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Dentro
de la pintura mexicana, se cree que no es hasta la aparición de
pintores como Julio Galán y Agustín Portillo que se abre pie a la
escena de la pintura gay en méxico. Sin embargo mucho antes de ellos
Ángel Zárraga, miembro fundador del Ateneo de la Juventud, llamado por
Appolinaire el ángel del cubismo y Saturnino Herrán consolidaron la
mayoría de las imágenes más representativas de la cultura queer dentro
de la pintura mexicana. Ángel Zárraga, con una beca de Porfirio Diaz
estudió en París. En 1911 vivió con Modigliani, quien incluso sirvió
como su modelo pra su cuadro Martirio de San Sebastián.
Saturnino Herrán se mudó a la Ciudad de México en 1903 para completar
sus estudios, asistiendo a las clases nocturnas de Julio Ruelas en la
Academia de San Carlos. En 1904 fue de los contados alumnos de Antonio
Fabrés en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde sus compañeros
fueron Diego Rivera y Roberto Montenegro.
Mientras que la obra de Zárraga comienza a explorar la noción queer en
México, Saturnino Herrán llevó la noción a un nivel superior, creando
un banco de imágenes para lo que vendría a ser una diversidad sexual
entre castas. Aunque la mala crítica consideraba sus pinturas como
manieristas y afeminadas, Herrán reconfiguró dioses prehispánicos y
cuerpos indígenas adaptándolos a su manera de percibir el cuerpo,
poblando así sus imágenes con seres de rara belleza. Aunque se cree que
Herrán era homosexual, en 1914 se casó con Rosario Arellano. De
cualquier manera, la relación más fuerte que mantenía, era con su amigo
el poeta Ramón López Velarde. Curiosamente, Herrán se unió al
movimiento muralista, buscando consolidar una pintura que retratara a
los indígenas de México. Por otro lado, el Ateneo de la Juventud y
López Velarde apenas ocuparon el tema.
La llegada de Tórtola Valencia a México influenció radicalmente la
visión de Herrán y apuntó hacía uno de los mayores futuros queer que ha
visto la pintura Méxicana. La bailarina budista, vegetariana y
morfinómana, abogó por la abolición del corsé que impedía el libre
movimiento femenino, y apesar de tener a varios hombres como amantes
vivió la mayor parte de su vida con Ángeles Magret Vilá, a quién adoptó
como hija para guardar las apariencias. Herrán comenzó a hacer apuntes
con ella y otras modelos para reconfigurar la imágen de Tórtola en un
hombre, creando la dama del mantón. Al poco tiempo Herrán generó otra
imagen de gran importancia para la comunidad queer oaxaqueña, su cuadro
La Tehuana, en la que muestra el cuerpo del hombre transformado en una
Tehuana.
Mientras se acercaba al climax de su carrera, murió el 8 de octubre de
1918, en la cumbre del renacimiento estético en el arte mexicano.

La Tehuana (1914)
Óleo sobre Tela, 105x75cm
Col. Museo de Aguascalientes INBA
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IZQ:El beso de la muerte, Revista Gladios N1, enero 1916
DER ARRIBA:Tórtola Valencia con estudio de estefanía s/f,
carbón sobre papel, 21.3x34cm Col. Sra Alicia G. Viuda de Herrán.
DER ABAJO: Tórtola Valencia s/f Carbón y lápiz sobre papel
16x15.5 cm Col. Sra Alicia G. Viuda de Herrán.
La dama del mantón s/f
Óleo sobre Tela, 110.5x160 cm INBA
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