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 Fall-Winter marzo 2014
  Contemporary art & theory journal

La cuestión.
Daniel González Lozano

4.003 La mayor parte de las proposiciones e interrogantes que se han escrito sobre cuestiones filosóficas no son falsas, sino absurdas. De ahí que no podamos dar respuesta en absoluto a interrogantes de este tipo, sino sólo constatar su condición de absurdos...

Ludwig Josef Johann Wittgenstein
Tractatus logico-philosophicus

La cuestión más frecuentemente visitada al hablar sobre arte pertenece, en mi opinión, a esta clase de cuestiones filosóficas absurdas, o más acertadamente dicho: sinsentidos (unsinnig). Es una que no puede ser respondida, como bien dice Wittgy <3, sino de la que solo es posible decir que carece de sentido. El riesgo es enorme: páginas, horas, esfuerzo, saliva y borracheras han sido desperdiciadas en esta, la discusión más estúpida de todas. Es difícil escribir en torno a esta cuestión sin caer una vez más en su agujero negro. ¿Por qué creo que es un sin sentido? En primer lugar, creo que la pregunta, ya sabemos cuál es, evidencia una falla primordial en la limítrofe lógica humana: la idea de que los opuestos puedan existir.

Creo que esta idea presupone otras ideas que merecerían ser analizadas detenidamente. Entre ellas, la idea de que los absolutos existan. Si no existen los absolutos, no puede haber una relación de opuestos entre dos cosas. Aparte, da por sentada la existencia de los conceptos, es decir las ideas abstractas: todas esas idioteces que acostumbraban escribirse con mayúscula (la Belleza, la Verdad, la Justicia, la Bondad, la Sirena, etc.). El pensamiento dicotómico es en mi opinión una de las mayores demostraciones de la estupidez humana, más aún por cuan ineludible resulta.
Toda guerra en el fondo es justificada por este mismo mecanismo. En el caso del arte, la estupidez va tan lejos que crea un concepto negativo, llamado ‘no-arte’. Este mismo proceso es seguido en cualquier rama de la actividad humana donde exista una jerarquización. De ahí los incontables conceptos negativos fabricados cada que alguien reacciona con un “¡Esto no es _________________!” ante algo que de algún modo amenaza su mapita mental para comprender el mundo. El fracaso de la idea de la posibilidad o existencia misma de la objetividad, esos absolutos de los que hablé anteriormente (que aún persiste en una gran mayoría de la raza humana) ha dejado una gran incertidumbre sobre los parámetros a seguir para establecer el orden en la jerarquía. La reacción, el recurso desesperado por ejercer el poder es este, el delimitar, definir, establecer diferencias.

Cada que la cuestión surgiera, preguntaría más bien cuál es el punto de intentar, en vano (dado que la pregunta mal planteada, absurda, no puede tener respuesta) responderla. Mejor dicho: ¿Quién pregunta, por qué lo hace, con qué fin y qué busca con ello?

















Isauro Huizar