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 Fall-Winter diciembre 2013
  Contemporary art & theory journal

Allan Villavicencio

Mucho se ha dicho sobre la pintura en los últimos años: que está cerca del fin, que ya murió, etcétera. En lo personal creo que la pintura debe apreciarse y estudiarse no sólo a través de sí misma, sino también hablando de la gente que la produce.

Lejos está la muerte de la pintura, sobre todo cuando constatamos que diversos artistas jóvenes la cobijan de buena manera, construyendo su reflexión plástica por medio de la investigación y la fundamentación de conceptos que el contexto histórico les ha ido sugiriendo. Es el caso de Allan Hernández Villavicencio, joven pintor nacido en la Ciudad de México, quien disciplinadamente se ha valido del arte como herramienta de reflexión y experimentación plástica.

Durante varios años he observado a Allan: como amigo, como pintor preocupado por el desarrollo constante de su técnica y, sobre todo, como ser humano involucrado y comprometido con su entorno; en ese sentido, estoy seguro de que la pintura de Allan no pretende hablar de la pintura misma… habla de él, de sus obsesiones y de sus miedos.

En el momento de realizar las series que hoy se exponen, Allan estaba experimentando fuertes situaciones que lo marcaron: al atestiguar que los espacios que habitaba y que consideraba seguros se desmoronaban, es ahí donde establece su pregunta por medio de la representación de construcciones derruidas y de figuras fantasmales que deambulan entre las cajas y los objetos que, de algún modo, han transitado por sus recuerdos, empleando luces fosforescentes que son capaces de irrumpir y reventar las lóbregas atmósferas que plasma y que generalmente develan habitaciones vacías. Por otro lado, el uso del verde y del amarillo remite a la típica estética de las películas de zombis, de lo muerto y lo podrido, de los personajes incompletos que deambulan sin sentido y que recuerdan las pinturas de Justin Mortimer. Además, destacan la aplicación del rojo como elemento de construcción, los altos contrastes de colores fosforescentes, la frecuente apropiación y reinterpretación de escenas de películas de Dario Argento, Takashi Mike y Peter Greenaway, y, en general, la edificación ⎯por medio del color⎯ de composiciones de excelente factura.

En ocasiones, Allan incluye fragmentos de fotografías tomadas en los espacios que comenta, que integra y sirven como disparadores para generar  espacios pictóricos que los circundan.

Así, acorde con ciertas tendencias contemporáneas en donde el archivo juega un papel protagónico, Allan acude a su archivo personal y se inserta en su contexto. Vale la pena enfatizar que la parte del archivo que muestra en las piezas de estas series refleja una actitud honesta, que apela incesantemente a su propia experiencia.

Considero que lo más destacado de esta exposición es que Allan comprueba que la técnica puede pasar a segundo término cuando el trabajo evidencia una reflexión profunda utilizando como pretexto, en este caso los espacios desolados.

Sergio Ricaño
2013-09-18