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 Fall-Winter febrero 2014
  Contemporary art & theory journal

Cuando el diseño y el arte colisionan.

Beth Tundi

No todos los casos en los que el diseño y la arquitectura se utilizan como recurso artístico son afortunados. Para comprobarlo tenemos el incidente Dreamspace de Maurice Agis. Durante los 60‘s, desilusionado de los museos y galerías, Agis comenzó sus proyectos interactivos. En el 66, junto con Peter Jones creó Spaceplace, el primero de muchos espacios abstractos transitables. Veinte años después, una de sus obras inflables se desató a causa del viento y voló libremente sin dejar heridos. Irónicamente, veinte años más tarde, (y a cuarenta años de Spaceplace), su obra inflable Dreamspace V, voló por el Riverside Park al ser desamarrada por el viento. Dreamspace V hirió a 13 personas y fue la obra de arte que Claire Furmedge y Elizabeth Colling visitaron antes de morir. Cuatro meses después (noviembre del 2006) Agis fue arrestado y liberado bajo fianza. En febrero del 2008 fue acusado de homicidio doble y doloso, por negligencia; once meses después fue llevado a juicio; y nueve meses más tarde se murió.

Existe una explicación coherente para la presencia de la arquitectura y el diseño en el arte del siglo 21 que va más allá de un simple capricho. A diferencia del arte utilitario diseñado en Weimar y Dessau, piezas como Dreamspace V comparten inquietudes con el arte de cuerpo y performance desarrollado durante los 60’s y 70’s.  Vito Aconcci compartía una idea importante con Maurice Agis: los museos y galerías jamás serían espacios públicos, por lo que se debía encontrar la manera de llegar a un espacio que si lo fuera.

Aunque durante los 70’s la obra de Aconcci existía aún bajo el contexto artístico, su búsqueda a tientas de un camino en la arquitectura ya había comenzado. La creencia de que el arte necesitaba un espacio público tenía su origen en disciplinas que ya tenían que ver con éste, como por ejemplo la arquitectura, la arquitectura de paisaje y el diseño industrial. El querer usuarios, participantes, o habitantes, en lugar de espectadores, implicaba en ese entonces alejarse del arte. Para el arte, sin importar la disciplina, la convención era siempre: el espectador está aquí, y el arte está ahí. Surgieron entonces artistas como Tania Bruguera, Rirkrit Tiravanija y Laura Anderson Barbata. Durante mucho tiempo, le fue imposible al mundo del arte contemporáneo encontrar en artistas como ellos, dónde estaba la obra de arte y quién era el artista.

El arte presente en museos y galerías, hace que el espectador esté siempre en una posición de deseo y frustración. Los letreros de "no tocar" existen por una razón: el arte vale más que quien lo mira. Esta es una posición inmoral. Entendemos la arquitectura caminando a través y estando en medio de ella. Situarse enfrente a contemplarla no funciona. Lo mismo ocurre con el diseño. El público desaparece ya que al utilizar un diseño se fusiona con uno mismo. Si una persona se sienta en un columpio, ¿qué consecuencias causa en el espacio?  El cuerpo es la causa de la arquitectura y el diseño, y esto nos conduce a un punto interesante: ¿puede la acción de una persona construir un dispositivo o un espacio?

El factor principal que diferencia al diseño y la arquitectura del arte contemporáneo, es que por naturaleza, la concepción de los primeros lleva implícita la eventual necesidad de una renovación o un cambio. Por otro lado, las obras de arte se suelen concebir de manera inmutable. La manera más sensata de crear, es a sabiendas de que con el tiempo, inevitablemente nuestra creación necesitará un cambio. Es imposible comprometerse de por vida con lo mismo. Sólo dejando entrar lo que existe al exterior de nuestra obra, es que podemos revisar y llevar al siguiente nivel nuestro compromiso como artistas.

Es verdad que en el arte contemporáneo uno puede hacer lo que quiera. Pero también es cierto que fuera del mundo del arte, a nadie le importa lo que los artistas contemporáneos hagan. En cambio, el diseño y la arquitectura si le importan a las personas. Un puente con escaleras mal diseñadas afecta la vida y tránsito de sus usuarios, y todos los que lo crucen lo van a maldecir. El arte contemporáneo está tan comodo y seguro de sí mismo que siente que no necesita otras posibilidades. Por lo mismo, el arte del siglo 21 debe de traer con urgencia a su interior esas otras posibilidades. De este modo, es posible que dejemos de ser sólo un eco dentro de un espacio reducido.













Dreamspace 9 de Maurice Agis volando por el Riverside Park.



”House of Cars #2” (1988) Vito Acconci
Cortesía de Acconci Studio






"Bad Dream House” (1984) Vito Acconci
Cortesía de Acconci Studio