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La niebla de guerra en México.
Katia Haus

Pareciera ser que el Estado mexicano ha desaparecido. Hoy la capital, que mucho tiempo fuera una de las ciudades más peligrosas del mundo, es ahora el lugar más seguro en el país. Cruzando a sus estados colindantes, Morelos y el Estado de México, se puede comenzar a sentir el terror. Ejemplo de esto son las cifras registradas por la Procuraduría de Justicia del Estado de México (PGJEM) que cuentan 400 casos de adolescentes desaparecidas entre 12 y 17 años de edad, tan sólo durante el 2014. Todas son originarias de Ecatepec, Tecámac, Chimalhuacán y Nezahualcóyotl y han sido amenazadas y empujadas por el crimen organizado para dejar a sus familias tras pedirles a sus padres que no las busquen. Boko Haram secuestró en Chibok, Nigeria, a 276 niñas, es decir 124 niñas menos que las desaparecidas por los cárteles en México en éste año. Por ellas no piden rescate. Ahora forman parte de las víctimas de la trata de personas en México. Estas 400 niñas también quieren regresar a casa. Quizás, entre otras cosas, a eso se refería el infiltrado Mexicano en la ceremonia del Nobel cuando le pidió a Malala no olvidarse de México.

Y es que la verdad resulta imposible preguntarse, por qué el regreso de las 400 niñas desaparecidas en el estado de México no parece tener la misma importancia que el de las niñas nigerianas. Sumado a esto, al ser forzadas a dejar una carta en la que dicen irse por voluntad propia, la policía se niega a investigar. Los familiares de las víctimas siempre coinciden en una cosa: no pueden confiar en las autoridades. La gente en México vive entre lo que se conoce como la niebla de la guerra, una niebla invisible que no nos permite diferenciar a los verdaderos enemigos dentro del campo de batalla. Ahí mismo en el estado de México, que es sin duda un infierno para las mujeres, la procuraduría estatal ha reconocido que las violaciones sexuales contra niños, niñas y adolescentes en la entidad creció un 270% de 2009 a 2011 (pasó de 213 a 789 denuncias al año). Según el Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios, el Estado de México presenta un índice de violencia contra la mujer de 54.1%, que duplica al promedio nacional, de 23.2%. Hay que tomar en cuenta que por motivos de discriminación, burla e incluso el hecho de ser llamada una delincuente o provocadora se estima que 8 de cada 10 casos de violación y agresión sexual no se denuncian. Según cifras oficiales en el Estado de México, tan sólo ahí se denuncian 6.5 violaciones sexuales cada día. ¿Quién mete presión internacional para que la violencia contra las mujeres en México se detenga, así como para que vuelvan a casa, no sólo las niñas desaparecidas en el Estado de México, sino las miles de niñas que han desaparecido en otros lugares como Acapulco, Ciudad Juárez, Tijuana, Querétaro o el mismo DF?

El principal problema en México es que se ha esparcido por su territorio la niebla de la guerra pelada entre el narco, el estado y los ciudadanos. Sumado a esto los Mexicanos, al igual que los Brasileños, tienen el mal que viene incluido con ser los dos gigantes de América Latina: su ego como nación. Porque... ¿qué va a decir el mundo de que un mexicano haya irrumpido en la ceremonia del Nobel? O peor aún, que van a decir de que en México los terroristas secuestren más niñas que las ramas de Al Qaeda en Nigeria. Dicho ego, que concede su silencio a cambio de inversión extranjera, es lo que permitió en primer lugar que la niebla de guerra se haya vuelto tan densa en esta zona del continente americano. 

La niebla de guerra se expande por el campo de batalla sin discriminar. Y cuando el campo de batalla es una nación entera, la niebla penetra hasta los rincones más recónditos de las casas de sus ciudadanos. La niebla de guerra en México se ha vuelto tan densa que da la impresión de que el Estado mismo se ha ido. Pero no es así. Él Estado está más vivo que nunca, sumido en el camuflaje. Lo más peligroso de esta niebla es su invisibilidad. No nos bloquea el sentido de la vista sino que lo vuelve inútil. Podemos ver porque ver no nos sirve de nada. Visualmente es imperceptible. Pero cuando la sentimos, lo hacemos hasta lo más profundo de los huesos. Es una niebla que bloquea la visión e incluso dicho bloqueo puede quedar desapercibido en muchos casos. El ejemplo más claro, las opiniones que dicen: “los normalistas de Ayotzinapa y los que se manifiestan a su favor son una bola de vándalos”, o bien " a ella la violaron por puta".






