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Voltaire dijo, lo maravilloso de
la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar
solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo. Es triste
presenciar el momento en el que el gobierno de los Estados Unidos, escondido
tras la bandera de Israel, hace a los palestinos lo mismo que la Alemania Nazi
hizo al pueblo judío. En 1993 se inició el primer proceso de paz y aunque los
palestinos estaban listos para darle oportunidad a ésta, el proceso solo hizo crecer de manera
descomunal sus preocupaciones por perder tanto su ciudad, como el derecho de
exilio para regresar a su tierra madre. Como consecuencia, a través de su obra,
artistas como Rula Halawani comenzaron a protestar sobre dicha situación.
El 28
de marzo del 2002, la incursión Israelí más grande cambió de manera radical la
ciudad de Ramallah. Después de este día, todas las esperanzas palestinas de paz
murieron. Las calles se volvieron oscuras y desiertas, ocupadas únicamente por tanques
y milicia Israelí. La muerte y la desdicha que se vivió en Ramallah fue
capturada por Halawani en su proyecto Negative
Incursion. Afortunadamente Halawani no está solo, Ahlam Shibli, ha
representado a su pueblo en la 27va Bienal de Sao Paulo y documenta 12 explorando
la vida diaria en el exilio que lleva su pueblo. 1948 destrozó la vida de los
palestinos; Nakba, nombre árabe para su éxodo en dicho año, expulsó de sus
casas a más de 711,000 árabes. Mustafa al-Hallaj se refugió con su familia en
Damasco. Ahí, Hallaj contribuyó a que el
fan al-muqawama o arte de
resistencia se gestara para contrarrestar la destrucción cultural ejecutada por
el estado de Israel. Los ataques de éstos últimos en 1982 a Beirut durante la
Guerra de Lebanon, destruyeron entre muchísimas otras obras de arte, 25,000
impresiones de la obra gráfica de Hallaj.
Existen dos conceptos básicos
que se deben de conocer para entender el arte de resistencia Palestino, Sumud e Intifada. El primero es un tema ideológico y estrategia política
que tiene su origen en la dialéctica de la opresión y la resistencia, que fue
causada por el despertar de la Guerra de los Seis Días. El Sumud puede ser ejecutado de forma pasiva, es decir manteniendo a
los palestinos en su tierra natal, o bien con resistencia, en árabe sumud muqawim, mediante el cual se
intentan encontrar maneras de construir instituciones alternativas que permitan
resistir y deshacer la ocupación de su territorio.
El concepto de Intifada
habla sobre la resistencia Palestina a la ocupación Israelí de 1987 en el
Banco del Oeste de Jordania en la Franja de Gaza, enfocándose principalmente en
el levantamiento del pueblo Palestino. Estos dos conceptos fueron explotados
por Sliman Mansour cuando reconstruyó en pintura los pueblos de Yibna, Yalo,
Imwas y Bayt Dajan, todos ellos destruidos en 1988. Así es como el arte de
resistencia palestino ha buscado la paz, la cual en palabras de Spinoza, no es
la ausencia de guerra, sino una virtud, un estado mental, una disposición en
pro de la benevolencia, la confianza y la justicia.
Desde 1976, el Día de la
Tierra es conmemorado por los palestinos el 30 de marzo; en dicha fecha, como
respuesta al decreto israelí para expropiar miles de tierras por propósitos de
seguridad y asentamiento, se organizaron marchas y huelgas generales desde
Galilea hasta Negev. En dicho día, el ejército y la policía israelí mató a seis
árabes, hirió aproximadamente a cien y encarceló a cientos. En honor a ellos,
Abed Abdi levantó un monumento de bronce. Su lucha no se detuvo ahí; Abed Abdi
a través del Centro Árabe-Judío de Beit Hagefen, ha creado fuertes vínculos
entre artistas palestinos e israelitas para generar vínculos de paz.
Emily Jacir, artista palestina, a través de
video, fotografía, instalación, sonido y performance, ha ayudado a construir la
escena del arte contemporáneo en Ramallah desde 1999. Para su pieza Memorial to 418 Palestinian Villages wich
were destroyed, depopulated and occupied by Israel in 1948 creo un tienda para
refugiados con la ayuda de 140 personas. Jacir abrió las puertas de su estudio
a quienes quisieran coser con ella la tela para el refugio, recibiendo ayuda de
palestinos, israelíes y gente de otras nacionalidades. La pieza
utilitaria y en estado bruto, hace referencia a la pérdida de población de
palestina. Hasta estos días, dichas tiendas se pueden ver con facilidad en los
campos de Gaza, donde tanques y bulldozers israelíes han demolido las casas árabes.
La guerra no ha cambiado ni cambiará nunca; desde el amanecer del hombre al
descubrir las rocas y huesos como armas, las guerras del viejo mundo, las
cruzadas, las conquistas, pasando por Polonia, Normandía, Sarajevo y Vietnam
hasta llegar a los conflictos presentes en nuestros días, se ha derramado
sangre en nombre de Dios, la justicia o la rabia psicótica del hombre.
Ante
estos hechos, el hombre no puede presentar indiferencia; ésta es el peor de
todos los males. Una de las reflexiones de Elie Wiesel, sobreviviente a los
campos de concentración, nos dice que desde tiempos inmemorables, la gente ha
hablado de paz pero no la ha conseguido nunca.
¿Será sencillamente que carecemos de suficiente experiencia? Aunque
hablamos de paz, hacemos la guerra. A veces hasta la ejecutamos en nombre de la
paz. Puede ser que la guerra sea una parte tan intrínseca de la historia que no
pueda eliminarse jamás. Con temor, espero que Wiesel se haya equivocado. De
esta manera, algún día los conflictos bélicos existirán solo en el olvido. La
guerra no se puede combatir con violencia, la única manera de erradicarla es
luchar con el conocimiento, tal y como lo ha hecho el arte de resistencia
palestino. Una ciudad como lo es Jerusalén, debería ser un centro de encuentro
para las culturas y religiones, no un motivo de trifulcas.
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Untitled (The Valey no. 15), Arab al-Shibli, Palestine, 07-08 Ahlam Shibli

Self-portrait as a God, the Devil, and Man (detalle), 94-02 Mustafa Al Hallaj

Imagen de Negative Incursion, 2002, impresión negativa en b/n Rula Halawani

Memorial to 418 Palestinian Villages wich were destroyed, depopulated
and occupied by Israel in 1948 , tienda de refugio con hilo bordado. Emily Jacir
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