Sofía Cruz







Sofía Cruz (Cuidad de México, 1989) se inició originalmente como pintora. Su producción rodea y acosa con ansiedad lo innombrable; aquello que la narración jamás podrá proyectar. La obra de Cruz es la antítesis del color que cayó del cielo, más que el logro Lovecrafteano de describir lo visualmente inimaginable, Sofía transmite a sus espectadores reflexiones en torno a la seducción, la muerte, la experiencia ajena, lo íntimo, la memoria, lo ficticio y lo real. El principal objeto de su obra es el deseo y de modo particular aquél que ella experimenta. Para lograrlo utiliza gran diversidad de medios de registro: la fotografía, el dibujo, el video y la instalación. El trabajo de Cruz se distingue por su uso arbitrario de documentos robados y falsificados, exponiendo de manera frecuente la vulnerabilidad humana y la examinación de la identidad y lo íntimo. Su personalidad destaca su habilidad detectivesca para dar seguimiento a casos extraños y sumirse en su vida privada, por lo mismo su trabajo incluye de manera frecuente paneles que alternan imagen con palabras o textos.

Sofía Cruz cuestiona y utiliza las relaciones entre lo privado y lo público así como la verdad y la ficción, la relación semiótica entre textos e imágenes. Sus trabajos visuales evocan narrativa, afecto y emoción, logrando el contacto íntimo con sus espectadores y explotando las posibilidades y limitantes de la imagen visual. Desde hace tres años su trabajo se ha centrado en la vinculación de sus experiencias personales, plasmando algunos de sus momentos más íntimos dentro de su producción. Un tema importante en el trabajo de Cruz es la mentira, ha trabajado con las placas radiográficas de un paciente diagnosticado con hipocondría al que le fue prohibida su entrada a los hospitales de la Ciudad de México, así como con la construcción de un archivo de una institución mental a partir de una fotografía de un grupo escolar transformándolos en los internos, imitando expedientes clínicos para cada uno de ellos. Lo falso es un método de inserción de suma eficacia que gesta ideas verdaderamente originales. Ejemplo de esto es Pierre Menard, personaje ficticio autor del capítulo noveno y trigésimo octavo de la primera parte del Quijote así como un fragmento del capítulo veintidós, inventado por Borges en su libro Ficciones. Lo falso en la obra de Sofía la sitúa junto a las personas que se encuentra como personajes ficticios, y aquellos que inventa como personajes reales. Como resultado, su obra crea una narrativa personal en la que ella es tanto personaje como el autor. Sofía Cruz es la protagonista que interpreta a una detective voyeurista dentro de sus piezas, generando investigaciones serias y una curiosidad empírica.