Ante el sector de la población que exige la renuncia del presidente Peña se ha posicionado la pregunta de: ¿y luego qué? Todos sabemos que Peña no es quien en realidad tiene el control, y la niebla no deja ver con claridad quién está detrás, ni quienes son sus aliados. ¿Pero luego qué? ¿Esa es razón para que los mexicanos no exijan su renuncia? Si somos sensatos, lo coherente para México sería seguir el lema de la crisis popular en argentina durante el 2001, el cuál decía: “¡que se vayan todos!”.

Ese “todos” del que forma parte Peña requiere de la niebla de la guerra para poder funcionar. Entre más densa mejor puede trabajar. Sus mecanismos ganan fluidez mientras que la visión del pueblo se nubla y desorienta . Además la niebla no afecta a las maquinarias de guerra del Estado ya que estas no tienen ojos (ni los necesitan). Son lo que Deleuze y Guattari definieron como un cuerpo sin órganos.

La realidad es que a diferencia de como lo planteó Carl von Clausewitz en un inicio, al día de hoy la niebla de guerra no se genera a consecuencia de los enfrentamientos entre A y B (el pueblo y el Estado), sino que es generada en conjunto por el Estado y el crimen organizado para que a través del terror puedan garantizar su existencia y sumir, en este caso a México, en un conflicto interno que les permita operar impunemente. Si se va la niebla se extingue el hipercamuflaje del Estado y el crimen, ¿pero cómo disipar algo que ya se encuentra expandido por todos lados, y que por si fuera poco, se densifica conforme crea más y más paranoia entre la gente?

A consecuencia, es claro que en Mexico la gente no sólo no confía en la policía ni el ejército, sino que desconfía de todos los demás, ya que es a la gente a quien no se le permite monitorizar de forma fiable la evolución de las acciones.

Al día de hoy tristemente Mexico se ha convertido en un excelente ejemplo de cómo la niebla de guerra le permite a los mecanismos bélicos robarle la energía a la gente que se ha vuelto superflua e individualista al mismo tiempo que esto densifica la niebla y le asigna al resto el rol de individuos problemáticos,  llámense ambientalistas, activistas, campesinos, maestros, o estudiantes, e incluso a niñas menores de edad (las cuales muchos todavía se atreven a afirmar que andan provocando violadores). ¿Qué le espera a los mexicanos? Sin duda mientras la niebla los mantenga sumidos en conflictos entre clases y formas de pensar resulta imposible visualizar una mejora en el panorama (pero imagino que esa es la idea).

Las reformas de Peña son acertadas únicamente en su materia y se encuentran amparadas en que en otras naciones han funcionado. Pero ¿cómo querer digamos, un Obamacare, pero pagándole una miseria a las enfermeras y enfermeros? ¿Cómo querer que los trabajadores tengan la disposición que tenemos la mayoría de los estadounidenses cuando el salario mínimo en Mexico por una jornada entera es poco menos que el de una hora de trabajo acá? (Es cierto que una renta en estados como DC o NYC puede ser el doble o hasta el triple que las del DF, pero el salario mínimo sigue siendo mas de ocho veces el de Mexico, y yo soy la primera en aceptar que usa esta muy pero muy lejos de ser el país ideal para la clase trabajadora). ¿Cómo querer tener la potencia energética de los sauditas y emiraties pero no invertir en un futuro económico y político post-petrolero? ¿Cómo querer tener el nivel de las escuelas en Finlandia pero pagar abismalmente menos y a diferencia de la diversidad educacional finlandesa, homogeneizar la educación?

Al final, todo esto tiene como fin potencializar el floreciente mercado esclavista de los servicios personales explotado por la clase política, el cual va desde la limpieza, el catering, las nanas, las drogas y la prostitución y abarca hasta la terapia, la ayuda sicológica e incluso la seguridad privada.













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