en 1988 enfocados en realizar un video “explorable”. A través de su juego, Viola intenta evocar en la mente del jugador un sentido de viaje arquetípico de iluminación, por medio de las mecánicas de la experiencia. De este modo crea un mundo de video explorable integrando su trabajo y sensibilidad a los videojuegos. Gran importancia del proyecto recae en la creación de una experiencia que pueda llegar tanto a públicos de arte a través de un muséo o galería como a públicos distintos que accedan a él por otros medios de distribución. The Night Journey es un juego en tercera dimensión en primera persona y que como muchos juegos está organizado alrededor del desplazamiento a través de un paisaje. Sin embargo, el juego no se divide en niveles, sino una superposición de experiencias a lo largo de la vivencia del mismo. El juego comienza en la intersección de cuatro espacios: bosque, montañas, desierto y mar, cada uno con su sensación de infinitud en el horizonte. En el bosque nos encontramos con lo que Viola ha llamado la irreconciliable otredad de la inteligencia ordenada alrededor de un mundo, que se puede compartir a través del cuerpo pero no de la mente. En las montañas seguimos la tradición de descubrir a través de la extracción con bases místicas de San Antonio y San Juan de la Cruz. El juego comienza en un punto singular en el que no es ni de día ni de noche, sino una mezcla ente luminosidad y obscuridad. Siendo cuidadoso, se puede observar el terreno antes de caer para encontrar puntos luminosos a los que hay que dirigirse. Ya en el terreno, el sol y la luna se pueden ver al mismo tiempo en direcciones opuestas. A lo largo del camino el jugador encuentra puntos de interés y exploración, los controles básicos consisten de “ver”, “moverse” y “reflejar”. Reflejar es un modo de interacción con el mundo que evoca una superposición de imágenes y espacios conceptuales en un mundo tridimensional. Cuando uno refleja, transforma el mundo ante su mirada. La estructura de The Night Journey es un ciclo de pérdida y renacimiento. A diferencia de muchos juegos, la pérdida en éste no es una conclusión o un castigo, sino una oportunidad de reflejarse de una manera mucho más personal e íntima. En contraste con el resto de los juegos, aquí se apremia la paciencia, nublando la visión al correr. Ejemplo de esto también es un búho que responde a la presencia del jugador sólo si éste espera lo suficiente para verle manifestarse. Durante la etapa de investigación en el diseño del juego, se creó un archivo con el trabajo de Bill Viola. Este apuntó a un número de motivos estilísticos que podrían ser replicados como efectos en un ambiente tridimensional. Junto con otros trabajos en el área, The Night Journey ha abierto la oportunidad a diseñadores, artistas, ingenieros y jugadores de redefinir los límites de una experiencia de juego y descubrir en ella las bellezas innatas de la experiencia humana.












The Night Journey                                                                                 Bill Viola







The Night Journey                                                                                 Bill Viola






The Night Journey                                                                                 Bill Viola