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En 1913, Luigi Russolo envió una carta a
Balilla Pratella después de haber escuchado su Música Futurista para orquesta.
Rusolo se percató del inminente triunfo y dominio del ruido sobe los hombres,
el cual acercaba a la humanidad cada vez más al sonido-ruido. Esta evolución en
la música se dio gracias a la multiplicación de las máquinas por la Revolución
Industrial, las cuales desde ese momento han colaborado en todas partes con el
hombre. Las máquinas han creado tal variedad y concurrencia de ruidos, que el
sonido puro, en su exigüidad y monotonía, ha dejado de sucitar emoción. La vida
moderna, educó al oido del hombre volviendo tolerables complejas polifonías y
sucesiónes de acordes disonantes de las composiciónes musicales de la época.
Como consecuencia a los ruidos dispares, nuestros oidos no se quedan
satisfechos y buscan emociones acústicas cada vez más amplias. En la carta,
Russolo escribió a Balilla su manifiesto futursita llamado “El Arte de los
Ruidos”. En él, clasifico el sonido-ruido en seis familias de ruidos:
1- Estruendos, truenos, explosiones,
borboteos, baques, bramidos.
2- Silbidos, pitidos, bufidos.
3- Susurros, murmullos, refunfuños, balbuceos,
gorgoteos.
4- Estridencias, chirridos, crujidos,
zumbidos, crepitaciones, fricaciones.
5- Ruidos obtenidos a percusión sobre metales,
maderas, pieles, piedras, cerámica.
6- Voces de animales y hombres, gritos, chillidos,
gemidos, aullidos, alaridos, risotadas.
Russolo diseñó y construyó una
serie de dispositivos generadores de ruido llamados Intonarumori. Con ellos,
consturyó su orquesta de ruido, la cual en 1917 al presentarse en su Gran
Concerto Futuristico fue abucheada con desaprobación y violencia por el público
gnerando una revuelta, hecho que el mismo Russolo había predicho. Ninguno de
sus dispositivos sobrevive, aunque se han reconstruido algunos para utilizarse
en diversos performances. En un principio, la música buscaba pureza, limpidez y
dulzura en el sonido. Esto, solo limita de manera excesiva la variedad
cualitativa de los timbres. Las orquestas más complicadas se reducen a cuatro o
cinco clases de instrumentos con diferentes timbre de sonido: instrumentos de
cuerda con y sin arco, de viento (metales y maderas) y de percusión. El oído del hombre, acostumbrado a la velocidad, la energía
y el ruido del paisaje urbano e industrial, requiere de un nuevo acercamiento a
la instrumentación y composición musical. Por ello Russolo propuso un número de
conclusiones acerca de como la tecnología electrónica podrá permitir a los
músicos futuristas "sustituir” la limitada variedad de timbres que una
orquesta procesa por una infinita variedad de timbres que se encuentran en los
ruidos, siempre y cuando sean reproducidos con los mecanismos apropiados. Cualquiera
persona puede reconocer que cada sonido lleva consigo una envoltura de
sensaciones conocidas y gastadas. Éstas predisponen al receptor en el
aburrimiento a pesar del esfuerzo realizado por todos los músicos innovadores.
Beethoven y Wagner nos han trastornado los nervios y el corazón durante muchos
años. Ya estamos saciados de ellos, ahora convivimos mucho más con los ruidos
de pistones, llantas y masas de gente vociferando. No podemos contemplar el
enorme aparato de fuerzas que representa una orquesta moderna sin sentir la más
profunda desilusión ante sus mezquinos resultados acústicos. Escuchar a veinte
hombres redoblando el maullido de un violín es anti-natural, ya no es atrevido.
Naturalmente que hará chillar a los melómanos y tal vez avivará la atmósfera
adormecida de las salas de conciertos. Pero los compases solo transmiten al
oído el tedio de lo ya escuchado. Todo esto por una cretina conmoción religiosa
de los receptores budísticamente ebrios de repetir por milésima vez su éxtasis
más o menos esnob y aprendido. Russolo tuvo el deseo de crear al fin una nueva
realidad musical, una amplia distribución de bofetadas sonoras, saltando con
los pies juntos sobre violines, pianos, contrabajos y órganos gemebundos. No
quiero decir que la música “clásica” sea aberrante, al contrario, la considero
sumamente bella. Por lo mismo me parece inútil enumerar todos los ruidos tenues
y delicados, que provocan sensaciones acústicas placenteras.
Aunque las obras de Russolo se parecen poco a la música moderna con ruido, sus creaciones pioneras no pueden pasarse por alto como una etapa esencial en la evolución de este género. Los movimientos rítmicos de un ruido son infinitos.
Existe siempre, como para el tono, un ritmo predominante, pero en torno a éste, también se pueden
percibir otros numerosos ritmos secundarios.
Miles de músicos, compositores, así como artistas sonoros y experimentales, están familiarizados y
han sido influidos por su manifiesto. El arte de
los ruidos es considerado uno de los más importantes e influyentes
textos del siglo XX en estética musical que nos ayudan a entender la música y
el sonido de la época contemporánea.
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